La tercera generación de Casa Castro coge el relevo en Boqueixón: 70 años de reinvención en el rural
BOQUEIXÓN
Tras la reciente jubilación de Elsa, sus hijas dan un giro al negocio, dejan atrás los menús del día y apuestan ahora por los almuerzos y por unos horarios que permitan conciliar mejor la vida laboral y la personal
06 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Elsa Torres empieza este 2026 como jubilada, y desde el día 2 han cogido oficialmente el timón de Casa Castro sus hijas. Leticia y Noa Castro, de 43 y 38 años, son la tercera generación de un negocio familiar que continúa en pie 70 años después en el rural y vuelve a reinventarse, una vez más, para adaptarse a los tiempos y a las necesidades de las personas que están detrás de él.
Su historia se remonta a 1957, cuentan las hermanas: «Os meus avós paternos, Carmen e Manuel, fixeron esta casa na aldea da Eirexe, en Sergude (Boqueixón), e abriron na planta baixa unha taberna, onde tiñan fariña e azucre a granel, botas para a choiva... Hoxe seguimos tendo o negocio abaixo e vivimos arriba. Un minuto nos leva chegar ao traballo, para ben e para mal... agora hai máis respecto polo descanso, pero antes a xente petaba na porta a calquera hora e era imposible desconectar».
En el 82, cogió las riendas del establecimiento uno los tres hijos del matrimonio fundador, Luis, junto con su mujer (Elsa). «Eles fixeron unha transformación grande e remodelaron a parte da taberna, picando a pedra orixinaria e dando valor a esa orixe da casa, para facer un bar e restaurante moderno. E, xa nos 90, abriron aquí un supermercado, cunha boa illa de conxelados», relata Leticia, quien recuerda que Casa Castro fue uno de los primeros puntos que contó con un teléfono en la zona «e viñan a falar nel tantos os veciños como os rapaces que estudaban cerca de aquí ciclos formativos relacionados coa agraria e o forestal. Eran chamadas moi longas e acabaron poñendo unha cabina dentro do propio bar para dar certa intimidade».
De los tres hijos de Luis y Elsa, al de en medio nunca le tiró demasiado la hostelería. La pequeña, sin embargo, hizo el ciclo de Cocina en Lamas de Abade (Santiago) y la mayor estudió Educación Social, profesión que ejerce al tiempo que sigue vinculada a la empresa familiar. «Noa é a que vai estar alí sempre, ao pé do canón», matiza su socia. Las dos entraron en plantilla cuando su padre se retiró, en el verano del 2023, y han dado una nueva vuelta de tuerca al negocio, empezando por constituirse como cooperativa, para «ter unha estrutura máis horizontal».
También han adaptado los horarios, antes maratonianos, para favorecer la conciliación de la vida familiar y personal: «Descansamos os sábados e estamos pechando todos os días ás 17.00 horas. Isto foi un revulsivo, unha inxección de motivación para continuar, xa non só para nós, tamén para a empregada que temos. O groso do noso traballo era antes o menú do día para os traballadores e tiñamos moitas familias que viñan a comer o noso menú dos domingos. A miña nai era a cociñeira principal e era un perfil difícil de substituír, polo que tomamos a decisión de deixar de dar estes menús e crear unha oferta máis focalizada nos almorzos, con bolería [la mayoría casera], torradas, bagels, bowls... E temos agora tamén unha carta de bocadillos, hamburguesas, sándwichs e ensaladas. Todo, cun punto un pouco distinto e tratando de traballar co produto do máis cerca posible, con provedores da nosa contorna, coma o pan, que vén dunha panadería que temos a tres quilómetros». Y no faltará hoy, ni cualquier otro día en Casa Castro, un buen pincho de tortilla y un chocolate con churros. Nueva era sí, pero sin renunciar a seguir generando los recuerdos más dulces en su casa, que pasa de casa de xantar a casa de almorzo.
Desde ahora en Casa Castro hay desde cruasanes rellenos con canónigos y salmón ahumado hasta batidos de mango y Oreo, tanto tostadas clásicas como otras tostadas especiales (por ejemplo, de anchoas, aguacate y tomate seco; o de chicharrones y queso del país) y bocadillos gourmet (de pollo a las finas hierbas, cebolla caramelizada, rulo de cabra y salsa de miel y mostaza, entre otros), además de apetitosas ensaladas que van más allá de las rodajas de tomate, cebolla y un puñado de maíz de bote.