Silvia del Río: «Non coñezo a ninguén máis na venda ambulante de carne fresca»

Esta amiense de 48 años cubre rutas en Ames, Teo, Brión, Padrón y Rois cuatro días a la semana


padrón / la voz

El confinamiento domiciliario y la limitación de la movilidad pusieron en valor la venta ambulante que existe de toda la vida en el medio rural. Ultramarinos o pescado son los productos más comunes que llegan a la puerta de muchos vecinos de aldeas de Galicia, pero en la zona de Santiago hay otro menos habitual del reparto: carne fresca.

Desde el año 1980, aproximadamente, la familia de Silvia del Río Nadal, vecina de Ames, se dedica a ello. Empezaron sus padres y, desde hace diez años, se dedica ella sola al negocio, Carnicería del Río, tras el fallecimiento de su padre primero y la jubilación de su madre después. «Eu sempre lle axudei a eles e, ao final, quedei coa venda», explica Silvia del Río, de 48 años.

Cuatro días a la semana se echa a la carretera para cubrir sus rutas de venta de forma tradicional, puerta por puerta, que pasan por los municipios de Ames, Teo, Brión, Rois y Padrón. «Todo é zona rural e hai clientes que compran dende que empezaron meus pais», relata la vendedora.

Hace justo un año, durante el confinamiento domiciliario más estricto, notó «un incremento moi importante» de las ventas, aunque dice que durante el último año «traballei moi ben, pero cando a xente estivo pechada nas casas non paraba de comprar mercancía, como se quixese facer acopio; pasou algo similar ao papel hixiénico», cuenta.

También nota un incremento de las ventas cuando hay limitaciones de la movilidad. Sus clientes son, mayoritariamente, personas mayores y, en muchos casos, «tamén son amigos; a uns lles fago de confidentes, outros pídenche a túa opinión...», cuenta.

El futuro de su profesión lo ve «incerto porque as xeracións que veñen non traballan tanto así», dice Silvia. A día de hoy, ella «non coñezo a ninguén máis» que se dedique a la venta ambulante de carne fresca y, aunque es joven, ya ve el relevo bastante difícil. «Non creo que haxa», dice.

Vende carne de primera calidad y de confianza, así como productos elaborados por ella misma en su obrador situado en Bugallido, según explica. Además de las rutas, también atiende pedidos telefónicos y sus clientes, esos que también son amigos, le insisten para que disfrute más de una semana de vacaciones al año.

Y ella no le permite «a ninguén que me deixe os cartos na porta», cuando pasa con el reparto y no hay nadie en casa para recoger el pedido.

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