Los robots se cuelan en la cuadra

La tecnología permite que los terneros se amamanten solos y se encarga de ordeñar a las vacas 24 horas al día, de darles periódicamente alimento y de controlar su productividad

Los robots se cuelan en la cuadra La tecnología permite que los terneros se amamanten solos, se encarga de ordeñar a las vacas 24 horas al día, de darles alimento y de controlar su productividad

Redacción / la voz

Los padres de Fernando Lago Eiras sacaron adelante una casa de cinco miembros con apenas veinte vacas. Hace no tantos años, eran suficientes para pagar tres carreras universitarias. Él tuvo claro desde pequeño que se quería ser ganadero y se formó como ingeniero agrónomo. Hoy está al cargo del negocio familiar junto con su mujer, Zaira Rodríguez, aunque las cuadras que recuerda de cuando era niño poco tienen que ver con cómo son ahora. Los robots se han colado en ellas y forman parte del día a día de las frisonas. No solo han ayudado a aumentar «considerablemente» el confort de los animales y la producción, sino también a suplir «as necesidades de man de obra que tiñamos», dice el vecino de la parroquia coruñesa de Cebreiro (O Pino).

«Un dos maiores problemas que temos no sector é que non hai xente que queira traballar nisto e era imposible facer todo este traballo á man entre dúas persoas», explica el ganadero de 35 años. El primer paso fue ampliar el viejo establo y el segundo, invertir en nuevas tecnologías. Ahora una arrastradora (una máquina con el aspecto de un robot aspiradora gigante) recorre los pasillos del establo y, cada dos horas, acerca la hierba seca a los comederos para que los animales siempre tengan alimento.

Fernando y Zaira también adquirieron una amamantadora automática para los terneros. «Antes se le daba con un biberón, suponía dos horas de trabajo por las mañanas y otras tantas por la noche. Los primeros 15 días seguimos haciéndolo a mano, pero cuando ya están un poco fuertes pasan a hacerlo solos», dice ella. Comen cada vez que se les antoja, pero no cuantas veces quieran, porque la máquina identifica a los animales y cada uno tiene una cantidad máxima asignada por sus dueños, en función de sus características. 

Incentivos para dar leche

Para eso llevan un collar con un chip identificador del tamaño de una cajetilla de tabaco que contiene toda su información (nombre, fecha de nacimiento, peso...). El mismo aparato lo utiliza el sistema de ordeño con las 72 vacas adultas. Este trabaja las 24 horas y los 365 días del año. Tampoco necesita de nadie que las lleve. Van por su propia cuenta porque, además, tienen un incentivo. Mientras se extrae la leche están comiendo pienso. Cae de un tubo hasta una báscula que pesa la cantidad exacta recomendada para cada res. «La cantidad que se les da depende de lo que producen. El pienso es como comer caramelos o postres para ellas y es habitual que haya otras vacas haciendo cola, esperando su turno», señala Zaira.

Al mismo tiempo que Anabel (la pareja de ganaderos rechaza la idea de que sus animales acaben siendo números sin nombre) degusta sus 2,91 kilos de pienso, el robot se encarga de cepillarle y desinfectarle las mamas. Mediante un láser y unas coordenadas detecta las ubres para iniciar el ordeño. La leche obtenida va por unas mangueras, directamente al tanque. «Hay algunas vacas que requieren nuestra presencia, porque al robot le cuesta enganchar la máquina de ordeño, aunque no es lo normal», subraya la coruñesa de 33 años.

«As máquinas téñense que xestionar, hai que estar pendente delas. Non podes poñelas e esquecerte», indica su marido. Y, aunque reciben un aviso al móvil cuando falla algo, siempre tienen que estar cerca y nadie les quita un mínimo de seis horas al día de trabajo, sea domingo o festivo.

En modernizar la explotación invirtieron cientos de miles de euros, lo que supuso «máis presión, porque tes que amortizalos, con moito traballo e dores de cabeza, e moi pouca axuda das Administracións», continúa Fernando, que ya piensa en comprar un segundo robot de ordeño. El primer contacto con uno lo tuvo hará unos 15 años, en la facultad. Su esposa, que estudió ADE, Turismo, Moda e hizo un máster en Comunicación, reconoce que hasta que llegó a O Pino no había tenido a una vaca delante, pero ha descubierto en ello una forma de vida que le llena. «Segue habendo moitos tópicos sobre o rural e as explotacións leiteiras. Non obstante, en Galicia hai un nivel altísimo e non temos nada que envexarlle a outras partes», reivindican.

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