m. Mosteiro
santiago / La voz

A marchas forzadas tuvieron que trabajar ayer los servicios de limpieza y jardines de la capital gallega para borrar el rastro que dejó a su paso la borrasca Beatriz. Fue una puesta a punto, además, a contrarreloj, aprovechando que el tiempo dio una tregua. Teniendo en cuenta la llegada hoy de un nuevo frente, se redoblaron los esfuerzos para retirar las numerosas ramas y troncos que se desplomaron sobre la vía y espacios públicos, así como los restos de vegetación que dificultaban el paso y obturaban la evacuación de agua en la red de alcantarillado.

Un grupo de operarios se encargó a primera hora de trocear y de retirar en un remolque el enorme tronco del roble americano que se precipitó sobre la avenida Ángel Jorge Echeverri, en el Campus Vida, causando daños a varios vehículos estacionados. Pero este no fue el único árbol caído, también los había en la Alameda, Codesedas, Bar de Abaixo, O Queiroal, rúa do Bidueiro, Fecha, Conxo, Vite o Laraño.

El paseo de los Leones y otros pasillos centrales de la Alameda se convirtieron en una pista de obstáculos para los corredores asiduos más madrugadores, que tuvieron que esquivar ramas y follaje antes de que fueran despejados. En este caso, en vez de amontonar los restos y triturarlos en la misma zona para servir de abono, como es habitual, fueron trasladados al vivero de Lamas de Abade para evitar que se acumulen con los del nuevo frente.

En Bonaval, otro de los parques cerrados preventivamente por el Concello, también tuvieron que emplearse a fondo para retirar los frutos y ramas caídas (algunas de roble, de considerable tamaño); al igual que en el campus universitario, donde se contó como refuerzo con los medios del servicio de jardinería de la USC. Con todo, los estudiantes que acudieron por la mañana al Campus Vida se encontraron con numerosos obstáculos en su camino. Secciones de arce en las aceras, frente al Cesga, o numerosas balsas de agua en el entorno del Observatorio Ramón Aller Ulloa y de Feáns.

Además, Beatriz dejó buena parte de las calles de la ciudad cubiertas de hojas resbaladizas. En la avenida de Castelao, la calzada amaneció sembrada de un espeso manto ocre. Y en los contenedores, decenas y decenas de paraguas -de todos los tamaños y colores- que no resistieron la virulencia de las rachas de aire, inclementes con vecinos y turistas. Aunque no hubo que lamentar daños personales, en el casco histórico tejas y cristales cayeron sobre la vía en la zona de San Paio de Antealtares y Preguntoiro.

En otros municipios

Aunque los efectos de Beatriz fueron numerosos en la capital gallega, la borrasca también se dejó notar en los otros concellos de la zona, donde también hubo varias incidencias. La tarde-noche en Ames, por ejemplo, fue intensa y Protección Civil atendió una docena de avisos, entre árboles caídos, inundaciones, tejas y algún accidente de tráfico.

Más de media docena de paraguas rotos se contabilizaban ayer a ambos lados de la mediana que atraviesa la avenida Rosalía de Castro, en Milladoiro.

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Beatriz fuerza una puesta a punto a contrarreloj