Luis Míguez repara en su taller especializado de Alfonso Senra relojes de las mejores marcas suizas que le llegan desde distintos países del continente
22 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Está en Ordes y tiene como pacientes relojes, pero viendo trabajar a Luis Míguez (A Laracha, 1968), cualquiera podría pensar que su taller es el laboratorio de la clínica de una capital europea. Pero el viaje es a la inversa: de todo el continente llegan a la avenida Alfonso Senra relojes de alta gama de las más prestigiosas firmas. Porque esa fue la apuesta, a todo o nada, que Míguez hizo cuando en el 2008 la crisis económica se llevó por delante la relojería de gama media y baja, y eliminó su clientela tradicional. Eran las maquinarias con las que había empezado como aprendiz, con 14 años, con su tío en Paiosaco, antes de incorporarse cuatro años después a Alfonso Joyeros: «Pedinlle traballo, e doume unhas pezas para facer». Fue su selectividad: cuando las entregó, se le abrieron las puertas para estar en la firma 17 años, antes de abrir su propio taller con el bagaje profesional que se ganó en la empresa de Antonio Pérez: «El foi para min o piar para chegar aquí. Era e segue sendo unha das persoas máis brillantes que coñezo, que innovaba e non pensaba nos cartos senón en facer as cousas ben, que é o que trae os cartos de volta».
Fue la filosofía que aplicó en su taller en el 2000, y sobre todo, al dar el salto a la relojería de alta gama ocho años más tarde: un espacio capaz de generar confianza visualmente, porque Míguez tuvo claro que internet iba a ser el escaparate para convencer a clientes de toda España y de otros países europeos para enviar relojes de miles de euros a ser reparados en una localidad del interior de A Coruña.
A ello se unió la búsqueda de las certificaciones de marcas punteras, que acreditan la solvencia de Míguez cuando se adentra en maquinarias de precisión milimétrica. Tanta, que para aplicar el aceite que las engrasa precisa de microscopio; tanta, que es la soldadura láser la que repara las cajas de los cronógrafos. Junto a las reparaciones de maquinaria, son muchos los relojes que llegan tras golpes que dañan la caja, un trabajo complejo: «Replicamos exactamente a configuración de fábrica: os ángulos, as aristas, os matizados...». Él recomienda hacer al reloj un mantenimiento adecuado, que incluye el engrase de sus mecanismos para evitar luego averías mayores.
Reúne para ello en su instalación una maquinaria de última generación que supera ampliamente el millón de euros. Entre las 14 firmas que certifican su taller están Omega, Graham, TagHeuer, Eberhard, Rado o Longines. Certificaciones que llegan tras las correspondientes auditorías, comprobando que su instalación dispone de las máquinas precisas, un utillaje muchas veces específico para cada marca, que también da acceso a Míguez a una formación en la que no escatima en gastos: «Un taller certificado é igual en Suíza, en Alemaña ou en Italia. Cal é a vantaxe para nós? Que os custos son os de Galicia, e iso é o que nos fai competitivos». También él se enfrenta a exámenes para revalidar acreditaciones. El último, en Barcelona: «Déronme un reloxo con 16 fallos provocados e tiven que identificalos, corrixilos e deixalo nos parámetros de fábrica. Para aprobar tes que ter un mínimo de 80 puntos sobre 100». Él hizo 87,9.
Míguez presta servicio técnico en exclusiva para toda Europa para dos marcas suizas, Vulcain y Anonimo: «Todo o que se repara destas firmas na Unión Europea faise en Ordes. Por política de custos, porque é cómodo e porque facemos ben as cousas». Tan bien que su fama llega hasta Suecia: de allí voló a Santiago el dueño de un reloj con un problema en su caja hace poco: «Nós facemos, basicamente, pezas e reparacións complicadas, un traballo moi especializado. Neste caso, reforzamos a caixa con soldadura láser de precisión. Foron 600 euros, mentres na casa dicíanlle ‘caixa completa’, que son 1.800», en un reloj valorado en 7.000 euros. Eso explica que Ordes marque la hora de Europa en las principales marcas. Y pese a ser con relojes, es un trabajo sin tiempo: «Nunha semana pode facer oito ou nove reloxos», porque no se trata de cantidad, sino de excelencia en el trabajo. La que ofrece Míguez en unos relojes que, más allá de dar la hora exacta, son objetos de culto para sus propietarios.