El castro compostelano que llegaba a invadir terrenos de O Pino

La ruta recorre lugares como Barciela, Cesar y Pousada, entre otros


Por supuesto que las nuevas perimetraciones limitan las posibilidades de salir a respirar aire puro en lugares seguros. Pero a la vez hay que tomarlas como un aliciente para descubrir esos lugares seguros en el municipio donde uno vive. Así, los compostelanos disponen al este de terrenos que quizás ni los nombres les suenen a muchos, como Barciela o Cesar (sin tilde; Cezar, en algunos mapas). Y tienen su encanto.

Para comprobarlo se coge la carretera nacional a A Coruña (no la autopista, porque se saldría del perímetro), y justo antes de acceder al puente que salva el río Tambre se elige un desvío estrecho a la derecha, entre las viviendas. Una estrechez que solo se reduce a ese tramo inicial.

A poco más de cien metros queda, a la derecha, el excelente cruceiro y la iglesia de Barciela, un ejemplar ecléctico levantado en 1917. Por ahí pasaba el Camiño Inglés hasta que Patrimonio de la Xunta tuvo la insólita idea de desviarlo por pistas modernas. Pero esa es otra historia.

El asfalto continúa ascendiendo si bien sin grandes pendientes, y llega a una zona amesetada tras pasar una aldea con el nombre de Benavente, topónimo que tiene que ver con el zamorano, mucho más conocido. Quizás sea un mero traslado del nombre, pero lo que sí es seguro es que significa lo mismo: lugar bien nacido, o bien venido.

Pequeños núcleos de casas aquí y allá esperan al viajero, que deberá fijarse en la señal que indica que apartándose a la izquierda se accede a iglesia de Santa María de Cesar, muy distinta de la anterior, una obra tradicional del mundo rural gallego con su única nave y una estructura que recuerda los tiempos del barroco, aunque sin la decoración característica de este.

Las viviendas que abren sus puertas un poco más arriba, a dos centenares de metros, son O Castro. ¿Y la aldea prehistórica, que sin duda cristianiza ese templo? No se ve por ninguna parte, y la gran repoblación de pinos y sobre todo eucaliptos todavía dificulta más la identificación. Así que hay que seguir subiendo buscando la aldea de Pousada. Puede hacerse en coche, sin más, pero también es buen momento y lugar para caminar, y en pocas palabras se describen esos casi dos kilómetros y medio: desde la iglesia primer desvío a la derecha (se pasa por O Castro y Torre). Donde muere esa pista, a la izquierda para meterse descendiendo por tierra (hay un tramo con firme malo); luego segunda a la derecha; primera a la izquierda; donde muere, a la derecha, y primera a la izquierda, ante las casas de Pousada. Prosaico, pero útil.

El viajero ha llegado a una pista muy larga que constituye el límite de Santiago. Debe tirar a la izquierda y a los 400 metros se halla en lo más alto. Ahí estuvo el castro. Hoy no se ven sus estructuras, mutiladas sin duda por la pista y las repoblaciones. Pero la tranquilidad del lugar no se la quita nadie. Ahí no hay coronavirus que llegue.

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