«Santiago necesita zonas para correr y reservar la Alameda para el paseo»

Demanda un espacio para los aficionados al atletismo en el estadio de San Lázaro


santiago / la voz

Cuando era niño la moda era darle patadas a un balón o fajarse en las canchas de baloncesto, pero Iván Sanmartín acabó poniendo sus ojos en las líneas que marcan el perímetro del patio de La Salle y que todavía perviven. Unas calles sin medidas reglamentarias que le sirvieron para empezar a correr y no parar hasta hoy. Allí se picaba a las carreras con su amigo Alfonso Zarauza, hoy director de cine.

Buena parte de los que fueron adolescentes en los 80 colgaron los hábitos deportivos al llegar a la universidad, y muchos han retomado la actividad física pasados los 40, ya con familia. Sanmartín, a diferencia de la gran mayoría, hizo deporte siempre. Tras darse cuenta de que Empresariales no era lo suyo -cursó un año- se volcó en su carrera de INEF, en A Coruña. Allí encontró su vocación y conoció a Isidoro Hornillos, que ejerció de docente y mentor. Años después de acabar la carrera académica recibió una llamada del actual presidente de la Federación Gallega de Atletismo para proponerle ser delegado del organismo en Santiago. Este trabajo es altruista y lo desempeña cuando puede «y siempre empleando más tiempo del que debo». Mantiene a su pandilla del colegio, pero también ha hecho grandes amigos en el mundo del deporte con los que también toma una caña, aunque su verdadera desconexión le llega por decreto con sus dos hijos, de 9 y 12 años.

Sanmartín empezó «de cero» a trabajar hace 17 años como técnico deportivo en O Pino, un concello que se ha volcado con el deporte. Su colega Lolo Penas fue el que le metió el gusanillo de organizar carreras, y es uno de los grandes con los que tiene relación. «Antes el atletismo estaba enfocado al rendimiento, y por eso tuvimos atletas de alto nivel, como Esther Pedrosa o José Luis Otero Cepeda, que tiene 62 años y sigue dando guerra. O Carlos Silva, Manuel García Gendra, Carlos Turnes y toda una generación que fueron verdaderas instituciones».

El delegado federativo cree que en el presente siglo hubo un cambio en la forma de gestionar los clubes de atletismo, que se volcaron más con la base. «Cuando antes contábamos atletas por decenas, ahora lo hacemos por cientos», reflexiona. Y a nivel popular «estamos desbordados con el running», un término que ha calado y que no le molesta mientras se entienda que se trata de una actividad «saludable, barata y de fácil acceso».

El Restollal es su rincón. En el actual parque practica deporte, pero cuando era pequeño jugaba por sus «leiras», porque sus padres vivían muy cerca, enfrente a la gasolinera Galuresa. Incluso recuerda pasar tardes en los solares todavía sin construir de Fernando III O Santo, «donde llegué a hacer una cabaña».

Además de organizar carreras, Sanmartín sigue vistiéndose de corto, y no le importa desvelar una de sus rutas favoritas: «Me gusta aparcar en el Multiusos, tomar la nueva senda a orillas del Sar y llegar hasta el parque. Son cinco o seis kilómetros espectaculares para trotar que, por cierto, deberían iluminar para que se pueda utilizar también en invierno», reivindica. Y lo hace porque cree que es una fantástica zona para el deporte, lo que permitiría aliviar la Alameda, que es muy céntrica y cómoda por sus circuitos, «pero creo que deberían existir otras zonas y dejarla para el paseo».

De lo que está convencido es de que San Lázaro tiene que ser en un futuro próximo el gran centro del atletismo local. «Y no solo por las pistas del estadio, que se pueden homologar. Yo creo que todo el entorno se podría convertir en una gran zona deportiva. De hecho, Santiago es la única ciudad gallega que no tiene unas pistas municipales para correr», denuncia.

«La gente compra material carísimo pero le cuesta pagar a un asesor profesional»

 

 

Sanmartín admite que el mundo del atletismo y las carreras populares han generado un buen negocio, pero circunscribe los beneficios económicos a las grandes marcas, que «han visto un filón». Tanto, que algunos pueblos que organizan pruebas tienen ese día en sus calles «más corredores que vecinos». Los grandes eventos también pueden llegar a ser rentables, pero recuerda que en Galicia son pocos los que de verdad mueven dinero. «La gente vive muy engañada en este sentido y se cree que pagando una inscripción ya se cubren los gastos de una carrera homologada, y estamos muy lejos de que eso ocurra. Seguimos viviendo tiempos difíciles, sobre todo para conseguir patrocinios», advierte.

Al margen de las cuestiones pecuniarias, el delegado federativo aprecia que la gente se vea arropada en torno a una afición y a retos de superación continuos, pero ahí también hace un alto para reflexionar sobre algunos aspectos. «Es bueno estar enganchado a una actividad saludable, pero no obsesionado». Y en todo caso, cree que hay que canalizar bien los objetivos y emplear mejor los recursos que tenga cada uno. «Veo a gente que se compra material carísimo, como GPS de 300 euros, pero después les cuesta pagar a un asesor que vele por su salud». Y comprar una revista o leer un par de artículos en Internet «no llega», señala poniendo en valor a los profesionales, que pueden ayudar a tener una nutrición adecuada y unos entrenamientos acordes a la condición física actual y a la actividad a lo largo de su vida, primando la salud sobre el rendimiento. Y también alerta de los retos de las grandes distancias. «Veo llegar a gente a la meta y me pregunto si de verdad es bueno tanto sufrimiento».

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