Parece ser que en el siglo XIX todavía estaban habitadas
18 ene 2026 . Actualizado a las 05:05 h.Era una idea tan bienintencionada como descabellada pero sin duda ayudó a avalorar las torres de Altamira, en Brión: en tiempos de la dictadura a alguien de la Diputación de A Coruña se le ocurrió construir allí una biblioteca. Una locura irrealizable, pero un detalle más que impidió que esa fortaleza medieval a la cual se añadió un palacio gótico cayera en el olvido. Porque ese organismo provincial era y es el propietario del monumento, un auténtico encanto de la comarca compostelana, y no lo abandona.
Vaya por delante que procede tener un cierto cuidado con los menores puesto que torres y palacio fueron levantados encima de un castro situado en lo alto de una colina. O, en otras palabras, los desniveles exigen respeto. Y por el hecho de estar allá arriba la panorámica merece ser calificada simplemente de impresionante, con todo el valle de A Maía a los pies, Santiago al fondo, la salida natural del Sar y del Ulla buscando la ría de Arousa…
El lugar tiene su mística. La divulgadora Victoria Armesto habló de túneles subterráneos en su muy vendida Galicia feudal, aunque todo apunta a que recogió una leyenda o tradición, hoy perdida, porque la realidad es que allí no hubo nunca túnel alguno.
Lo que sí tiene es mucha historia. El noble Lope Sánchez de Moscoso comenzó la reconstrucción sobre lo que eran unas ruinas de fortificaciones anteriores. El arzobispo compostelano de turno, Alonso de Fonseca II, montó en cólera ya que consideraba suyo ese territorio y mandó a sus numerosas huestes, ayudado por muchos nobles, con intenciones poco amistosas. El enfrentamiento a campo abierto, el 13 de junio de 1471, se saldó con la victoria del primero, que remató el castillo y se convirtió en uno de los personajes más poderosos de Galicia, tanto que se autonombró conde de Altamira sin que nadie osara llevarle la contraria.
Cuando se pasea por el interior de ese espacio restaurado en 1973, y declarado Bien de Interés Cultural en 1994, quien más y quien menos cuenta cuántas torres hay, porque poseía seis de base rectangular. No están las seis, no, el tiempo no perdona ni los expolios tampoco: parte del templo dedicado a Santa Minia, en Brión, se levantó con sillares trasladados en carros de bueyes desde la fortaleza. Parece ser que en el siglo XIX las torres todavía estaban habitadas, y quizás entonces se conservara el patio con su innegable esplendor, que no debió de ser poco. Está allí, aún, el estupendo aljibe.
Y para reflexionar sobre ello nada mejor que salir del castillo y en vez de dirigirse al pequeño aparcamiento donde habrá quedado el coche hacerlo en sentido contrario: es un corto paseo, pero nadie negará que también se merece el calificativo de maravilloso aunque a los diez minutos escasos remate en el asfalto.
Cómo ir
Desde Brión, carretera ascendente y desvío a la izquierda en una gran curva para seguir subiendo. Pasada la iglesia parroquial, desvío a la diestra por pista estrecha. Arriba de todo, tercer desvío, este a la derecha también.