Algunos dicen que sigue vagando, perdida, por los bosques, y otros aseguran que el hada se la llevó a su mundo
03 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Algunos encantos de la comarca compostelana lo son por su historia, aunque la obra humana que el visitante tiene ante de los ojos diste mucho de merecer tal calificativo. Tal es el caso de la Fonte da Quenlla. El viajero sale de Arzúa, gira a la izquierda hacia Castro Curbín y a partir de ahí se encuentra con unas señales en madera que impiden la pérdida en ese kilómetro algo largo que lo separa de la meta.
Si ese visitante hubiera ido a ese lugar hace muy pocos años se encontraría con una fuente muy humilde, agradable el entorno, con un banco. Si va hoy se hallará ante una fuente de enorme tamaño, ampulosa, con el banco incorporado.
¿Cuál es el encanto, entonces? Su leyenda. Una leyenda que explica, en versión algo resumida, un panel situado ahora frente al chorro de agua y que recuerda la figura de Mariquiña, una niña que vivía en la absoluta pobreza con una vaca y un gato, y con ellos iba diariamente al cercano Castro Curbín. Y un día los animales, sedientos, pararon a beber en la Fonte da Quenlla, y ella los imitó.
En cuanto sus labios rozaron el agua escuchó una música relajante y vio un gran resplandor con un hada rubia vestida de blanco, que le tranquilizó y añadió que era «a fada desta fonte, e non che vou facer mal». Diciendo eso le entregó un saco pequeño repleto de monedas de oro y le puso dos condiciones: no hablar con nadie del encuentro y que cada vez que cocieran pan en su casa le llevara un trozo de bolla.
Ambas cumplieron, y de vez en cuando el hada le daba más monedas, mientras la perfumaba y la peinaba. Pero, como en todas las historias semejantes, hubo un final abrupto: un día que cocieron, Mariquiña se hizo con dos trozos, uno para ella y otro para el hada, algo que asombró a su madre, quien insistió en que le parecía demasiado para ella sola. Y la niña acabó confesando la verdad.
La madre accedió a que fuera a la Fonte da Quenlla. Quizás luego se arrepintió toda su vida: hacia la noche volvieron, solos, vaca y gato. De Mariquiña nunca más se supo. Algunos dicen que sigue vagando, perdida, por los bosques, y otros aseguran que el hada, enfadada, se la llevó a su mundo para no volver jamás.
Por supuesto, hay variaciones, como que solo recibía las monedas de una en una cada vez, o que la niña iba todos los días a que la peinara y también todos los días le daba un trozo de pan. Y todas las leyendas poseen una base real.