La coreana de Ames que ayudó a un compatriota en el 2012 y a la que él localizó: «No puedo expresar lo emocionada y sorprendida que estoy»
AMES
Ji Young Kim, que reside en Bertamiráns desde hace 25 años, amaneció ayer con múltiples mensajes en su móvil que le avisaban de que el también coreano Jaemun Ju la buscaba para trasladarle un mensaje. «Quería cerrar este círculo de gratitud después de 14 años», había publicado él en redes previamente, en un mensaje ya viral
30 abr 2026 . Actualizado a las 20:22 h.Alucinada y muy agradecida. Así se confiesa la coreana Ji Young Kim, de 56 años, horas después de conocer que un compatriota, Jaemun Ju, que había realizado el Camino de Santiago en el 2012 y al que ella había ayudado en Bertamiráns, la buscó a través de un mensaje, ya viral, en redes para intentar trasladarle, 14 años después, su sentido agradecimiento. «Yo no uso mucho Facebook, pero ayer cuando me levanté, y después de que muchos usuarios hubiesen leído el comentario, el móvil no me paraba de sonar con mensajes de amigos y conocidos que me avisaban», reconoce Ji Young Kim. «Es cierto que al pasar tanto tiempo, y al ir acumulando más vivencias con otros peregrinos, lo tenía en parte olvidado, pero al leer ese comentario rápidamente me acordé», apunta aún asombrada tanto por el gesto de Jaemun Ju como por la gran repercusión lograda. «Es todo muy bonito», refrenda.
Ji Young Kim, nacida en Seúl, explica que llegó a Galicia hace 27 años. «Fui a Francia para estudiar francés. Allí conocí a un gallego, nos enamoramos, y me vine a esta comunidad, primero a Santiago, durante dos años, y desde hace 25, a Bertamiráns, donde vivimos, y donde en el 2012 conocí a Jaemun Ju», recuerda. «Yo estaba en una cafetería de la avenida da Maía tomando algo con una amiga cuando vi entrar a dos peregrinos. Aún sin escucharles, me parecieron coreanos, y me acerqué», rememora sonriendo y reconociendo que cuando ella llegó a Galicia en su país natal la ruta hacia Santiago era casi desconocida, viviendo por tanto ella desde Ames el crecimiento del bum de coreanos en el Camino. «Jaemun Ju recordó en Facebook que se habían perdido en su trayecto hacia Negreira y que terminaron en Bertamiráns comiendo unos sándwiches. Yo quise ayudarles. Les invité a comer. Les dije que, cuando terminasen su ruta hasta Fisterra y Muxía y volviesen, les prepararía en casa unos platos», rememora aludiendo a una comida que Jaemun Ju calificó de «inolvidable». El coreano, además de poner en valor que Ji Young Kim les ayudase económicamente para poder continuar su Camino, aseguró que el encuentro con la coreana «cambió mi vida».
«En esos años yo, que soy ama de casa, estaba muy centrada en mis dos hijos. El mayor necesitaba mucha atención. Pero, aún así, dentro de mis posibilidades intentaba ayudar. Creo que ese día les preparé la clásica sopa coreana, con miso, así como pollo y kimchi, otro plato típico, conocido como la fermentación de la col china», recuerda, alabando Jaemun Ju en redes no solo las recetas, sino la charla posterior. «Aquella tarde compartió con nosotros su historia: la soledad de vivir en el extranjero y su lucha valiente por aceptar y amar con todo el corazón el autismo de su hijo mayor. En aquel entonces yo era joven, pero hoy, siendo padre de una niña de cuatro años, entiendo perfectamente el peso de sus palabras y la inmensa nobleza de su corazón», explicaba el coreano en Facebook, razonando así, y mientras aportaba algunos datos físicos que recordaba de la mujer por si los usuarios la conocían y le ayudaban a encontrarla, su mayor anhelo. «Deseo profundamente cerrar este círculo de gratitud después de 14 años», acentuaba y explicaba cómo en una mudanza reciente perdió el papel donde había escrito el nombre de la coreana y que fue una española, vecina suya en Corea, la que le animó a compartir su historia en un grupo de redes sociales compartido por gente de Santiago y Ames para intentar que su mensaje de agradecimiento llegase a su destino.
«Yo soy muy impulsiva y creo que hospitalaria. Intento hacer lo que me gustaría que me pasase a mí, más aún en un país extranjero», resta importancia Ji Young Kim, aclarando que siempre que pudo ayudó a compatriotas. «Muchos comieron en casa y alguno hasta durmió. De hecho, en las últimas horas mis hijos me lo recordaron», señala riendo.
«Con el paso de los años, y viendo a tantos peregrinos coreanos, yo pensaba en que ojalá algún día podría ofrecerles de forma más continuada mi ayuda. En el 2019, ya con mis hijos mayores, llegó ese momento. Comencé como voluntaria en la Oficina del Peregrino de Santiago, adonde acudo tres días a la semana. Allí los caminantes te devuelven mucho más de lo que les das. Para mí son una fuente de felicidad porque me cuentan sus experiencias. Y también me hablan de mi país. Me agrada mucho escuchar a los peregrinos mayores coreanos», comparte ilusionada. «En esa oficina acumulas experiencias. No olvido cuando una compatriota, que peregrinó desde Saint Jean Pied de Port, se desmayó al llegar al Obradoiro. Al final debían operarla por algo grave del intestino. Al desconocer el idioma, y necesitar su autorización escrita, me llamaron a mí para ayudar a traducir todo. Esa ayuda te hace a ti también sentir bien», relata, y apunta que sigue en contacto con varios de esos peregrinos a los que conoció. «Lo de ayer no me hubiese sorprendido tanto si el gesto partiese de algún caminante que conocí recientemente en la oficina, pero ¡en este caso habían pasado 14 años!», destaca.
«Tras conocer la búsqueda de Jaemun Ju, y al aportar él en redes su teléfono, le escribí un mensaje en KakaoTalk, el WhatsApp coreano. Le dije que no podía expresar lo emocionada y sorprendida que estaba. Ayer me fue imposible, pero este jueves o el viernes hablaremos con calma por teléfono», avanza con ilusión Ji Young Kim.
«Ver cómo se movió para intentar trasladar su gesto de agradecimiento es lo más bonito de esta historia. Y saber también que gracias a mucha gente de Ames lo consiguió. Aún no me lo creo», concluye.