Sin ser carpintero ni mecánico profesional, Agustín Villar construyó desde una Vespa hasta un 600 de pino que puede circular
12 jul 2026 . Actualizado a las 12:12 h.Igual que Geppetto dio vida a una marioneta de madera, Agustín José Villar Andrade lo ha hecho en formato bici, moto o coche. Este vecino de la aldea de O Rial, en Arzúa, no solo reproduce con fidelidad los modelos originales, sino que, en el caso de su Seat 600, también puede circular. A diferencia del padre de Pinocho, él no es carpintero de profesión, ni siquiera mecánico. Este arzuano de 70 años se dedicó desde joven al monte, cortando madera o, en sus últimos años de actividad laboral, haciendo trabajos de desbroce y plantación. Ahora, ya jubilado (desde los 66), mira a los troncos de otra forma, con la mirada de un artesano, soñando darles forma con la ilusión de un niño y un talento casi innato, que fue puliendo de forma autodidacta.
Sus obras salen del taller que tiene junto a la huerta de su casa. «Levo 40 anos no Rial, de onde é a miña muller», cuenta allí mismo, a la sombra, mientras riega las plantas de la entrada de su noble guarida de artesano un hombre nacido cerca de ese lugar, en la parroquia de Viñós. Recuerda que en su casa no había carpinteros, ni siquiera herramientas y, «de rapaz, gustábame facer cousas de madeira para xogar, porque non había con que facelo. Teño fabricado algunha bici con paos e táboas. Aos 12 ou 13 anos, fixen unhas paredes de pedra e uns portais de madeira que necesitabamos na casa. Empezoume a gustar e construín uns asentos a partir dunhas raíces e máis un moble de troncos, un chineiro». Con ingenio fue alimentando esta afición, hasta que un día se le ocurrió crear una bici de estilo vintage. «Saíu bastante ben e animeime a pola Vespa», relata. Se inspiró en un ciclomotor con 60 años de historia que tiene y aún funciona, aunque «xa a utilizo moi pouquiñas veces».
Para hacer el 600, en madera de pino del país, compró un coche al que quitó el motor y otros elementos para ponérselos a su réplica, hecha a tamaño real, a partir de las plantillas que sacaba del original: «Custoume 500 euros, hai xa 3 anos». Así comenzó su obra magna de carpintería, para la cual tuvo que ampliar sus útiles de trabajo, con la adquisición de una sierra profesional en una antigua carpintería. A todo eso incorporó la parte mecánica y, bajo el capó, se esconden los engranajes que hacen posible que se mueva. «Leva as rodas orixinais, freos, motor, cambio, suspensións, bésta...», enumera Agustín, a quien le llevó construir y hacer andar su 600 de madera un año.
«O paseo máis longo que din con el foi en Curtis, para a Feira 1900», indica el arzuano, quien suele participar cada año en esta cita y en otra de época en Boimorto. Explica que, quien no lo conoce, pone en duda si su vehículo anda, si se propulsa con el pie a lo Picapiedra, o confabulan sobre si hay chapa por debajo de la carrocería de madera; hasta que Agustín levanta el capó y disipa todas las dudas. Su 600 causa sensación allá por donde va, constata: «Párante e póñense de lado para facerse fotos».
¿Y qué será lo siguiente? «Agora ando cun caderno con follas de madeira e estou facendo moitas cousas pequenas. Faría outro coche, un Dous Cabalos [Citroën 2CV], pero están carísimos e piden 2.500 ou 3.000 euros aínda que estea a chapa podre e apenas arranque», responde un hombre que tanto hace un bolso como un árbol ornamental, un casco de madera, una escopeta, una máquina de coser o lámparas. No descarta ponerle un motor eléctrico a su Vespa de madera y, si volviera a hacer el 600, dice, lo haría en castaño. «Eu compro a madeira nun aserradeiro. Cando fago algún invento novo collo algunha madeira baraate, por se sae unha cousa que hai que tirar con ela», aclara.
Sus obras de artesanía no están en venta, aclara, las hace para su propio disfrute: «Pregúntanme moito se restauro mobles e eu non traballo para facer cartos... non teño ganas de traballar máis. O que non se fixo antes, despois é malo de gañar. Fago isto porque me gusta facer cousas novas, cousas diferentes, que non se vexan por aí».
Reconoce que su familia fue la primera sorprendida al ver lo que era capaz de crear con sus propias manos en su taller y a sus seres más cercanos, más que ver todo el proceso, les gusta sorprenderse con el resultado final. A su nieta, que vive cerca de él, «si que lle divirten bastante estas cousas, iso que ten 6 anos, e xa lle fixen unha cafeteira con taciñas para xogar».
¿Quieres contactar con la periodista que firma esta noticia? Escribe a patricia.calveiro@lavoz.es