El cierre de las huertas urbanas en el confinamiento retrasa las cosechas

Siguen recogiendo productos de verano y preparan la tierra para la nabiza


santiago / la voz

Quien crea que lo de sembrar y plantar es coser y cantar se equivoca totalmente. Bien lo saben los compostelanos más veteranos que trabajan en las huertas urbanas y que ilustran a los profanos sobre las peculiaridades de su labor. Eduardo Blanco, del Couto (Arzúa) afincado en Santiago desde hace décadas, explica que el motivo del color entre amarillento y marrón que lucen las hojas de las patatas es que un bicho se está comiendo el tubérculo. «Non valen para nada. Tempo perdido». Blanco asegura que ahora «é tempo de sementar as nabizas. Na lúa non creo moito, pero as nabizas hai que botalas despois de Santa María», es decir, pasado el 15 de agosto.

Los hortelanos urbanos, un grupo en el que no sería justo incluir a Eduardo por su gran experiencia, retrasaron las plantaciones y siembras de los productos propios de verano hasta junio, porque se prohibió el acceso a las huertas en el confinamiento, y «non o entendo, porque aquí non hai contacto con outros», lamenta Eduardo. Por eso todo lo que debería estar plantado y sementado en abril o mayo llega con retraso. A estas alturas del año, los vecinos con huertas urbanas deberían tener agotadas las existencias de judías, pimientos y tomates, y, sin embargo, tanto en las más antiguas de Belvís como en las últimas acondicionadas en la ruela de San Clemente, las plantas de judías y tomates siguen produciendo. La lluvia de la pasada semana unida al rocío matinal con la subida de temperaturas de estos días están permitiendo que los huertos incrementen su producción.

Un paseo entre las fincas de Belvís, San Clemente y A Almáciga permite descubrir la riqueza de esa plantaciones. Tomates de diversas variedades, lechugas, acelgas, repollos, judías, calabacín, pepino, calabaza, un sinfín de tipos de pimientos, zanahorias, y hasta alcachofas y berenjenas hacen de las huertas compostelanas auténticos vergeles. Poco tienen que envidiar a la famosa huerta valenciana. Hasta los fisalis, propios de climas templado, nacen en las huertas urbanas casi sin plantarlas.

En Belvís, José uno de los propietarios de las huertas más próximas a As Trompas, describe la experiencia como «enriquecedora», y no tanto como una manera de ahorrarse dinero en la comida diaria, sino como medio para «desconectar de la rutina». «Hay muchas cosas que hay que comprar igual, y no todo lo que plantas sale. Esto es probar para sacar cosas. Pero, en algunos casos, intercambias con el vecino de huerta. Y después del primer año, vas haciendo tus propios semilleros en los vasos del yogur», explica Antonio, vecino de A Almáciga.

Si en algo coinciden todos los usuarios de las huertas es en que «además de saber lo qué comes, el contacto con la naturaleza permite desconectar del estrés diario. Aquí se respira tranquilidad y, de paso, haces ejercicio», comenta Xosé Otero.

Por las horas de la Catedral

Fueron varios los horticultores de huertas de A Almáciga, Belvís y San Clemente que comentaron que se guían por las campanas de la Catedral para recoger los aperos de labranza y regresar a casa tras una tarde de trabajo. «As horas pasan. Atas os tomates, sacas unhas herbas e non ten das conta», relata Eduardo.

«Ahora pondremos col y nabizas para el invierno»

José Casais cuenta con una pequeña huerta en los espacios del parque de Belvís desde unas semanas antes del confinamiento. «Unos días antes de que nos cerraran nos avisaron que nos daban la huerta, y aprovechamos para limpiarla y prepararla. Pero luego vino el confinamiento, y cuando volvimos hubo que volver a empezar», explica. Para José, la huerta es una manera de «ahorrar en algunos productos, y también estoy entretenido. Nos ayudamos. La semilla de esta judía me la dio un señor de otra finca». En el espacio donde está José prácticamente todas las huertas tienen propietario, aunque algunas parecen más atendidas que otras. Como en casi todas las huertas urbanas, en esta de Belvís «también hay un veterano que nos echa una mano».

«Traballo aquí desde antes de que houbera parque»

Eduardo Blanco es el veterano de las huertas de Belvís. A sus 86 años, sigue a rajatabla el calendario a la hora de plantar, y el resultado es un auténtico vergel que es la envidia de todos. «Aquí vexe ben quen sabe de traballar a terra, e quen no. Hai que pór as cousas cando tocan. Agora hai que botar os nabos, despois de Santa María», recuerda. Eduardo tiene su finca dentro de los límites de las huertas urbanas, pero «eu a traballo desde antes de que houbera parque. Todo iso era do médico Saavedra, e expropiaron para o parque», recuerda. Eduardo muestra con orgullo los tomates, de diversas variedades, que se llevará para casa. «As xudías leveinas onte, e teño aquí unas cabazas de cabelo de ángel que aínda son do ano pasado», señala.

«Traballar nela é moito mellor do que pensei»

Manuel Díaz reconoce que «non podía imaxinar o ben que o ía a pasar na horta. É un relax. A veces, veño para dez minutos. Solo para coller algo, e cando miro levo tres horas. É a mellor terapia», sostiene. Ayer fue uno de esos días. La idea era coger unos tomates y unas zanahorias para hacer un guiso, pero se le fue el tiempo. «Pasa sin darte cuenta». Su trabajo en el Sergas nada tiene que ver con los cultivos, pero «miña nai era a que o facía, e tes algo de idea, pero pouco a pouco». Manuel asegura que «desde que teño a horta, non comprei nada. Nunca tanta xudía comín como este ano». Además, respetan su trabajo: «Por aquí non faltou nada. A xente pasa cerca, polo camiño, e non levan nada. O respectan. Non sei noutras. Aquí moi ben».

Santiago dispone de seis espacios de cultivos que se adjudican a vecinos de la zona

El Ayuntamiento puso en marcha las primeras huertas en Belvís, junto a Don Bosco. Tras este espacio habilitó otro en el mismo parque, en una zona en la que algún vecino venía plantando desde mucho antes de que se pusieran de moda las urbanas. Lo mismo ocurrió en A Almáciga, donde un decena de vecinos limpiaron un terreno próximo al parque para plantar antes de que se acondicionarán las municipales. En Pontepedriña, Caramoniña, Fontiñas y en la ruela de San Clemente se localizan las otras huertas urbanas. Además de las gestionadas por el Concello, en el Santiago urbano hay huertas en la Costiña do Monte y en barrios tradicionales como San Lázaro.

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