«Disfruté mucho de lo que he vivido»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

ORDES

SANDRA ALONSO

La cantante echa en falta la música en directo en los establecimientos de Santiago

19 dic 2016 . Actualizado a las 21:59 h.

A Sabela la escarlatina casi se la lleva a la tumba, como a otros cinco hermanos suyos. Le acompañó la suerte. Quizás se deba a que nació en Boqueixón un 10 de noviembre a las 10 de la noche en el número 10. Un cura la cuidó de pequeña y le insufló el solfeo que daría pie a una carrera musical de 36 años y que le convertiría en un hito musical. Tiene la misma edad de Madonna, «pero yo nunca me operé», matiza. De esa agua un día se puede beber.

Cuando en el año 1979 se convirtió en la vocalista de Los Sirius, dio un paso de valiente en una época en la que las mujeres en orquestas «no estaban bien vistas». ¿Que le dijo el cura? «No le gustó mucho». Su bonita voz la escuchó Manuel Muñiz, que la llamó y ella acudió sin pensárselo. Y se estrenó como cantante en solitario «y sin nervios» en Ordes 2000. «Por entonces había muchas salas de fiestas. Yo llegué a tener once fechas de conciertos en enero», dice Sabela. Hoy con un par de días en ese mes se daría con un canto en los dientes.

¿Y las verbenas? «No son las de antes. Se convirtieron un poco en botellones». Aunque «hay gente que aprecia aún el oído». Sabela tiene un público que le quiere y le sigue, pero las redes sociales le han dado la oportunidad de descubrir nuevos públicos que no imaginaba. «Yo no soy clásica. Hay que ir con los nuevos ritmos y con los tiempos», asegura la cantante, que lleva editados catorce discos. Ahí es nada.

Se fue a Barcelona y en la ciudad condal grabó temas de Alejandro Abad o Josep Llobell, que compusieron para destacados artistas españoles. A Llobell lo invitó un día a venir a Santiago y juntos compusieron una canción de referencia en el álbum sabeliano: Galicia Contigo: «Íbamos escribiéndola en servilletas en un bar». ¿En qué bar? «No me acuerdo. Recorrimos varios».

En la brecha

La cantante se llevó consigo su voz y su estilo musical a numerosos rincones de Europa y América y a un buen número de programas de televisión. Con el tiempo levantó el pie del acelerador, pero se mantiene en la brecha y los escenarios son su vida: «Quisiera morir con las botas puestas». Y agrega rápido: «Pero no pronto».

El motivo es que está disfrutando de la vida: «Me encantan los escenarios. Disfruté mucho de lo que he vivido. Me gusta vivir el día a día, no quiero pensar en el mañana». Su horizonte es morirse «en una discoteca a los 101 años viendo bailar a la gente». Lo cuenta envuelta en risas. Y su última morada quiere que sea el Pico Sacro, que contempla todas las mañanas al levantarse. Un lugar mágico. «¿Quién te dice a ti que yo no soy la Reina Lupa en otra vida?», suelta.

Una cosa que echa en falta la cantante en Santiago es la música en vivo en los locales. Añora El Duque: «Me encanta la música en directo. En mis cumpleaños siempre actuaba en El Duque. Mucha gente famosa fue allí a cantar». El local desapareció como algunas de sus cafeterías favoritas: El Tío Gallo y el Lucky Lucky. En su rostro se imprime el trazo de la nostalgia.

Hace unos años estuvo viviendo en Asturias y cantando como vocalista de un grupo musical de la comunidad vecina: «Tenía que venir a menudo a Santiago. Es una ciudad que, cuando te vas, la echas mucho de menos. Tiene un encanto especial».