Ponte Ledesma descubre su sillería

Veinticinco jóvenes europeos de un campo de trabajo limpiaron el viaducto que une Boqueixón y Vila de Cruces. También documentaron y señalizaron una ruta histórica


santiago / la voz

En febrero del 2015, vecinos de Ponte Ledesma denunciaron el sangrante deterioro del viaducto medieval que lleva el nombre de este núcleo de Boqueixón. El puente, posiblemente de origen romano y reconstrucción medieval, estaba muy deteriorado. La Xunta recogió el testigo y asumió su restauración. Pero la estructura necesitaba más cuidados y estos llegaron el pasado 1 de agosto gracias al trabajo voluntario de 25 menores de 30 años de varias nacionalidades que participan hasta el domingo en un campo de trabajo solicitado por el Concello de Boqueixón y concedido por la Consellería de Política Social.

Este grupo, bajo la dirección de la lalinense Patricia Martínez Rodríguez, está a punto de terminar un trabajo distribuido en tres objetivos, todos cumplidos.

El primero de ellos fue continuar con la limpieza del viaducto, invadido de silvas y maleza. Tan atestado estaba que alguna piedra se desprendió durante los trabajos, que necesitaron una grúa de grandes dimensiones para acceder a los pilares y limpiar toda la sillería, tarea que hubo que realizar a mano.

Los participantes en este campamento fueron conscientes de que estaban trabajando en un enclave histórico porque, cumpliendo el segundo encargo, diseñaron una ruta circular de cuatro kilómetros por Boqueixón y Vila de Cruces. Arranca de la capilla del Carmen, cuya leyenda narra que fue construida por un pescador que temió morir ahogado durante una de las crecidas del río Ulla. Continúa hasta un alto en donde se cree que estaba ubicado el castillo de Bernardo Sánchez García de Ledesma, arrasado en el medievo por el arzobispo de Santiago Berenguel de Landoira. Sigue hasta el lugar denominado Campo do Francés, donde vecinos de Boqueixón y Vila de Cruces frenaron durante unos días a las tropas napoleónicas en el siglo XIX. De nuevo viaja en el tiempo para llegar a la iglesia de Ponte Ledesma, vinculada al convento compostelano de Santa Clara y pertrechada por olivos regalados en el siglo XVIII por los comerciantes de Quiroga que transportaban el aceite hasta Santiago. El círculo continúa hasta el puente sobre el Ulla. Todo este itinerario está ya señalizado y listo para recibir las primeras visitas. La documentación de esta ruta está publicada en los idiomas de los integrantes de este campamento. La tarea del grupo también permitió, como tercer encargo, la recogida de información de testimonios orales en Gres para una guía con fines educativos y turísticos.

«É unha marabilla ver a ponte limpa», señalaba ayer Patricia González, satisfecha con el resultado porque «permite dar a coñecer este entorno».

La excavación en Socastro continúa con trece jóvenes

El campo de trabajo de Boqueixón no es el único operativo en la zona. También está en marcha la excavación del castro de Socastro, en el municipio de Rois. En este caso son trece jóvenes de México, Rusia y España. El grupo está asumiendo tareas de excavación, prácticas de limpieza y dibujo arqueológico. Ovidio Rodeiro, delegado territorial de la Xunta en A Coruña, visitó ayer ambos campos de trabajo para agradecer la labor de los voluntarios.

El olivo centenario podado en el 2016 rebrotará junto al río

El grupo de jóvenes europeos desplazados a Boqueixón dejarán en el campo junto al río un trozo de esperanza, la que brota de unos esquejes recogidos de uno de los dos árboles centenarios ubicados en la iglesia barroca de Ponte Ledesma.

La planta procede de una de las ramas taladas abruptamente en el año 2016, una corta interrumpida por vecinos de la zona, que dieron la voz de alarma para preservar el ejemplar.

El olivo se quedó solo con el tronco pero se salvó, y ahora su ramaje va en aumento, aunque dos años después de la polémica tala su aspecto asemeja el de un bonsai gigante al compararlo con el de su compañero.

«Nunca pensei que puidese sobrevivir», reconocía ayer Natalí González, representante del colectivo Amigos da Ponte de Ponte Ledesma. Por este motivo, cuando se produjo la polémica poda recogió varias ramas y las guardó para replantarlas porque albergaba la esperanza de que el ejemplar, que probablemente data de 1735, se pudiese trasplantar.

Y como ocurrió con el viejo olivo, sus esquejes superaron el trance y uno de ellos crece libre en terrenos público. Los jóvenes lo plantaron cerca del puente, como un recuerdo permanente de su estancia en Ponte Ledesma. Una malla metálica lo protege hasta que el Concello de Boqueixón coloque una estructura más estable que lo resguarde hasta que crezca lo suficiente. Mientras crece fuera de la maceta, los olmos plantados hace décadas en la zona serán retirados al tratarse de una especie invasiva.

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