La mujer que conquistó el fútbol masculino

La ribeirense se ha convertido en la primera mujer en dirigir a un equipo de la liga de Preferente

M.G.
Ribeira / la voz

De jugar en la puerta de casa con sus amigos, a convertirse en la primera mujer en dirigir a un equipo de fútbol en Preferente. La historia de Susú Cores es un relato de superación, que cuenta como una mujer fue capaz de derribar todos los obstáculos que la frenaban en un mundo de hombres.

Sus primeros recuerdos están acompañados de un balón de fútbol. Ella misma cuenta como jugaba con sus amigos en cualquier parte, ya fuese en el colegio o en la calle. Su temprana afición a este deporte fue lo que la impulsó a unirse al Aguiño, el único equipo femenino de la redonda en aquellos tiempos. Con 14 años ya militaba en sus filas, y desde aquel momento nunca pudo colgar sus botas.

Jugó en la alineación aguiñense hasta que cumplió 19 años. Durante esa época el Aguiño consiguió ascender de la Liga Gallega a la Nacional. Luego, Cores se marchó de Ribeira para A Coruña con la finalidad de adentrarse aún más en este deporte. Se matriculó en el ciclo superior de actividades físicas y deportivas (Tafad) y después estudió INEF en la universidad coruñesa. Su sueño de dedicarse al fútbol estaba cada vez más cerca.

Durante su etapa universitaria siguió entrenando para convertirse en una profesional, y fichó por la sección femenina del Victoria, club en el que también entrenaba a las niñas de la base.

Primeras experiencias

Esa no era la primera vez que Susú tomaba las riendas de un equipo. Con 16 años, la joven ribeirense ya dirigía las categorías inferiores de la entidad que la vio nacer como futbolista, el Aguiño.

Durante años ejerció como preparadora física y entrenadora en las secciones femeninas del Ural y el Orzán. Y entonces llegó la posibilidad de entrar en la plantilla del Boimorto: «Un amigo me dijo que buscaban a un preparador físico. Al principio me negué a presentarme, pensaba que al ser una mujer era imposible que me cogiesen».

Pero la cogieron, y después de haber trabajado con sus jugadores, el club le ofreció una oportunidad única que no pudo rechazar: ser la entrenadora. De esta forma es como Susú se convirtió en la primera mujer en dirigir a un equipo de hombres: «Para mí es todo un orgullo, pero también considero que es un arma de doble filo. Si un hombre lo hace mal no pasa nada, pero si la que falla es una mujer ya es otra cosa. Nosotras siempre estamos en el punto de mira». Con esta presión y con ganas de demostrar su valía es como afronta sus primeros pasos en el siguiente escalón de su carrera.

Pero no está sola, ya que no es la única integrante femenina del primer equipo. El club cuenta con otra mujer más en su cuerpo técnico. Alba Meilán se hizo con el puesto de preparadora física, posición que hasta hace un año ocupaba Susú Cores.

Más visibilidad

Para ella, este no es un mérito exclusivo del Boimorto, pues el progreso femenino dentro del fútbol ya es una realidad. «Cada vez somos más mujeres, cada vez crecemos más y cada vez tenemos más oportunidades. Ahora estamos más mediatizadas, ya podemos seguir los partidos de Primera División. También existe la posibilidad de que las mujeres se dediquen a esto», afirma la entrenadora.

La meta de vivir del fútbol está cada vez más cerca de Susú. Aunque todavía no sea una realidad, lo que sí es cierto es que su trayectoria está muy vinculada al mundo del deporte y compagina su trabajo en un gimnasio con su faceta de entrenadora y preparadora física. Además de militar en las filas del Boimorto, Cores lleva cinco años entrenando con la federación gallega. Empezó preparando al equipo sénior femenino y pasó por las plantillas sub 12 y sub 15. Este trabajo es algo que incluso ella misma cataloga como exigente, ya que «hay que seguir a las jugadoras durante todo el curso, observar su trayectoria y sus avances». El progreso es lo que le a ella hizo llegar hasta donde está ahora. Aclara que su trayectoria no ha sido un camino de rosas: «Si me comparo con mi yo del pasado, mi progresión es muy destacable».

En ocasiones perseguir una meta puede llegar a convertirse en un sueño frustrado, pero la experiencia de Susú Cores cuenta que cuando la pasión y el talento se unen, ni siquiera los prejuicios son capaces de frenar el futuro.

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