Hugo y Yago forman parte del equipo que vela por la seguridad de los bañistas en las piscinas de O Milladoiro y de Bertamiráns
06 jul 2026 . Actualizado a las 08:38 h.A falta de playa, buena es una piscina cuando el mercurio se dispara hasta los 35 grados en la comarca compostelana. Algunos podrían pensar que el calor les hace ver doble estos días. ¿Cómo es posible que esté el mismo socorrista a la vez en las instalaciones municipales de Bertamiráns y O Milladoiro? No, el Concello de Ames no lo tiene haciendo rotaciones de un lado para otro, como quien está atendiendo dos despachos de pan. En realidad, son dos, unos hermanos gemelos de Boiro, Hugo Herbón Yáñez y Yago, de 22 años.
El primero ambos, asignado a la piscina de O Milladoiro cuenta cómo dos jóvenes como ellos han optado por trabajar este verano y renunciar a unas vacaciones de viajes y disfrute pleno, como la gran mayoría de chavales de su edad. Él estudia Lenguas Extranjeras en Vigo y es su primer año como socorrista.
«Empecé a trabajar en la época estival con 18 años, de camarero. Estuve luego otros veranos como monitor en piscinas. Mi hermano durante el año vive en Santiago y es preparador físico en el club de baloncesto y de natación de Ames. Ya había trabajado el año pasado como socorrista y este repite», comenta Hugo. Aunque los dos vuelven a la casa familiar en la temporada de vacacional, «en realidad en verano apenas coincidimos, nos vemos más el resto del año», explica.
Sus padres siempre los animaron a centrarse en sus estudios, pero vieron con buenos ojos que sus hijos quisieran sacarse un sueldo propio aprovechando el tiempo libre: «Durante el curso es difícil compaginar la carrera con un empleo. Es más sencillo trabajar en las vacaciones si estás estudiando, como yo. Es una forma de aprovechar el verano y te ayuda también a pagar ciertas cosas, como un pequeño viaje y otros gastos personales». Hugo aclara que, con este sueldo, «igual me doy algún capricho en enero», pero no está ahorrando para nada en concreto.
A él no le parece que sea nada excepcional que un joven pase sus vacaciones trabajando: «En mi grupo de amigos la mayoría tiene sus trabajos en verano. De hecho, nos cuesta bastante quedar porque todos tienen sus ocupaciones». La suya consiste en velar por la seguridad y bienestar de los bañistas y, con la ola de calor, está habiendo bastante concurrencia, como era de esperar: «El aforo en la piscina de O Milladoiro es de 400 personas. No creo que llegáramos aún a tener tanta gente a la misma vez, pero cerca estuvimos. En los vasos pienso que no pasamos de las 70 en el grande y 30 en la pequeña».
Sus mayores aliados en esta misión laboral son la crema solar y las gafas de sol. La responsabilidad que lo trae de cabeza es «estar alerta de que los niños tengan el gorro puesto y no se tiren del bordillo... lo hacen cada dos por tres, a veces esperan a que te gires a beber agua para hacerlo», dice Hugo con cierta resignación. «Si lo repiten, lo mejor que puedes hacer es echarlos cinco minutos. Cuando están en pandilla es un castigo ejemplar que sirve también para advertir al resto», indica un joven que está preparado para hacer rescates, pero espera no tener que verse en esa tesitura.