La lista roja del patrimonio comarcal suma una veintena de bienes en peligro

Pazos, castros, cruceiros, hórreos, capillas y otros vestigios históricos se ven amenazados por su abandono


Santiago / la voz

Corren un «grave perigo», ya sea de destrucción, alteración o desaparición. La Lista Vermella de Patrimonio Galego menciona una veintena de bienes y vestigios históricos de la comarca. Para algunos, ya hay algún proyecto de recuperación. Pero son una minoría. La mayor parte de ellos están abocados al olvido, sumidos en el abandono. En muchos casos, condenados a deshacerse en ruinas sepultadas por la maleza, la única vida que ha entrado en los últimos años en pazos, castros, capillas, rectorales y edificios del pasado industrial.

En el capítulo de los pazos, el do Casal (Brión), es el único que figura también en la Lista Roja de Hispania Nostra que, a diferencia de la anterior, es de ámbito nacional y las catalogaciones del patrimonio en peligro que se le notifican pasan muchos filtros hasta entrar en esta relación de despropósitos. El edificio barroco que fue propiedad de los condes de Altamira desde el siglo XVII acogía antaño la festividad de San José en su capilla. Hoy su estado es «de ruina. Sin techumbres, salvo la capilla», dice su ficha de Hispania Nostra, en la cual se destaca que el acceso a su interior está prohibido por las condiciones en las que se encuentra, además de haber sufrido «malas restauraciones historicistas» que alteraron su fisionomía original.

Además de este, la plataforma Patrimonio Galego cita el pazo do Espiño, que parece tendrá un final feliz, con el dinero para su rehabilitación garantizado y un proyecto que ha recuperado el Concello de Santiago para licitar la puesta a punto de la casona este verano.

Restos arqueológicos

Los bienes arqueológicos son, con diferencia, los que más vergüenzas despiertan en la lista roja comarcal. Empezando por los castros de Imo (Dodro), «gravemente alterado, case destruído, atravesado de norte a sur por unha estrada local asfaltada»; de Barbeira (Santa Comba), del que solo queda un «pequeno rastro», documenta el investigador y divulgador Elixio Vieites; de Currais (Compostela), «destruído en datas relativamente recentes»; o el de Loureda (Boqueixón), que en el PXOM del 2015 aparece como gravemente alterado y con una espesa y densa vegetación a su alrededor. Y siguiendo por dos de las últimas incorporaciones: el yacimiento de Riasós (Dodro), desbaratado por la construcción de una vivienda; y una de las mámoas de As Madorras (Ames), aparentemente alterada por las máquinas que trabajan en la plantación de eucaliptos.

De la fuente renacentista del pazo de Trasouteiro (Brión), catalogada entre los bienes patrimoniales de la Xunta, solo queda la base. El resto de elementos desaparecieron en una sola noche y se cree que fueron robados. Y sin capitel ni cruz están también el cruceiro Vello de Calo (Teo), «a punto de esborrallarse pois un eucalipto está metendo as raíces por baixo da plataforma», denunció el colectivo A Rula; así como el de Alfredo de Bustelo (Dodro).

Son solo algunos ejemplos de una extensa lista de bienes catalogados a los que no se les ha hecho justicia y para los que el tiempo juega en contra.

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