Los asistentes a la celebración destacaron del médico y catedrático de Medicina Interna su mimo con los pacientes
21 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.1Es un corredor de fondo, dicho por sus colegas, y un médico de los de antes, dicho por sus pacientes. Y aunque su vocación no termina con la jubilación, Antonio Pose Reino ha cumplido 70 años, así que dispondrá de más tiempo para disfrutar de los nietos, «un estímulo» extraordinario en su nueva peripecia vital, tal como afirmó ante un centenar de personas en su casa grande de la aldea de Seilán (A Baña). También tuvo amorosas palabras para su mujer, Isabel, e hijos durante la fiesta que familia y amistades le organizaron una noche de calor ambiental y emocional, en la que manifestó sentirse «muy feliz». Las personas que lo acompañaron tenían en común, entre otras cosas, haber sido atendidas y cuidadas por el doctor Pose, catedrático de Medicina Interna y jefe del servicio entre el 2017 y el 2022. «La medicina es al mismo tiempo ciencia y arte. Para ser buen profesor debes ser buen médico. Los estudiantes de Medicina son competitivos, inquietos, innovadores y solidarios, pero les falta motivación. Algunos van a Medicina porque tienen buena nota, pero también hay vocacionales que se quedan fuera. Hay estudiantes que te superan en conocimientos». Son estos algunos titulares que dejó el profesor Pose en entrevistas de los últimos años aparecidas en La Voz; así como la «oportunidad de reorientar el modelo organizativo asistencial con mayores recursos humanos», tal como apuntó en un foro sobre la reforma del sistema nacional de salud que se celebró en los estertores del año pandémico. Desde la Cátedra de Cronicidad de la USC que dirigía con Montse Sánchez-Agustino, ambos reunieron un grupo de residentes voluntarios para encargarse de poner en relación a los pacientes aislados por el coviu y sus familias, a través de vídeo-llamadas o haciendo de palomas mensajeras. Fue una increíble experiencia que marcó a la prometedora juventud sanitaria, tal como se recordó públicamente durante la velada, que fue animada a los postres por un entonado grupo de mariachis. Así que rancheras y corridos volaron por entre las mesas para regocijo de grandes y pequeños. No faltaron «Las mañanitas» ni «Cielito lindo» en el clásico repertorio exhibido por los muchachos de sombrero mexicano, programa que terminó por animar a la gente a bailar, mientras Antonio confesaba que hoy era un día «muy especial» para él. Desenchufada la amplificación de los músicos al tiempo que anochecía el homenaje que se le tributaba a este santiagués discreto e imprescindible, aún surgieron los espontáneos con guitarra y canciones de autor. Mojitos y gin-tonics elevaban garganta y corazones con la nostalgia de Aute, Nino Bravo, Sabina, Fuxan... además de un verbenero popurrí, palabra de la época, del pop español de los años setenta. Solo faltó un tango, a cuya danza argentina se aficionó en los últimos años el protagonista de la fiesta. Por muchas mañanitas felices y noches de complicidad y canciones para la familia Pose Méndez.