Rodeiro, meta de cazadores de Ordes

Son una decena de aficionados que llevan doce años sin faltar a su cita cada semana para cazar jabalíes


lalín / la Voz

Son una decena de aficionados a la caza de la zona de Ordes y del Concello de Frades que desde hace doce años acuden todos los fines de semana a Rodeiro, a cazar jabalíes o a entrar, si es tiempo de veda. Son fieles a la cita y allí, apunta Juan Raposo, uno de los miembros de la cuadrilla «atopamos unha familia». La relación, cuenta, empezó un poco por casualidad: «Estabamos cazando en Baralla e chamoume un amigo para dicirme que buscaban unha cuadrilla en Rodeiro, estabamos a media temporada, díxenlle que iriamos xa a probar. Fixémolo e, dende entón, imos todas as fins de semana, ou sábado ou domingo, puntuais coma un reloxo».

Lo único que hace que alguno falte algún día a su cita es algún compromiso familiar ineludible. Juan, por ejemplo, tiene un hijo de ocho años «e algunha vez toca estar». Espera que dentro de unos años su hijo comparta su misma afición. La suya por la caza, subraya, «non é matar por matar, o que a min máis me gusta é ir ao monte, andar polo monte e gozar da natureza».

Empezó a cazar con 17 años «e non fun antes porque non me deixaron, encántame o sendeirismo, xoguei ao fútbol pero nada me enche tanto como o monte» y desde ahí hasta los 43 que tiene ahora. Su familia es de cazadores. Sus primeras incursiones fueron con su abuelo, con el que durante un año cazó a pluma perdiz y luego con su padre y sus tíos ya empezó con el jabalí. Su padre, Manolo Raposo, forma parte de su cuadrilla, que lleva el nombre del apellido familiar.

El resto de los integrantes son, cuenta, un grupo de amigos de siempre y alguno más que se fue agregando. A Raposo Carro y su padre se suman José Manuel Souto, Marcos Ferreiro, Raúl Martínez, David Torres, Rafael, Benedicto, Jorge y Ovidio.

Este año están batiendo récords en la caza del jabalí. Si algún otro año el día eran los sábados, ahora son los domingos. En las batidas a la cuadrilla se suman vecinos de Rodeiro para los puestos y son «20 ou 30 persoas». Por la mañana recorren el monte en su busca, a eso de las 14.00 horas se comen un bocadillo y después empieza la caza. Explica que «acostumamos apartarnos das crías pequenas, non nos gusta matar por matar, buscamos un macho que estea só». El más grande que cazaron en esta temporada pesaba 154 kilos.

Cazando animales de tamaña envergadura también se llevó algún susto importante. En Rodeiro recibió la embestida de un macho de unos 70 kilos que le acabó haciendo tres cortes en una rodilla, en el muslo y en un brazo y que se supusieron 27 puntos de sutura. Ese día, relata, «fastidiaría 14 cans, fun botarlles unha man e a miña sorpresa foi que se botou a min tamén», pero al final y después de todo acabaron dándole caza. No tienen más que alabanzas para la gente de Rodeiro, los cazadores y el presidente de la asociación de caza, Rubén Quintá. Juan Raposo destaca que «isto ten que ser como unha familia, porque levarse mal non vén a nada». Si tienen alabanzas para la gente de Rodeiro también las tienen para el Tecor.

Con tantos años recorriéndolo, Juan Raposo, al igual que sus compañeros se lo conoce como la palma de la mano. En Rodeiro están viendo «un pouco de todo», manadas de cinco o seis, ejemplares solos, familias enteras. Los días de batida, explica «ten que ter moita sorte o xabaril para que escape». Tuvieron días esta temporada de cazar 13, 12 ... Explica que a la asociación de caza le pagan una cuota y que «algunha vez levamos a un convidado, pero raras veces, normalmente imos nos sós».

Antes de recalar en Rodeiro, la cuadrilla estuvo cazando por toda Galicia, de Os Ancares a la Costa da Morte, hasta que Rodeiro les conquistó y allá van doce años de amistad mutua.

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