La falta de lluvia sitúa el pasado octubre como el más seco de la última década

El Observatorio Astronómico de la USC registró el último mes 53,3 litros por metro cuadrado en siete jornadas

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santiago / la voz

La inusual falta de precipitaciones no es una realidad exclusiva de este año. Dejan constancia de ello en el Observatorio Astronómico Ramón María Aller, donde manejan datos que muestran otoños menos lluviosos que el presente, aunque para ello hay que retroceder una década en el calendario. La lluvia caída el mes pasado lo convierte en el octubre más seco en Santiago desde el 2007, cuando se registró, con 2,6 litros por metro cuadrado en cinco días, el de menos precipitaciones de los últimos 50 años.

En ese ránking temporal, el pasado octubre, en el que se contabilizaron un total de 53,3 litros por metro cuadrado en siete días, ocupa la séptima posición, superado como menos lluviosos por los de los años 1985 -con 51,2 litros por metro cuadrado en ocho días-, 1986, 1974, 1970 y 1971, cuando se recogieron en la ciudad 27 litros por metro cuadrado en cuatro días. Las precipitaciones caídas el mes pasado en Santiago se concentraron entre los días 15 y 20, siendo la jornada más lluviosa la del 17, con un registro de 20,5 litros por metro cuadrado. La de menos agua fue la del día 1, cuando apenas se recogieron precipitaciones.

En el extremo opuesto, el registro pluviométrico sitúa el mes de octubre de 1987 como el más húmedo de los últimos cincuenta años. Se recogieron 603,5 litros por metro cuadrado en veintisiete días. Con un nivel de precipitaciones similar se cerraba ese mes en 2006, 2001, 2002 y 2004. De media, la precipitación de octubre en Santiago es de 230 litros por metro cuadrado; la anual, de 1.820 litros por metro cuadrado, y en lo que va de año no se recogieron ni 1.000. De esos, 151,9 litros por metro cuadrado se corresponden con los últimos cinco meses, «o que presenta aproximadamente a cuarta parte do que se mediu nos anos 1987 e 2006 só no mes de outubro», explica José Ángel Docobo, director del observatorio universitario.

El río Seco, en Melide, no lleva ni gota de agua

Ni la lluvia caída en octubre, ni la de la última semana ha sido suficiente para aliviar la escasez de agua, certificada no solo por las cifras; también por instantáneas que son la viva imagen de la sequía. A las recurrentes que se captan en los embalses gallegos, con caudales bajo mínimos, se van sumando otras como la que se encuentra el peregrino que recorre el Camino Francés cuando pone el pie en la provincia de A Coruña. Pasada la aldea de O Leboreiro, en Melide, se cruza por un puente de origen medieval el río Seco, que estos días honor a su nombre. Literalmente. El cauce, un regato que nace en la protegida Serra de O Careón y desemboca en el río Ulla en el vecino municipio de Santiso, no lleva ni gota de agua.

La situación preocupa en la zona, sobre todo cuando se mira al principal río de la comarca: el Furelos. Su bajo caudal no pasa desapercibido y los pescadores llaman la atención sobre una circunstancia excepcional. Xabier Pazo, presidente de la Asociación de Troiteiros Río Furelos, asegura no recordar el cauce tan bajo desde hace por lo menos cuarenta años. Pazo advierte que la falta de lluvia representa una amenaza, especialmente ahora que se aproxima un ciclo vital para la fauna del río. Hacia finales de mes «as troitas comezan a criar e canto máis arriba desoven, mellor, pero a escaseza de caudal dificulta que suban», explica.

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