Una treintena de peregrinos murieron en accidentes en el Camino desde 1993

Muchas personas no acaban la peregrinación por infartos, siete el año pasado

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santiago /la voz

El Camiño de Santiago es un itinerario largo para andar o pedalear a un ritmo normal y no para hacer sobreesfuerzos, porque se pagan. Sobre todo si el calor aprieta. Y es una ruta también para andar ojo avizor y tener cuidado con los coches en los sitios peligrosos. Porque los hay y ocasionan víctimas, aunque han disminuido en los últimos años.

Desde el año 1993 hasta el final del 2016 se han contabilizado en las rutas de peregrinación a Compostela un total de 34 accidentes mortales, la mayoría de ellos causados por atropellos, pero también han concurrido otras circunstancias, desde ahogamientos a caídas, según la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago.

Precisamente en el 2016, uno de los percances luctuosos ocurrió por la caída en un barranco del peregrino salmantino J.F.C.M., de 54 años. Sucedió en Valcarlos (Navarra). El otro accidente mortal ocurrido el pasado año se llevó por delante la vida del belga Jeroen Schelstraete, que al parecer fue atropellado en unas circunstancias aún hoy no aclaradas y arrojado su cuerpo a un contenedor.

En el 2015 hubo un fallecido por atropello en la N-547. Tuvo lugar el 7 de junio en las proximidades del albergue de Arzúa. Fue el único accidente del 2015.

No obstante, y aunque en todos los años ha habido sucesos mortales, existe una irregularidad en la estadística jacobea con mayor sangre derramada en unos años que en otros. En este rastro de accidentes mortales, Galicia ha sido precisamente uno de los escenarios con más percances, más de media docena. El citado de Arzúa es el último. El más grave sucedió en O Pino, con el trágico balance de dos peregrinos alemanes arrollados por un camión.

La peligrosidad de las vías gallegas ha motivado que las administraciones se aviniesen a abordar los puntos de mayor riesgo.

Otro factor de mortalidad en las rutas jacobeas es el de los infartos y muertes súbitas. Son numerosos los percances cardíacos que han impedido en las últimas décadas a muchos peregrinos concluir la ruta jacobea. Desde el 2010 hasta el final del 2016 han ocurrido 34 muertes repentinas de romeros haciendo el Camino. Casi todos son infartos.

Es en los años 2010, 2011 y 2012 donde se producen más lances mortales (7, 7 y 6, respectivamente). El año pasado se sumó a los períodos más negros con siete fallecimientos. Dos acontecieron en peregrinación por Galicia (Pontevedra y A Guardia), con un alemán y un francés como víctimas. El Bierzo, Burgos (dos fallecidos), Manjarín (León) y Almadén de la Plata son las otras localidades. Uno de los casos le tocó a un peregrino catalán que peregrinaba desde Saint-Pied-de-Port en compañía de su hijo mayor en Acción de Gracias por haber superado una grave enfermedad.

El año anterior (2015) hubo tres óbitos por infarto en Valcarlos (Navarra), Molinaseca (León) y en el tramo de subida al Cebreiro, un francés de 36 años.

Solo hubo un hecho criminal constatado en las últimas décadas en la ruta jacobea

 

 

Junto a los accidentes, hay sucesos de índole más siniestra que, por fortuna, son puntuales en el Camino de Santiago, como ha sido el asesinato en las cercanías de Astorga de la norteamericana Denise Thiem. Aunque el crimen conmocionó a la opinión pública en el año 2015, es un suceso aislado. No obstante, y aunque oficialmente se constata un asesinato, hubo algunos casos más que extraños, sin contar el mencionado de San Román de la Vega. Un brasileño desapareció en el 2011 en los Pirineos y fue encontrado muerto dos días después.

Al año siguiente desapareció otro peregrino en Roncesvalles y fue hallado sin vida días después en Ortzanzurieta por unos cazadores. Por otra parte, una persona que cometió un crimen en Barcelona se decidió luego a hacer el Camino de Santiago hasta que fue detenido por la policía en un albergue de Ponferrada. El Camino en sí es bastante seguro, a tenor de cifras y experiencia.

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