La joven diseñadora de Ames premiada por su visión de la moda más funcional y sostenible

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

AMES

Jady muestra el diseño que defendió en la final, cosido en su cuarto, con el que ganó los premios Monza Creative Campus.
Jady muestra el diseño que defendió en la final, cosido en su cuarto, con el que ganó los premios Monza Creative Campus. PACO RODRÍGUEZ

Jady Moniky de Almeida compagina los estudios con su trabajo como camarera de hotel y ganó los Monza Creative Campus de la Universidad Europea de Madrid

08 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En medio de la resaca de la Gala Met, en la que acaparan titulares los looks de los famosos más estridentes, artísticos e imposibles de llevar, una joven estudiante de Ames ha sido premiada por su visión de la moda más funcional y sostenible. Se llama Jady Moniky de Almeida, es de origen brasileño (de Mato Grosso del Sur) y llegó a España con 10 años junto a su madre y su hermano mayor. Se establecieron desde el primer momento en Ames, donde residía una amiga de la familia, y hoy siguen viviendo allí, en Raíces (Biduído). En esta casa han celebrado con sumo orgullo el primer premio que ganaba esta misma semana la más joven de ellos, de 20 años, en la final de los premios Monza Creative Campus de la Universidad Europea de Madrid, un espacio pensado para impulsar el talento de los estudiantes de Arte, Diseño y Tecnologías Creativas.

La alumna de segundo curso (en la modalidad semipresencial) explica que el objetivo era diseñar uniformes y llevar la moda al campo laboral en este certamen, impulsado por su universidad y una compañía de vestuario de trabajo con más de 65 años de historia. Esta idea motivó a una veinteañera que compagina sus estudios con su empleo como camarera de hoteles en Compostela, de extra, por lo que conoce bien las necesidades y posibilidades de la uniformidad.

Creó, así, tres diseños para el sector de la hostelería: «Mi idea fue hacer algo funcional, algo con lo que yo me sentiría cómoda usándolo en el día a día. Coincidió que, cuando surgió la posibilidad de presentarme al concurso, estaba saliendo mucho el tema del Camino de Santiago en las conversaciones con mi pareja y familia. Me inspiré en él: en los colores piedra, el cielo grisáceo, la tonalidad de la vieira, el verde musgo que nos rodea...». Todo ello lo trasladó a tres uniformes pensados para un chiringuito, «que es un lugar de trabajo muy informal, al que a todos nos gusta ir para desconectar», apunta Jady.

«Hice un diseño para un repartidor, con piezas desmontables en mangas y piernas pensando en los cambios de temperatura desde que empieza su jornada con el frío de primera hora hasta que la acaba, con capucha por si llueve y un punto de inspiración en el senderismo. Adaptar el uniforme para que sea de manga corta o larga es una forma también de sostenibilidad, porque así en vez de dos piezas produces solo una. Presenté un segundo diseño para un camarero, es ya algo más fluido, con una camisa oversize para que el trabajador no se sienta preso. Y la tercera propuesta, la hice pensando en un encargado, con un pantalón también desmontable de corte más recto y un panel superpuesto en el pecho de la chaquetilla, pensando en que la pieza se pueda reemplazar por el desgaste en vez de tener que adquirir una nueva», explica.

Este último diseño es el que confeccionó en su propio dormitorio, donde tiene una máquina de coser, para presentarlo a la final. «Me pase dos semanas encerradita, sin ver la luz del día, para prepararlo. Solo salía para trabajar, pero mereció la pena», dice la vecina amiense, quien convenció al jurado no solo con su ejecución sino también con su exposición, en la que defendió su propuesta, hablando de su inspiración y de los beneficios de las prendas, apoyada en un vídeo de presentación.

Ella no siempre tuvo claro que quería dedicarse a la moda, afirma: «Cuando llegué a cuarto de ESO no sabía qué hacer de mi vida, es una edad en la que tenemos que tomar decisiones sobre nuestro futuro que no siempre tenemos claras. No me veía encerrada en una oficina y tampoco. Estaba muy nerviosa porque no sabía qué quería hacer y a nadie le gusta perder un año. Yo lo pasé fatal ese verano, llorando, sin tener claro donde meterme. En ciencias, ni de broma, y tampoco me interesaba la rama de ciencias. Me metí en artes por descarte, aunque considero que los ciclos tienen a menudo muchísimas salidas laborales». Se matriculó en el IES Antón Fraguas de Santiago, interesada por el mundo de las artes escénicas, «pero es complicado tener una estabilidad y vivir de eso», incide. 

«Cuando llegó la EBAU me volví a ver en la misma situación, no sabía en qué carrera inscribirme y solo puse una opción porque no veía ninguna otra que me convenciese: la facultad de Diseño de Pontevedra. Al final no me llamaron porque entraron otras personas con notas más altas antes que yo. No tenía un plan b, y mi madre habló con una coordinadora de Alca que le recomendó la Europea. Tenía la opción de estudios semipresencial en Madrid. La presencial no me la podía permitir, pero esa sí, compaginándola con un empleo. Al empezar el grado cumplí los 18 y empecé a trabajar aquí».

Cuenta que desde pequeña ya tuvo cierta debilidad por el diseño de moda, obligada por su situación económica: «Le hacía la ropita a mis muñecas en Brasil, porque no había dinero en casa para comprársela». Reconoce Jady que ha descubierto de adulta una carrera que «me gusta mucho, aunque no sé a qué dedicarme». «Me gustaría crear una marca de bikinis, por ejemplo, y llegar a trabajar con una firma interesante me haría muchísima ilusión», matiza.

Además de un diploma acreditativo del premio Monza Creative Campus, ha ganado unas prácticas en los talleres de la empresa textil en junio y 2.500 euros. Y, entre las felicitaciones por parte de su entorno que destaca, está la de su madre, quien «se volvió loca de alegría». Agradece el apoyo que tuvo por parte de su familia y el de su novio, que «estuvo conmigo todo el rato, me acompañaba a Madrid cuando tenía que ir y, cuando estuve cosiendo día tras día, siempre estuvo al lado, acompañándome y animándome en el proceso». Esta joven habladora y extrovertida, que no ha descartado del todo el mundo de la actuación, defiende otro tipo de moda pensada para el ciudadano de a pie y la funcionalidad: «El sector debería animarse a hacer más cosas sencillas, porque siempre tiramos por el lujo, pero puedes crear propuestas artísticas y sacar cosas preciosas aunque sea para un chiringuito».