Lola Iglesias: «La mujer debe decidir cómo es su parto, pero sin excentricidades»

Cuando se jubile contará los bebés que ayudó a traer al mundo, y serán unos tres mil


santiago / la voz

Nombre. Lola Iglesias (Boqueixón).

Profesión. Matrona.

Rincón elegido. El entorno de La Rosaleda, pues en este hospital está a punto de cumplir sus bodas de plata. También trabaja en el centro de salud de Sigüeiro.

Es imposible invitar a un café a Lola Iglesias en la cantina de La Rosaleda. Ella hace una seña y detrás de la barra asumen el gesto con complicidad: «No lo intente, lo que diga Lola va a misa». Ser la matrona de este centro sanitario desde hace 24 años otorga cierto rango, igual que el testimonio de miles de mujeres que han dado a luz en la maternidad bajo sus consejos. La misma seguridad con la que habla de su profesión se la transmite a sus pacientes, sobre todo a las primerizas.

Lola tiene una ventaja envidiable sobre muchos otros trabajadores. Ama lo que hace, se emociona con las pacientes y, salvo una transformación física radical, las recuerda para siempre. Las ha habido famosas y anónimas, pero es ella la que deja huella. Hace pocos días le entró una «llorera» de escándalo al leer un escrito que le envió una madre. Admite que no tuvo un comportamiento diferente con ella, fue una más dentro de su concepto de cotidianeidad, «pero me escribió unas cosas tan bonitas...».

Le quedan todavía unos años para jubilarse, pero ya se ha puesto dos deberes para cuando tenga un poco más de tiempo: recopilar todos los agradecimientos que le han marcado e intentar aproximarse a la cifra total de nacimientos a los que ha asistido. Con fórceps consigo que haga cálculos y tras hacer cuentas concluye que «unos tres mil. Me encantan los partos...», suspira.

Ella nació en su casa, en Boqueixón, y allí empezó a trabajar como matrona con 22 años, «por las casas». Tuvo a sus dos hijas pronto y no pensó demasiado en si tenía su vida profesional resuelta o no. Lo cuenta porque ella es una testigo de excepción del gravísimo problema social que atenaza a Galicia, y es que cada vez hay menos niños y las madres son mayores. El fenómeno, advierte, es más acusado en la capital. Ella también trabajó en el hospital del Barbanza, y por las mañanas ejerce como funcionaria sanitaria en el centro de salud de Sigüeiro, y ha detectado que cuando aparece por la puerta una embarazada en la veintena es porque suele vivir en entornos más rurales. Saca unos papales del bolso y revisa rápidamente las edades de las últimas mujeres que han dado a luz: «33, 36, 28, 32, 47...». ¿47? «Sí, ahora hay muchos menos partos, pero hay que atender otras circunstancias, otros miedos».

Lola Iglesias ha ido cambiando su forma de trabajar. En los años 80 había tantas embarazadas que no tuvo mucho tiempo para nada, pero a medida que la actividad descendió se «subió al carro» para ampliar conocimientos en torno a la maternidad, cuestiones que en muchos casos no resolvía ni la sanidad pública ni la privada. Ella tuvo que buscarse la vida para formarse, pero ahora se confiesa admirada por la buena base que traen las nuevas generaciones, con una visión mucho más completa. Le gusta trabajar con la gente joven, y ahí le sale la vena reivindicativa: «No puede ser que tengan que estar cubriendo bajas un día aquí y otro allá, con contratos de una jornada o unas horas que no les valen para asentarse. Los responsables políticos tienen que hacer algo».

Por edad y aplomo, cualquiera diría que le gusta hacer las cosas a su manera y que no la saquen del carril. Y esta matrona es exactamente lo contrario. Le gusta escuchar las peticiones de las madres, y está convencida de que cada una debe de decidir cómo es su parto, «pero sin excentricidades». Si todo va bien y hay margen de maniobra, todo es posible dentro de un orden. «¿Si quieren parir en la cama? En la cama, ¿Con epidural? También». Ríe. Ahora bien, si la situación se pone seria o el tiempo de reacción es limitado, ahí la opinión de los profesionales tiene que prevalecer por encima de todo.

«Hay cuestiones de la maternidad de las que el sistema no se ha ocupado»

 

 

Lejos de acomodarse, Lola Iglesias ha hecho un esfuerzo por ir adaptando sus conocimientos, que aplica en la consulta pública y en la maternidad de La Rosaleda. Pero cree que hay cuestiones que no están del todo resueltas en el sistema sanitario, y eso le llevó a fundar Escuela de mamás, un negocio estratégicamente situado en el polígono de NovoMilladoiro, uno de los pocos entornos de Galicia donde la población crece. Allí, con la ayuda de sus hijas Ana e Iria, atienden diversos frentes que a veces no encuentran respuesta en un hospital. Organizan charlas, talleres, formación para embarazadas, consejos tras el parto y, sobre todo, se han especializado en técnicas de fisioterapia para fortalecer el suelo pélvico, que empiezan a interesar también a los hombres. «Igual tenemos que llamarnos Escuela de mamás y papás», desliza. Allí se habla de todo, incluso de esas cuestiones de actualidad protagonizadas por niños que tanto se viralizan a través de los medios y las redes sociales, no siempre con criterios profesionales.

Hablar de lo que nadie habla

Desde su puesto en el centro de salud de Sigüeiro intenta colaborar con el sistema para derivar el menor número de pacientes posibles a los hospitales. Trata de resolver dudas, dedicarle tiempo a la gente, escuchar y, de un tiempo a esta parte, preocuparse por los mayores. «Todavía hay cierta vergüenza a hablar de anticoncepción, menopausia o las pérdidas de orina, y a algunas personas les cuesta consultarlo incluso con su ginecólogo». Darle normalidad a este tipo de problemas, que casi siempre tienen alguna solución si se afrontan, parece más fácil cuando te hablan con conocimiento y franqueza. Y ese es el estilo de Lola.

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