La despedida con fuego y agua de Arca en su último día en el parque de bomberos de Santiago

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

BOQUEIXÓN

Miguel Arca dejó el parque de bomberos de Santiago tras casi cinco lustros en él. El dubrés, afincado en Lestedo (Boqueixón), es además técnico de emergencias sanitarias y, de forma paralela, impartía cursos como formador e instructor de primeros auxilios tanto en la Axencia Galega de Seguridade Pública (Agasp) como en empresas privadas.
Miguel Arca dejó el parque de bomberos de Santiago tras casi cinco lustros en él. El dubrés, afincado en Lestedo (Boqueixón), es además técnico de emergencias sanitarias y, de forma paralela, impartía cursos como formador e instructor de primeros auxilios tanto en la Axencia Galega de Seguridade Pública (Agasp) como en empresas privadas. PACO RODRÍGUEZ

Este querido cabo y jefe de dotación de 61 años recibió una emocionante sorpresa al final del turno

02 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Después de casi treinta años como bombero, los primeros cinco en Silleda y el resto en Santiago, Miguel Ángel Arca Bello fue despedido con honores en el parque compostelano, entre sirenas, aplausos, abrazos, ráfagas de fuego y chorros de agua. Así le demostraron sus compañeros el cariño que le tienen al que hasta ahora ejerció como jefe de dotación. El martes por la noche, al final de su último turno, se fue con el corazón un poco encogido y empapado de emotividad de un recinto que fue para él mucho más que un lugar de trabajo, donde pasó muchas noches, cocinó incontables paellas, compartió entrenamientos, prácticas, anécdotas y confidencias con sus colegas de profesión, además de los apuros para salir a un rescate, la posterior celebración de los que acabaron con un final feliz, o el pesar colectivo cuando no pudieron hacer más por salvar una vida.

Toda esta mezcla de emociones se manifestó en su cara tras un día tranquilo, «no que contamos moitas batallitas, como o día que un novo foi rescatar un loro e chegou coma se volvera dunha guerra, dicindo que discutira cun paxaro», y lo más importante, sin emergencias, de los que a él más feliz lo hacían. «Non é por non traballar, senón porque ningún cidadán sufriu un accidente, incendio ou calquera outro incidente», recalca el dubrés de 61 años afincado en Lestedo (Boqueixón), conocido por su carácter afable en el trato cercano, quien siempre disfrutó especialmente de «estar en contacto coa poboación», de las jornadas de puertas abiertas, de las visitas de los colegios al parque municipal o las charlas en el hospital u otros centros de la ciudad. «Paréceme importante ensinar á sociedade como funciona o servizo de bombeiros para poñelo en valor, porque é un servizo que é caro de manter, pero facemos unha labor importante», defiende en tono solemne.

Dejar un trabajo que le apasionaba «foi duro», reconoce tras una pausa forzada para no desmoronarse y mientras prepara ya una gran fiesta de despedida por su jubilación. Lleva tramándola los últimos cuatro meses, nada menos, y calcula que el 13 de junio reunirá en el hotel Oca Porta do Camiño a unas 170 o 180 personas. Habrá música desde el primer momento hasta el final, monólogos y actuaciones varias, un presentador de la televisión gallega amenizando la celebración, gaiteiros, un disyóquey, sorteos y muchas sorpresas desde las 12.30 hasta las 2.00 horas. Estará arropado por su familia, compañeros jubilados y en activo de varias partes de España, instructores del sector, mucho técnico sanitario, deportistas, profesores y compañeros del ciclo de Emerxencias del Lamas de Abade y amigos... que son muchos, y de distintos ámbitos, porque Arca ha toreado en todo tipo de ruedos.

Arca ha ocupado el cargo de jefe de dotación del parque de bomberos de Santiago en los últimos años.
Arca ha ocupado el cargo de jefe de dotación del parque de bomberos de Santiago en los últimos años. PACO RODRÍGUEZ

«Empecei traballando nunha sala de xogos, fun camareiro, axudante de cociña, fixen a mili, tiven un bar en Santiago (Os Mandiles, en Alfredo Brañas), casei, fun vivir a Ribas do Sil (na Ribeira Sacra), collín alí un taxi e tiven unha empresa de recollida de lixo, seguín facendo extras como camareiro... ata que un día parei diante dun parque de bombeiros para mexar e, o luns seguinte, fun falar co alcalde da Rúa para saber qué tiña que facer para ser bombeiro. Eran finais de xullo e o 1 de setembro empecei nunha academia de Ourense a preparar as oposicións», relata de forma resumida, porque hay mucha paja en el pajar.

Arca también practica crossfit y calistenia. Forma parte desde hace tiempo de la parroquia habitual del Multiusos de Sar. «Para ser bombeiro é importante coidarte para poder responder fisicamente e, aos meus anos, estou en plena forma. No ximnasio do parque coincides con xente nova e, nas nosas loitas por ver quen adestra mellor, non dobro facilmente. A resistencia téñoa ben traballada», presume un hombre dispuesto a disfrutar de su merecido retiro, uno en el que «algo farei para manterme ocupado». Conociendo su currículo y espíritu inquieto, seguro que es así.

En todo caso, se va satisfecho del cuerpo de bomberos, con la sensación de haber cumplido las expectativas que tenía, aunque con el cuerpo un poco revuelto aún por el torrente de recuerdos atascados en la boca del estómago. «Despois de tantos anos, cando vives unha profesión de verdade, é moi difícil saír dela», constata el cabo dubrés, uno de los muchos profesionales a los que les tocó vivir de cerca el accidente ferroviario de Angrois.

Incluso, recuerda, hace años acabó asistiendo en un operativo a una persona conocida: «Fomos a Aríns por un camión que quedou pendurado da ponte. Era inverno, había unha xiada tremenda e facía un frío de mil demos. A cabeza tractora do vehículo acabou na auga do río e o remolque na estrada, con risco de caer tamén. Estabamos traballando alí co medo de que nos viñera enriba, ainda que había unha grúa aguantando a bañeira para asegurar a intervención. O condutor do camión quedara enganchado pola cadeira no salpicadeiro, e tiñamos medo de que a desgarrara cun mal movemento. Eu estaba con el, tranquilizándoo, e caía auga enriba de nós. Estivemos unhas catro horas, foi un traballo moi técnico, bastante laborioso, e nun momento dado, dixo: "Non te preocupes, que vou morrer en boas mans, Miguel Ángel Arca Bello". Púxome nome e apelidos e eu quedei de pedra. Contoume que me coñecera facendo a mili xuntos. Cando o sacamos e o levaban na padiola díxome: "Se morro, sei que fixeches todo o posible". Marchou na ambulancia e, aos dous días, estaba xa na casa. Foi bonito recuperar a relación con el e mesmo veu traer unha botella de champán e un décimo de lotaría cando se recuperou. Son eses detalles que che fan o día especial».