El nuevo párroco de Melide, Marcos Torres: «Melide sempre quixo aos seus curas, é dos mellores lugares aos que te pode mandar un bispo»
MELIDE
El cura lalinense repasa sus primeros meses al frente de la parroquia de San Pedro, adonde llegó desde su tierra natal
14 jun 2026 . Actualizado a las 11:16 h.No le amarga tener que atravesar a diario la travesía que, desde el enlace de la A-54, deja largas colas de coches para acceder al centro urbano de Melide. Le gusta conducir por Madrid. De pequeño, asistía a los partidos del Club Deportivo Lalín con un casete para grabar los encuentros. Hoy colecciona portadas históricas de periódicos y, a diario, graba contenido para el pódcast «Encuentros en la palabra», a través del que le acerca el Evangelio a unos 400 oyentes. Tiene un máster en Periodismo por la Universidad Complutense. Y cambiará su foto de WhatsApp si tiene la oportunidad que tuvo con el anterior pontífice, al que conoció en una recepción en el Vaticano que sellaron con un abrazo y un par de peticiones: «Sé siempre un pastor de amor y misericordia», y «reza por mí», cuenta que le dijo al oído el papa Francisco. El momento lo inmortalizó en una imagen que jubilará de sus redes si tiene la ocasión de hacer lo propio con León XIV. «Es algo extraordinario y complicado; no tenemos ningún trato de favor por el hecho de ser sacerdotes», sostiene.
Son confesiones improvisadas que surgen en una distendido encuentro que se le propone para que haga balance del medio año cumplido como cura párroco de Melide. Accede con una sola condición. ¿Cuál?: Non me trates de vostede», contesta. Suma cuatro décadas de existencia y no quiere que la excelsa cordialidad en el trato le recuerde, como las primeras canas, el paso de los años. La primera pregunta, después de su marcha de su anterior feligresía, es obligada. ¿Echas de menos a los fieles de Lalín? «La persona que vive agradecida, vive también recordando y echando de menos», responde Marcos Torres. Pero no se malinterprete. No es una añoranza morriñosa. En Melide está «como na miña propia casa. É un lugar moi coñecido para min. Vin moito cando era novo, tiña amigos, coñecía xente, e aos sacerdotes tamén», cuenta el párroco, natural de la parroquia lalinense de Bendoiro, un enamorado, además, de sus nuevos feligreses. Verán. Pese a no recaer en un municipio extraño, ejercer el sacerdocio en Melide está siendo todo un descubrimiento para él. «É verdade todo o que me contaron da xente de aquí», afirma luego de explicar la «impresionante» implicación vecinal en la misa cantada que ofició con motivo del Día de Corpus.
Tándem con su antecesor
Para Marcos Torres corroborar lo que le llega a los oídos de las tradiciones y costumbres religiosas de los melidenses es un acto de fe. «Non só vives o testemuño que che dan, senón, e sobre todo, a experiencia de certificar que é verdade», señala el párroco, que, en su travesía clerical en Melide lo acompaña el que fue su antecesor al frente de la parroquia, José Manuel Melle. Además de muy querido en Melide, «é unha persoa moi prudente e moi bondadosa», afirma Torres, defensor de la frecuente y activa participación de Melle en las celebraciones religiosas, porque «co compañeirismo que se supón, coa familiaridade que se entende que hai entre dous sacerdotes, e tamén recoñecendo que leva moitos anos aquí sendo párroco, o razoable, o lóxico e o intelixente é telo aquí, contar con el, e aprender del».
De las lecciones de las que tomó nota cuando estudiaba Teología en el Seminario de Lugo, el cura párroco de Melide tiene muy presente, y escapa, del complejo de Adán, «que é pensar que es o primeiro, e que ante de ti, non houbo ninguén», explica. Lejos de esa actitud arrogante y ajena de reconocimiento de lo hecho, sostiene que llegó a Melide con la misión de «continuar cunha labor que se fixo durante anos». Y en la colaboración que recibe, «José Manuel está facendo unha labor marabillosa», reconoce. Pese a ejercer el sacerdocio en comunión con su antecesor, Marcos Torres ya dejó impronta propia en las celebraciones religiosas, a las que incorporó monaguillos, y prácticas, como el lavatorio de pies a los fieles el día de Jueves Santo. La gente respondió bien; «está máis receptiva cando un é novo», sostiene el párroco, que cree a pies juntillas en la bondad humana y, particularmente, en la de sus feligreses.
«O único que me dixo José Manuel cando cheguei é que a xente de Melide é moi boa», cuenta el sacerdote, al que le llamó la atención el respaldo que recibe Cáritas Parroquial. Señala que «ofrece unha axuda grande, tanto a nivel económico, como legal e psicolóxica», especialmente, a los migrantes. Y tiene que ser «sempre», porque «os galegos levamos a emigración no ADN», defiende Marcos Torres, que reconoce «o impresionante traballo que fai un grupo marabilloso de persoas e a axuda económica do Concello. En Lalín —cuenta— son máis de 20.000 habitantes e, aínda que é verdade que alí hai máis asociacións, a axuda a Cáritas é menor».
Aprecio vecinal
El sacerdote dice sentir ya la estima de los vecinos de Melide, que «sempre quixo aos seus curas. É, sen dúbida, dos mellores lugares aos que te pode mandar un bispo», señala. Al de Lugo, Alfonso Carrasco, le agradece haberle confiado en su día la parroquia de Lalín, donde ejerció el sacerdocio ocho años, y ahora la de Melide, porque, reivindica, «se hai dous lugares marabillosos na nosa diocese son eses». Y lo son, añade, «a responsabilidade e a esixencia son maiores; a quen moito se lle dá, moito se lle pedirá, dicía Xesús».
La reciente visita de León XIV es imposible pasarla por alto conversando con un sacerdote, y el de Melide cuenta que el papa regresó al Vaticano «feliz e sorprendido do bonito da relixiosidade en España». Para Marcos Torres, lo que se vio en la última semana en las calles de Madrid, Barcelona y en Canarias «é, grazas a Deus, a España real. Non se lle pagou a millóns de artistas para que figurasen nas celebracións», defiende el sacerdote, que vivió «con moitísima alegría» la acogida ciudadana al papa, una expresión del catolicismo «que tamén se veu na misa de Corpus en Melide, e se verá na novena e na procesión da Virxe do Carme, á que me contaron que os veciños lle teñen unha inmensa devoción», sostiene.
Lo dice convencido, y con igual seguridad —la que le aporta ser testigo de ceremonias cristianas «todas as fins de semana»— Marcos Torres mantiene que «haberá persoas ás que lles interese dicir o contrario, e moitos non o crerán, pero segue habendo vodas relixiosas, bautizos, comuñóns e confirmacións». En la que se estrenó el pasado mes de diciembre en Melide no cabía ni un alfiler en la iglesia parroquial de San Pedro.