«Lo peor fue la incertidumbre de no saber cómo va a evolucionar la enfermedad»

Carlos Rodríguez, enfermero en el CHUS, superó el covid-19 tras pasar la cuarentena en Arzúa


Arzúa / La Voz

No sabe ni cómo, ni cuándo. La única certeza que tiene es que los primeros síntomas aparecieron el último fin de semana que estuvo de guardia en el Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS), el centro en el que trabaja como enfermero y al que regresará en breve tras superar el covid-19. «Es una enfermedad complicada, de la que no se sabe demasiado; no es como una gripe, que es una balsa de aceite a su lado», afirma Carlos Rodríguez desde su domicilio en Arzúa, donde pasó la cuarentena, aislado en una ala de la vivienda, dotada de un dormitorio con baño propio y otras comodidades que facilitaron, de algún modo, una convivencia familiar «sin contacto absoluto, más que el intercambio de comida».

Los primeros síntomas que tuvo fueron los propios de un proceso gripal: febrícula, cansancio generalizado, y dolor muscular. Apunta este sanitario que «no le di mayor importancia» porque cuando se le manifestaron, hacia mediados de marzo, se registraron «cambios de temperatura muy bruscos, no había mucha prevalencia del virus, y en el hospital ya trabajábamos con un protocolo estricto de prevención». Pese a ello, el cuadro clínico se complicó: «Se acentuó el cansancio, y empecé a notar pérdida del gusto». Fue entonces cuando en el servicio de medicina preventiva del CHUS lo sometieron al test, que dio positivo en coronavirus. Aunque su estado no requirió hospitalización, no fue tarea fácil sobrellevar la enfermedad, sobre todo, en los primeros momentos. «Durante diez días, estuve con fiebre, a pesar del tratamiento con paracetamol, muy cansado, y sin apetito ninguno», recuerda Carlos, para quien esos primeros momentos fueron los más complicados: «Lo peor, además del malestar, fue la incertidumbre que causa el no saber cómo va a evolucionar».

Todavía recuperándose del cansancio y de la pérdida de peso que le dejó el paso del covid-19 por su organismo, este sanitario que reside en Arzúa cuenta que lo positivo del mal trago que pasó fue «el apoyo de familia, amigos y vecinos que se preocuparon por mí». Ese mismo respaldo también lo subraya, y agradece, su pareja, Luz Pardo, que tuvo que guardar la «cuarentena preventiva» a la que obliga, aún dando negativo en la prueba como ella, el haber estado en contacto con un contagiado. Confiesa ser escrupulosa en la limpieza, por lo que extremar las medidas de higiene no supuso problema alguno para ella, como sí «la preocupación con la que vives por la evolución de la persona, y lo que sufres por ella».

Con el negativo en coronavirus que, a mediados de mes, le comunicaron a Carlos tras la prueba que se le hizo una vez desaparecieron los síntomas, este vecino de Arzúa inició el proceso de recuperación para ganar el peso perdido y combatir el cansancio que le dejó el coronavirus. En los próximos días, volverá al Clínico «porque hay que estar allí, es nuestro trabajo para luchar contra esto». Se reincorporará al trabajo «sin miedo», y con el «muy reconfortante» respaldo social que, a diario, llega en forma de aplausos que este sanitario extiende a los trabajadores de los restantes servicios esenciales que se mantienen en activo porque «tienen exactamente el mismo mérito».

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