José Ramón García: «Decidí pintar todos los coches fúnebres de blanco, y la acogida es fantástica»

El gerente de la Funeraria San Isidro, con sede en Santiago y Ordes, cree que otras empresas seguirán la idea


santiago / LA VOZ

En nuestra cultura, el negro es el color vinculado a la muerte, al luto y, por tanto, es el empleado en todo aquello que rodea al día del sepelio y el duelo. Sin embargo, no siempre fue así. Por eso José Ramón García, gerente de la Funeraria San Isidro, decidió darle un giro a su flota de coches y pintarla toda de blanco. San Isidro es una funeraria con 84 años de antigüedad y sedes en Santiago, concretamente junto al campo de la fiesta de Conxo, en Ordes y en Ferrol. «Decidí hacer un cambio radical. Pintamos toda la flota de blanco, coches fúnebres y furgonetas, y la acogida está siendo fantástica», explica.

El negro se impuso en nuestra cultura a partir del siglo XVI, porque hasta entonces el blanco era el color que se estilaba en los sepelios. La historia fecha el cambio al negro coincidiendo con la muerte del hijo de los Reyes Católicos en 1497. Y el nuevo salto, al menos en el caso de la Funeraria San Isidro, fue en agosto pasado. «Ya no recuerdo el primer servicio del coche blanco, pero creo que fue en Ordes», señala su gerente. Asegura que la acogida «fue mejor de lo esperado. Sabíamos que era una apuesta arriesgada, pero valió la pena. Las funerarias no tienen que estar al margen de la innovación».

José Ramón recuerda que «los coches no fueron siempre negros. Los hubo de tonos grises y también verdes. Es que no hay nada escrito sobre el color. ¿Por qué tienen que ser negros?». Igualmente mudó el tono del traje que los trabajadores de la funeraria usan en los sepelios, «para relajar un poco el ambiente, y para diferenciarnos. Somos una funeraria pequeña, que trabaja en muchos sitios, pero siempre apostamos por la innovación. Cuando estábamos en la funeraria la gente preguntaba por el de la funeraria, y cuando decíamos el de la corbata azul era complicado, porque todo el mundo tenía ese color. Ahora con el rojo, está claro quienes somos», comenta. García está seguro de que «detrás de nosotros vendrán otras funerarias. La apuesta fue un riesgo, pero ahora se quedan mirando los de otras funerarias, y sin duda no pasa inadvertido».

La vuelta al color blanco en los coches fúnebres supone un «cambio radical» que, sostiene el empresario, se puede equiparar al que «se produjo cuando se abandonaron los velatorios en casa y se pasó a los tanatorios». Al principio, muchas voces creían que eso para la ciudad era una opción, «pero que en el rural no iba a aceptarse. Sin embargo, en los pueblos respiraron al contar con tanatorios. Fue un salto de calidad impresionante. En la actualidad, es muy raro que alguien quiera el velatorio en casa», precisa. En su opinión, «como ya ocurrió con el tanatorio, la gente acabará pidiendo los coches blancos. Reducen la tensión, y el blanco, no lo olvidemos, es el color que simboliza la pureza, y es lo habitual en otras culturas como la china o la budista».

El gerente de la funeraria equipara el cambio de los colores a la necesidad por modernizar un sector que «no tiene por qué estar encorsetado». José Ramón cita como ejemplo la incineración. Señala que, hasta hace unos años, el número de personas que recurrían a esa opción era pequeño. Sin embargo, va en aumento. «Creo que con el tiempo la incineración terminará imponiéndose a los enterramientos, y no es algo que tenga que ver más con el rural o con las ciudades. Ni siquiera tiene que ver con la edad. Las personas mayores cada vez lo demandan más. Algunos lo dejan escrito», matiza García.

Para el destino de las cenizas también hay múltiples opciones. «Se suele llevar al cementerio, y a casa, en urnas. Pero, los hay que las tiran al mar o a un jardín, para cumplir promesas. Eso ya no depende de nosotros». Una de las costumbres que empieza a ser demandada es encargar una joya para guardar dentro una pequeña parte de las cenizas de un familiar, y llevarlas siempre encima.

El protagonista. José Ramón García es el gerente de la Funeraria San Isidro, una empresa que tiene sedes en Santiago, Ordes y Ferrol.

Funeraria San Isidro. La empresa tiene una antigüedad de 84 años y decidió dar un giro a su flota de coches fúnebres. Desde agosto son todos de color blanco.

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