La historia de la pediatría en Santiago

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

AMES

PACO RODRÍGUEZ

Lojo Batalla ocupó la primera cátedra de la especialidad en 1887, Gil Casares fue de los más relevantes y hubo alguno que ni pisó Compostela

03 jul 2017 . Actualizado a las 10:58 h.

La pediatría, como tal especialidad, es reciente en la medicina. Desde el punto de vista asistencial y docente estuvo mucho tiempo vinculada a los tocoginecólogos, y en el ámbito académico a una asignatura denominada Teoría y clínica de partos, enfermedades de las mujeres y de los niños. Con motivo del Congreso de la Asociación Española de Pediatría que acogió la capital gallega, esta entidad dedicó su último Cuaderno de Historia a Galicia, y en concreto uno de los capítulos se centró en la trayectoria de la cátedra de la pediatría en Santiago desde la primera, en 1887, hasta el año 1942.

Las modernas cátedras surgieron en 1886 denominándose Enfermedades de la infancia con su clínica. La primera de Santiago llegó en 1887 de la mano de Juan Lojo Batalla, de la parroquia de San Lorenzo de Agrón, en Ames. Aunque sus publicaciones fueron escasas, destacó una sobre la pelagra, una enfermedad a la que aconsejaba combatir con un remedio dietético a base de carne fresca, leche y huevos.

A Juan Lojo le siguió uno de los médicos más insignes de Galicia, Miguel Gil Casares, cuyo nombre lleva uno de los hospitales compostelanos, y que estuvo pocos años como catedrático de pediatría, ya que en 1901, tras solo cuatro años en el cargo, optó a la de clínica médica. Pero desarrolló una destacada labor pediátrica. Fundó el Sanatorio Antituberculoso de La Lanzada, dirigido a tratar la tuberculosis ósea infantil, y dirigió la Inclusa de Santiago largo tiempo, aún siendo ya catedrático de clínica médica. Podía haber abandonado esta institución ya en 1901, pero la ejerció gratuitamente durante años. Y eso que no era fácil. Estuvo al menos una década y defendió el papel de este organismo ante las críticas por la mortalidad de los niños encargados a nodrizas externas. Porque era verdad que la mortalidad era alta, pero Gil Casares hizo un gran esfuerzo «por dignificar una institución pobre y mal atendida, teniendo que escoger muchas veces entre una opción mala y otra peor».

Paso breve de Jover i Puig

A Gil Casares le siguió Antonio Jover i Puig, tal y como recoge el trabajo de Fernando Ponte Hernando, Cristina Pandelo Louro y Ana García Esmorís. Este sí que fue un paso breve. Cirujano en Londres, llegó a Santiago desde la Universidad de La Habana, de donde se marchó al producirse la independencia de la isla en 1898. Decir llegó es algo ambicioso, porque ni tan siquiera tomó posesión.

La cátedra de la pediatría estuvo desierta en numerosas ocasiones durante este tiempo, y entre sus ocupantes destacan Eduardo García del Real o Enrique Nogueras Coronas, quien estuvo poco más de dos años. Llegaría entonces Víctor García Ferreiro, de Negreira. Pese a regresar desde Salamanca a su tierra, se quejó en una carta a Miguel de Unamuno, rector en aquel momento de la Universidad de Salamanca, «del escaso o nulo orden, disciplina y cohesión que había entre los miembros del claustro compostelano».

Víctor García se quejaba a Miguel de Unamuno del nulo orden del claustro compostelano

Gil Casares hizo un gran esfuerzo por dignificar la Inclusa y ejerció de director de forma gratuita