Arzúa enseña dentro y fuera del aula

La relación grupal al concluir las clases marca la diferencia en la escuela municipal de mayores, donde veinte vecinos ejercitan la mente, la escritura y el cálculo


arzúa / la voz

Teresa Souto siempre tuvo inquietud por aprender y entender lo que sucede a su alrededor y también fuera de su entorno. «Cando era nova, sempre tiña un libro para ler, pero non puiden estudar porque meus pais non tiñan cartos», comenta, a sus 71 años, esta vecina de Arzúa que hace una década obtuvo el graduado en secundaria. Fue avanzando en sus estudios al ritmo que le marcaron las zancadillas que le puso la vida. El último traspiés le amenaza desde hace un año la memoria. Le hace frente asistiendo los lunes, miércoles y viernes a la escuela de mayores del Aula de Educación de Adultos del Concello arzuano.

Junto a Teresa, otros diecinueve paisanos trabajan la memoria, la atención, la lectura, la escritura y el cálculo, bajo la supervisión de Luis Vázquez, maestro y psicopedagogo que atiende un servicio municipal en el que también se imparten clases para la obtención de los títulos de la ESO y de Bachiller, de las competencias clave, y para preparar las pruebas de acceso a los ciclos medios y superiores de Formación Profesional. En la escuela de mayores, concretamente, «a idea fundamental é a prevención de doenzas vinculadas coa perda da memoria como o alzhéimer ou a demencia senil», apunta Luis, que afirma estar «moi agradecido» con el personal del centro de salud de Arzúa, porque, cuenta, «derivan aquí pacientes en risco ou con síntomas desas enfermidades». También trabaja codo con codo este especialista en psicología evolutiva con las familias del alumnado, «coas que manteño -explica- unha comunicación fluída para coñecer a evolución da enfermidade, algo necesario para programar as actividades e a tarefas».

Un completo cuaderno con ejercicios de cálculo y de lengua, con crucigramas, sopas de letras, sudokus, mandalas, y otros pasatiempos que ayudan a mantener activa la mente, se llevan como deberes para casa los alumnos de la escuela de adultos de Arzúa. Forman un grupo «moi disciplinado, traballador e heteroxéneo en idades e necesidades», lo que mantiene en forma la docencia que imparte Luis Vázquez, que valora como «o máis importante» el ser «unha familia». «A nosa escola sae das catro paredes da aula, transcende do simple feito de ser alumno-profesor, a confianza que se crea entre todos», explica el profesor. De ahí que el café que comparten después de la hora y media de clase que imparte tres veces a la semana sea una rutina escolar más para Luis y para su veintena de alumnos mayores. «Descubriron unha escola completamente diferente á que viviron», indica el docente.

Y a corroborarlo se apunta Caridad Mato, que, después de tres años en la escuela de mayores, recuperó mucha habilidad en cálculo. «Se fose así a escola de antes... plantábanche unha labazada por menos de nada», recuerda la mujer. «E un pau tamén», apostilla Merceditas Aller. Ella es la delegada de clase y protagonista de otra de las historias de superación que se cuentan en el aula. En realidad, cada alumno tiene vicisitudes de sobra para narrar la suya propia. La de Merceditas, de 75 años, la marca un ictus que la obligó a volver a aprender a caminar y a escribir con la mano izquierda. También la emigración a Londres, que sí le dejó una buena secuela. Habla un inglés envidiable que su timidez le impide enseñar a sus compañeros. «Non quere que saibamos máis ca ela», bromea Carmen Curros, que, con 83 años, maneja la tableta como el mejor pupilo de la generación digital.

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