Altamira


Corría el 11 de junio de 1971. Los bárbaros copaban las instituciones. Algunos de esos bárbaros eran ilustrados, e incluso concedamos que los menos -sin duda de flaca memoria- tenían buena intención. Como lo demostró la Diputación de A Coruña al acordar la compra por 150.000 pesetas (902 euros de hoy) de las torres de Altamira, en Brión. Lo hizo a propuesta del delegado de Bellas Artes, Chamoso Lamas, un peso pesado en la defensa del patrimonio gallego.

Un par de años después otro de aquellos bienintencionados proponía la insólita idea de crear en Altamira una gran biblioteca, una locura en aquellos tiempos cuando solo media docena de estudiantes tenía coche propio y las carreteras eran simplemente decimonónicas. No cuajó, por suerte.

Pero lo cierto es que la Diputación nunca dejó de lado su patrimonio. Ahí están, por ejemplo, el monasterio de Caaveiro o el dolmen de Axeitos para demostrarlo. Altamira no fue una excepción. Y el pasado martes se publicaba que el ente provincial iba a invertir 28.000 euros en el mantenimiento de la fortaleza.

Se trata de un proyecto vivo, porque la Diputación no solo va a limpiar la maleza y lavar la cara, sino que preparará el enclave para convertirlo en un polo de atracción en la comarca ya que a su valor histórico se une el ser un excepcional mirador, con el valle de Amahía a los pies y Santiago al fondo. Ahora está bien preparado para recibir a quien sea, pero se va a mejorar. Lo dicho, un proyecto vivo. Y viendo cómo se encuentran otros monumentos de la comarca (el castillo de Mesía, por ejemplo), uno no puede menos que rezar a Santa Rita para que la Diputación siga comprando. Aunque hoy cualquier pared cuesta más de 150.000 pesetas.

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