El Muíño dos Pasás da personalidad a un área recreativa de Boqueixón

cristóbal ramírez SANTIAGO / LA VOZ

BOQUEIXÓN

Es un paraje singular, tranquilo y encantador para pasar unas horas relajantes

12 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

No todas las áreas recreativas pueden presumir de estar al pie de un castro y cerca de una vía romana. La de Gastrar, en Boqueixón, sí. Y la ladera en cuya cima se extiende esa por otra parte magnífica aldea prehistórica remata justo ahí, en un pequeño y precioso arroyo de nombre Sanguiñeira. Si el tiempo no hubiera hecho su implacable labor se distinguiría un sendero que desde la corriente ascendía a esos muros y casas hoy enterrados. Porque una conditio sine qua non para asentar una población era, tanto ayer como hoy, que hubiera agua disponible.

Y ahí abajo, con modernas viviendas alejadas, se ha construido un área recreativa muy acogedora, con los típicos bancos y mesas mandando el granito pero no en exclusiva, y, además, cuenta con un molino que fue restaurado en el 2003 y, por cierto, traslado desde su emplazamiento original. Un cartel colocado a la entrada del área especifica su nombre —Muíño dos Pasás—, su superficie —diez metros cuadrados— y que es propiedad de varias personas de la zona. Impecable tanto por fuera como por dentro, techo de madera (teja del país en el exterior, como no podía ser de otra manera) y con sus elementos perfectamente conservados, ejemplar.

Hay también desde el 2001 un centro de interpretación de los molinos, que suele estar cerrado. Súmese algún elemento para los más pequeños de la familia, un monolito a modo de monumento (sin ampulosidades, bien integrado y colocado en el sitio idóneo). Un paraje singular, tranquilo y encantador para pasar unas horas relajantes. ¿Problema? El de siempre en este tipo de sitios: no entra en el capítulo de las buenas ideas perder de vista ni un minuto a los más pequeños de la familia con el fin de evitarles un inopinado chapuzón.