¿Son incívicos los peregrinos?

La limpieza del Camino resiste con dignidad pese a la presión que supone el paso de miles de usuarios cada día


MELIDE / LA VOZ

«Mira, ¿ves esta bolsita que llevo aquí colgando? Pues es donde llevo los pañuelos sucios que vamos usando por el camino». La bolsa la transporta una peregrina tinerfeña y la muestra en Leboreiro, a pocos kilómetros de Melide donde, a media mañana, transita un trasiego permanente de personas de todas las edades y nacionalidades. Estamos en uno de los puntos de mayor circulación de peregrinos en uno de los días de mayor afluencia.

La caminante tinerfeña toma la palabra en representación de sus compañeras, que asienten: el Camino está limpio, pero los baños de los establecimientos están, en general, impracticables. Es una sensación bastante común. Si se interpela a los peregrinos por su impresión sobre la ruta que llevan días recorriendo, pocos o ninguno emiten quejas. Está limpio y bien señalizado. Otra cosa es lo que opinan los hosteleros: «Los peregrinos son un poco cochinos», afirma la responsable de un pequeño establecimiento a pie de ruta en el tramo Palas-Melide: «Yo tengo que vaciar esa papelera varias veces al día», añade un poco enfadada. Antes de ponerla, se veía obligada a barrer con frecuencia el entorno del negocio.

Más de un hostelero comparte este punto de vista y critica la falta de civismo de algunos peregrinos. Pero lo cierto es que en las más populosas etapas del Camino resulta difícil encontrar restos evidentes de la notable presión que supone el tránsito de las aproximadamente dos mil de personas que cada día se ponen en marcha rumbo a Santiago. Eso sí, las pocas papeleras que se encuentran por la ruta suelen estar bien nutridas de desperdicios: «Yo las vacío tres veces al día», dice Minerva, la responsable de un pequeño albergue en la encantadora aldea de San Xulián: «No, no. La gente no es muy cívica», se queja. Las dos papeleras, una amarilla y otra azul para recoger los residuos de forma selectiva, no impiden que tenga que salir con cierta frecuencia a pasar la escoba para mantener el buen aspecto de la zona.

Minerva tiene una teoría respecto a los peregrinos: «Han cambiado», dice. En los últimos años el peregrino comprometido e introspectivo ha evolucionado hacia un perfil más turístico: «Son muchísimos los que vienen desde Sarria. Llegan exigiendo y, desde luego, no entienden el espíritu del Camino».

En el parque empresarial que saluda a los peregrinos que están ya a punto de llegar a Melide, encontramos papeleras llenas y algunas botellas de plástico entre los setos que, probablemente, se le hayan escapado al servicio de limpieza. Es algo extraordinario. En general, el desperdicio más común son los pañuelos de papel que aparecen con una cierta frecuencia en las cunetas de la ruta. Una pareja de peregrinos franceses que han iniciado ya el camino de retorno a su país después de llegar a Fisterra confirma que el Camino les ha parecido limpio y el paisaje impresionante: «Lo único, el papel higiénico», chapurrean en castellano. Desde luego, si el incivismo es divisa de algunos peregrinos, hay que admitir que entre las administraciones y los propios negocios, han conseguido neutralizar sus efectos.

El «apretón» del Camino, un problema de salubridad

«¿Lo peor? Los baños», confirma una peregrina madrileña. «Pero es que no podemos», alude una hostelera en el Camino: «Aquí hay veces que llegan dos autobuses con más de cien turigrinos cada uno. Y todos quieren ir al baño. Imagínese cómo quedan». El apretón del peregrino está detrás de muchos de los pañuelos de papel que afean la ruta, pero lo cierto es que no hay muchas alternativas para el caminante más allá de apartarse del sendero y aliviarse como hacía la mayor parte de la ciudadanía hace cien años. La alternativa de esperar la llegada a un establecimiento público, en épocas de tráfico tan intenso, es lo que genera este descontento con los baños: «Es el negocio del futuro, poner baños en el Camino», especula otro hostelero cerca de Palas: «Ya los hay en otras partes. Tu pagas 50 céntimos para usarlos y los baños siempre están limpios, porque a la empresa le interesa».

Los mojones-altares

Aparte de los pañuelos, hay un perfil de peregrino muy dado a dejar huella en algunos puntos de la ruta. En ese sentido, los mojones que indican la distancia y algunos indicadores suelen ser los soportes favoritos para recoger los homenajes que dejan estos caminantes: firmas, pegatinas, piedras, mensajes crípticos y todo tipo de material que ha soportado mal el viaje, desde bastones a botas rotas, rodean buena parte de los hitos que jalonan la Ruta Xacobea. Algunos son auténticos altares al esfuerzo, aunque también muestra de incivismo.

En cualquier caso, el aspecto general de las etapas más concurridas del Camino es aseado. Probablemente también por el esfuerzo de los concellos, que incrementan en verano los servicios de recogida de basura en sus ámbitos de actuación. El turismo xacobeo se ha convertido para estos concellos en un motor económico que no hay que descuidar.

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