La peluquera tenaz que quería ser militar y luchó hasta que logró tener en Ames el salón con el que había soñado

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

AMES

Fátima Prego (en la foto, sentada), se deshace en halagos hacia su equipo. De izquierda a derecha, Cristina representa para ella la veteranía y las ganas de renovarse; Xeila (la última incorporación), el empuje de la gente joven; Mary, el buen hacer y la constancia; Patricia confió a ciegas en su proyecto desde el primer día y es, dice, la serenidad y la implicación personificada; y, por último pero no menos importante, María es todo positividad y entrega.
Fátima Prego (en la foto, sentada), se deshace en halagos hacia su equipo. De izquierda a derecha, Cristina representa para ella la veteranía y las ganas de renovarse; Xeila (la última incorporación), el empuje de la gente joven; Mary, el buen hacer y la constancia; Patricia confió a ciegas en su proyecto desde el primer día y es, dice, la serenidad y la implicación personificada; y, por último pero no menos importante, María es todo positividad y entrega. CEDIDA

Fátima Prego celebró el quinto aniversario de un negocio que se ha convertido, desde O Milladoiro, en un referente para la profesión

31 ene 2023 . Actualizado a las 08:34 h.

Tiene una personalidad arrolladora, de las que no pasan inadvertidas en ningún lugar. Fátima Prego es un torbellino lleno de energía, que pone el corazón en todo lo que hace y lleva el buen humor por bandera. Es una de las vecinas y peluqueras más queridas de O Milladoiro (Ames) y se lo ha ganado a pulso, aunque cuenta que lo que ella quería era ser militar o cocinera de niña. Llegó a tener los papeles para alistarse en el Ejército, «pero non daba a altura», recuerda entre bromas sobre cómo se vería una cabo de su complexión, «de metro e medio mal medido». Su padre terminó de quitarle la idea de la cabeza y así fue como aquella joven de Cuns, una aldea de Outes, acabó en el sector de la imagen y estética, contra todo pronóstico. Ella nunca fue de peinar muñecas de pequeña, sino de jugar al fútbol, correr y gritar hasta perder el aliento; pero confiesa que «sempre fun súper coqueta, dentro das posibilidades que tiñamos». Y, una vez que le sacaron de la cabeza un futuro castrense o en la hostelería, se inscribió en la Academia Llongueras de Santiago.

Comenzó su formación con la ayuda incondicional de sus padres y hermana. Ejerció como peluquera por primera vez en Noia, aunque donde realmente hizo callo fue en Llongueras. «Colléronme aos tres meses de empezar a estudar alí, e pasei 17 anos con eles», rememora la estilista, quien trabajó la mayor parte de este tiempo en el centro de la calle Alfredo Brañas. «Despois de tanto tempo, lanceime á aventura de montar a miña propia perruquería cando a miña nena tiña 2 anos e ía empezar no colexio, por un tema de conciliación. Ademais, levaba anos traballando con produtos con amoníaco e cada vez me afectaba máis a min a nivel da pel e das alerxias, do mesmo xeito que lle tiña que pasar ás miñas clientas, polo que quería facer as cousas de forma distinta e intentar aportar un concepto novo», indica Fátima. Con la calidad como puntal y una línea de productos totalmente orgánicos (la de Davines), emprendió su vida como autónoma en la rúa das Hedras, en Novo Milladoiro.

Al principio, ni ella misma tenía claro que un salón de belleza nuevo, en medio de un polígono, llegase a funcionar, pero con mucho esfuerzo se labró un nombre en la profesión. Tuvo que comer muchos días de pie, trabajar de sol a sol y renunciar más de lo que le gustaría a la conciliación; «pero teño unha persoa na casa que me apoiou sempre ao 200 %, Santiago, e sen el non houbera sido posible chegar hasta aquí». En diciembre cumplía su negocio, Fátima Prego Estilistas, el quinto aniversario. Tras superar una pandemia y muchos quebraderos de cabeza, la outiense quiso reunir este fin de semana a más de 60 personas en el restaurante Pórtico de Teo para celebrar su victoria en el terreno laboral y personal. Y es que ella, más que clientas, hace familia... una que no deja de crecer, tanto por su profesionalidad como por su calidad humana, tanto que a su salón acuden personas desde Cee o Forcarei, porque el viaje merece la pena.

De estos últimos cinco años, Fátima se queda con «toda esa xente nova que coñecín e maila clientela de Santiago que me seguiu ata aquí», dice una mujer «tremendamente orgullosa» de las personas que la rodean en su día a día en la que considera su casa, «unha moi grande na que o paso súper ben». Para ella, no hay mejor motivación que hacer sentir bien a las personas que cruzan la puerta de su establecimiento, «que cando saian por ela digan: "guau!"», dispuestas a comerse el mundo. «Máis que dedicarlle tempo a xente, a min gústame traspasar esa barreira que che separa das clientas... e non é un papel ou algo que vaia forzando, é algo que me sae», constata esta profesional híper extrovertida que exhala pasión por lo que hace.

Hoy todavía se emociona hablando del cariño que recibe y que, más que nunca, quedó demostrado en la fiesta del quinto aniversario de Fátima Prego Estilistas. Fue una cita especial, en la que no faltaron los pinchos ni la música y animación. Incluso contó con la actuación de Marta Doviro, una de sus clientas habituales. Y hubo cabida también para las sorpresas, entre otras, a su madre (Juana), que el sábado cumplió sus 72 años y dice -a boca llena- estar orgullosa de su hija pequeña.

Fátima es el ejemplo de que no importa donde esté tu empresa ubicada, sino lo bien que lo hagas: «Trátase de facelo o mellor que saibas, como se soe dicir, e que o teu traballo e actitude falen por ti. Así vaste facendo un oquiño. A xente fala ben de ti, recoméndante e acaban vindo máis persoas, ainda que teñan que percorrer un montonazo de quilómetros. Con tantas perruquerías que hai, para min é un orgullo que te elixan. Se o fan, penso que é porque marchan contentas cos resultados, fágoas sentir como na miña casa e rinse un ratiño conmigo... porque estou como unha caldeireta, hai que recoñecelo». 

Tras la pandemia, indica, cada vez es más consciente de que existe un estado de desánimo cada vez más generalizado: «Todos, en maior ou menor medida, o pasamos mal e tivemos as nosas complicacións a nivel persoal. E, empresarialmente, moito peor... Eu estou satisfeita porque non só non mandei a ningunha das miñas empregadas a un ERTE, senón que ampliei o equipo. Houbo un momento no que chegamos a ter 250 persoas en lista de espera, e a xente apoioume a tope».