Manuel Vázquez, vendedor de la ONCE en Arzúa: «Ser agradable é o principal, pero a xente valora que lles teñas horario»

La entidad lo distinguió como el mejor despachando cupones en la zona de Santiago


arzúa / la voz

Manuel Vázquez se encoge de hombros cuando se le pregunta qué tiene para ser uno de los mejores vendedores de la ONCE en Galicia. Le cuesta admitir cómo lo hace. Pero basta con observarlo un par de minutos en el despacho móvil que instala en una céntrica esquina del casco urbano de Arzúa para intuirlo. «Por 2 euros, levas dez millóns», «tes parte do cupón que pagaches», «aí tes, un con pago; non tes ningún para cobrar», espolvorea entre sus clientes. Está claro que con don de gentes y un ingenioso pico de oro despacha cupones como churros este arzuano de 53 años, distinguido recientemente por la organización como el mejor vendedor de la zona de Santiago.

Y son 111 los vendedores de la ONCE en su demarcación santiaguesa, que abarca el área de influencia de la capital, y O Barbanza; con municipios, por población, con mayor clientela potencial que Arzúa, donde el impacto turístico del Camino Francés apenas repercute en las ventas. «Algún peregrino compra, pero non teñen o peso importante que parece pola cantidade deles que pasan», cuenta el hombre que, meses atrás, cumplió 3 años en el puesto fijo de venta que consiguió en su localidad natal. Desde entonces, y aunque trabaja a pie de calle, llueva, nieve o haga sol, las condiciones de trabajo son otras; mejores. «É máis cómodo que a venda ambulante», afirma para recordar al hilo episodios pasados: «Máis dunha vez teño metido un machete no coche para partir pólas de árbores caídas na estrada por temporais».

Pero de su etapa como vendedor ambulante de la ONCE, Manuel Vázquez también atesora bondades, como clientes de Melide, Toques, Santiso o Boimorto «que me quedaron da etapa anterior, e non pasan por aquí sen parar a facerme unha visita», cuenta. Como ambulante en el interior coruñés trabajó catorce años el vendedor de Arzúa, que el pasado diciembre hizo dieciocho en la organización. Una lesión en una mano después de años trabajando en una empresa de la construcción -tiene reconocida una minusvalía del 38 por ciento- lo mandó al paro. «Pasei uns anos mal; ninguén me ofrecía traballo», cuenta. Y fue una hermana, vendedora de la ONCE en A Coruña, la que lo animó.

Hoy es otra hermana, Charo, con un local de hostelería en el que hacen gala del afamado queso de Arzúa, la que comenta que «eu sempre lle digo que ten el máis xente que os bares». Y eso no es poco. Admite que tiene una clientela fija al día de unas cincuenta personas, entre las que, subraya, «hai moitas mulleres». Ganado se lo tiene. Y no solo a base de las indiscutibles cualidades que tiene como vendedor. «Ser agradable é o principal, pero a xente valora que lles teñas un horario». Y a las nueve de la mañana se planta en la esquina entre la calle de los taxis y la travesía principal de Arzúa. Agradece el cobijo que le brindan en la cafetería allí situada para atenuar los efectos de un invierno que, sin remedio, «se fai demasiado longo», dice. Y allí está hasta la una y media de la tarde, cuando emprende un periplo comercial de unas dos horas por los locales de hostelería que dan comidas. Ya los peinó a primerísima hora de la mañana -«entre os clientes madrugadores, véndese moi ben», apunta- y, por si eso fuera poco, pone a disposición su número de teléfono móvil para «atender peticións por WhatsApp», cuenta. No extraña que Manuel Vázquez le anduviese a la zaga al vendedor de Ferrol que la ONCE distinguió como mejor vendedor regional en 2018.

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