Jhony Alarcón, párroco en Rois: «Nada será igual en La Guaira: cuando vuelva no estará el mismo lugar ni las mismas personas»
DODRO
El religioso venezolano habla a diario con la familia que tiene en el epicentro del terremoto y a la que asiste en lo que puede
05 jul 2026 . Actualizado a las 09:44 h.Desde cualquiera de las ocho parroquias del municipio de Rois en las que ejerce como párroco o desde la casa rectoral de San Xoán de Laíño, en Dodro, donde reside desde hace poco, el padre Jhony Alarcón, de 49 años, sigue el día a día de la situación del lugar en el que nació, se crio y se formó como sacerdote: La Guaira, el estado venezolano que trata de recuperarse del gran terremoto registrado el día de San Juan. El religioso, que lleva casi siete años ejerciendo en Galicia, contactó rápido con la familia directa que tiene en el país: su hermana y sus dos sobrinos.
«Hablé con uno de ellos y ya me comentó que estaban bien, por lo que ya quedé más tranquilo, aunque la casa en la que nací quedó dañada», relata el sacerdote, quien recuerda que esa parte de la Guaira no sufrió los daños más graves al ser «una zona de muy bajos recursos, por lo que no hay edificios». Aunque sus familiares están bien, el sacerdote asegura que «tengo muchos conocidos y amigos que han fallecido y otros que están desaparecidos, por los que ya se teme lo peor».
Con el «corazón encogido», desde Galicia ayuda a su familia en la medida de sus posibilidades. Después de pasar un día entero sin poder comunicarse con sus parientes, ahora habla a diario con ellos y les presta asistencia. «Eso es lo primero, que se sienten asistidos», señala el padre Jhony, quien ya ha enviado a su hermana y sobrinos dinero para que puedan comprar alimentos, cuidar de la casa y estar a resguardo. También les dio un consejo: «Les pedí que, de momento, no coloquen nada en la casa porque hay réplicas y lo que colocan hoy, se cae mañana. Ellos quieren hacer vida normal, pero no se puede volver al mismo punto de antes del terremoto», afirma el sacerdote, que calcula que harán falta dos meses de asistencia a las personas afectadas. Sus sobrinos, por ejemplo, se quedaron sin empleo porque sus lugares de trabajo están destruidos, por lo que el religioso está mirando la posibilidad de que se vengan para Galicia, donde también está su madre.
De cara a la ayuda al país, el padre Jhony apunta tres vías, por este orden: oración, colaboración con Cáritas Diocesana y, finalmente, a nivel particular en la medida de lo posible. Por los medios, el cura sigue las imágenes de la tragedia y reconoce lugares por los que «pasaba todos los días», como la iglesia de Maiquetía, caída en parte y en la que está el columbario con las cenizas de su padre. «Lo que más duele es que nada va a ser lo mismo: cuando vuelva a La Guaira no encontraré la misma ciudad ni a las mismas personas», afirma un tanto melancólico.
Sobre el futuro de la ciudad, cree que hará falta mucho tiempo para que se recupere de las consecuencias devastadoras del terremoto. «A nivel económico hará falta una inyección de dinero para que pueda levantarse, pero no solo estructuralmente, sino también emocionalmente porque es un pueblo que ha vivido muchos momentos difíciles, como la tragedia de Vargas y ahora, según me ha contado un obispo de allí, parece que ha sido peor ya que, con el terremoto, toda la Guaira quedó afectada mientras que la tragedia se localizó en un lugar concreto», explica el religioso en alusión al corrimientos de tierra e inundaciones ocurridas en ese estado en 1999, también con trágicos resultados.
Para acabar la conversación, el padre Jhony quiere destacar que, «a pesar de la adversidad, el hombre vuelve a encontrarse con Dios» y añade que «la oración es importante» y, sobre todo, que «uno sienta que está ayudando para que el otro pueda recuperarse y salir adelante».