Molinos de viento


Hay vida además de la moción de censura contra Rajoy. Aunque eso no lo comprende una buena tropa de opositores gallegos, que quiere que la sentencia de la Gürtel salpique al presidente Feijoo no se sabe muy bien por qué. Parece ser que porque uno de los condenados, Pablo Crespo, es gallego, cuando ya hace casi 20 años el fallecido Manuel Fraga se jactaba de haberlo «echado a patadas». Para aderezar el pastel, Ana Pontón, número uno del BNG, no tuvo mayor ocurrencia que meter todo en el saco de la «podremia do réxime do 78». Se le olvidó que esa «podremia» es la que le permite decir cualquier cosa, incluso tonterías, sin ser detenida y torturada, como antes del 78.

Pero sí, hay vida más allá. Que se lo digan a los cientos de habitantes de Ordes que están movilizándose contra un proyecto que semeja cualquier cosa menos cuerdo: plantar aquí y allá molinos de viento para mayor honor, gloria y beneficio de la empresa Green Capital Power. Y es que, además, buena parte de esos molinos afectan visualmente al Camino Inglés, una ruta jacobea no bien tratada por Patrimonio y que a pesar de ello ha recibido un 10% más de peregrinos en el 2017. O en Román paladino: en cada etapa esos peregrinos se han dejado 525.000 euros en ese año.

De modo que no. El parque eólico no debe ser instalado en el Camino Inglés, al que dejaría malherido. Y los políticos de la oposición, con Ana Pontón a la cabeza, en vez de buscarle las cosquillas al presidente Feijoo por algo en lo que no tiene ni arte ni parte mientras no se demuestre lo contrario, que se vayan a defender el Camino Inglés y a los vecinos de Ordes. Que para eso les pagamos.

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