Poca magia y erotismo zafio en la gala de Melide pagada con dinero público

La Casa da Cultura acogió la polémica actuación de David el Mago, propio de una despedida de soltera


Santiago / la voz

La moderna Casa da Cultura de Melide, con un amplio auditorio en el que la Orquesta Sinfónica de la localidad suena a las mil maravillas, se transformó por arte de magia, nunca mejor dicho, en el reservado de un restaurante en el que se celebraba una despedida de soltera.

Pero la de la noche del sábado en Melide no era un tipo de fiesta de las que ya no se llevan, en la que un grupo de amigas pagan a escote la cena y contratan un boy, sino que se trataba de uno de los espectáculos del Festival de Maxia de Melide, una oferta cultural sufragada por el Concello en buena medida con fondos del área de Cultura de la Diputación. La polémica del espectáculo surgió nada más conocerse el título de una de las representaciones, Yo pongo la varita y tú pones el conejo. Mientras la alcaldesa de Melide, la popular Dalia García, apelaba días atrás a la defensa de la libertad de expresión, la vicepresidenta de la Diputación, Goretti Sanmartín (BNG), anunciaba, a raíz de tan cuestionada elección, cambios en los requisitos para acceder a la ayudas culturales del organismo provincial. 

Y ante tamaño revuelo, el artista que desató la discordia, David el Mago, defendió su espectáculo. «¡Menuda la que ha liado la prensa! ¿A que no fue para tanto? No hay que criticar, hay que informarse», argumentaba prácticamente hora y media después de subirse al escenario para ofrecer un repertorio que arrancó con los típicos y sencillos trucos de apariciones y desapariciones en los que la vertiente erótica les correspondía a vibradores de todos los colores y tamaños con mujeres del público como improvisadas colaboradoras, alguna con el desparpajo propio de quien forma parte del espectáculo.

Para uno de sus trucos recurrió a dos varones del público a los que fue colocando y quitando las esposas mientras, con disfraz incluido, la voz de Freddie Mercury ambientaba la sala. Concluido el espectáculo, con el mago vestido con un tanga, un delantal y una chaqueta roja, llegaron los aplausos de cierre, procedentes en su práctica mayoría del público de edad más avanzada, frente a la tibia respuesta de los más jóvenes, quizá porque el sentido del humor y el erotismo desplegado tuvo más que ver con los chistes de las películas de la época del destape protagonizadas por Andrés Pajares y Fernando Esteso.

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