Sergio Fernández, vicepresidente de Hostalaría.gal: «Con el volumen de negocio actual es imposible amortizar una discoteca»
SANTIAGO
«El 70 % de los locales del Ensanche cerraron y los del casco son pequeños»
06 sep 2026 . Actualizado a las 21:03 h.Sergio Fernández llegó al sector de la hostelería en el 2004, cuando asumió el café-bar Século IX en Santiago, y durante algún tiempo contó también con El Tebeo de Noia. Prácticamente desde sus inicios se implicó en el movimiento asociativo, y formó parte de la desaparecida Hostelería Compostela. Actualmente es vicepresidente de la Asociación Hostalaría.gal y vocal de la de Pub, Bares e Discotecas.
—El sector de la hostelería nocturna no vive su mejor momento.
—Sufrió un bajón, pero algunos veníamos hablando de esto desde hace unos diez años. Es algo que empezó mucho antes que la pandemia, y que llevó a una transformación del sector. Se fue hacia la tarde o a intentar compatibilizar tarde y noche.
—¿El tardeo gana a la noche?
—Muchos locales cerraron al perder clientes de noche, y otros establecimientos pasaron a explotar la tarde y la primera copa. El modelo del pub tradicional no es suficiente para mantener el negocio.
—¿Este cambio vino desde el sector o le vino impuesto por un cambio de hábitos?
—Hubo varias cosas. No podemos hablar de un único factor. El volumen de negocio es ahora más pequeño. Se produjo, todo el mundo lo sabe, una reducción de estudiantes con respecto a los años 90 y 2000. En la zona nueva desaparecieron el 70 % de los locales, y los que quedaron fueron hacia la especialización, y son pequeños. Se cerraron muchos locales, y entre ellos, los más grandes. Es que, en la zona vieja, todos los locales son de dimensiones reducidas. Hace años, los estudiantes eran el cliente de invierno, y en verano teníamos al turista. Ahora flojean los dos. Hace unos años sabías cuándo salían los estudiantes, ahora no. En fechas señaladas, salen de Santiago.
—El sector hotelero se queja de malos resultados en los dos primeros trimestre del año.
—Y nos afecta. Somos como una mesa, si falla una pata, se cae toda. Ciudades como Vigo y A Coruña estaban al 100 %, Santiago... El turista no se queda a dormir, y por tanto, no va de copas. Cierto es que el cierre del aeropuerto nos afectó mucho.
—¿Cree que se tiende a que haya menos locales?
—Lo veo claro. En todas las ciudades universitarias se está viendo el cambio de hábito de los estudiantes. En los 90 salíamos miércoles, jueves, viernes... Los hosteleros sabíamos qué días eran los de salir, y ahora es un misterio. Piensas que puede ser un buen día y flojea. Los estudiantes salen cada vez más en el tardeo de Santiago, y escogen otras ciudades para las fiestas de noche. El problema es que Santiago no tiene suficiente aforo para los días de alta afluencia de estudiantes o turistas.
—¿Por qué?
—No caben, literalmente. Los locales que siguen funcionando no pueden absorber los días de alta presencia turística o de estudiantes. No hay locales grandes, no hay discotecas. Hace 10 años que no se abre un local nuevo. No hablo de uno que cambia de ubicación, o un empresario que asume la gestión de otro que funcionaba. No hay establecimientos con metros suficientes para que un empresario asuma la inversión en Santiago que supone abrir una sala grande. El coste de acondicionar un bajo para un local de ocio nocturno, un simple pub, es estratosférico. Imposible de amortizar con el volumen de negocio actual.
—¿Ese elevado coste es por los requisitos para evitar problemas con vecinos?
—Ese no sería el problema. Si fuera amortizable en un tiempo razonable, si el local fuera grande y la burocracia más rápida, habría opciones. Pero el volumen de negocio es mucho más bajo.
«Se van a Chanteclair porque no tienen dónde meterse»
—Las quejas por ruidos son una denuncia reiterada de los vecinos. Usted lleva muchos años en la noche, ¿qué opinión le merecen estas denuncias?
—Antes de abrir ya suena la alarma y se ponen de uñas. Ahora mismo, los requisitos para acondicionar un local son tan grandes que ninguna edificación debería tener problemas con un local de copas.
—Pero hay quejas, los vecinos incluso piden que se prohíban en zonas residenciales.
—Ya hay unas zonas declaradas saturadas, que en realidad ya no lo son. Deberían revisarse, porque hay calles en las que queda uno o ninguno. El problema de ruido es en la calle y en zonas de tránsito de un sitio a otro. No es el local. Se asocia ruido a la hostelería, pero si entramos en esa dinámica, lo cerramos todo. También la Catedral, porque hay algunos peregrinos que hacen ruido.
—¿Falta diálogo con los vecinos?
—Nosotros también somos vecinos. Yo vivo en la zona vieja, y el 80 % de los hosteleros que conozco viven por aquí. Creo que se magnifica el problema. Ni todos los clientes de los pubs generan ruido ni todos los peregrinos vociferan. Creo que son momentos y días puntuales. Hay días que a las siete de la tarde no hay nadie en Santiago. A los locales que trabajan de noche se les hicieron en los últimos años muchas inspecciones. Los locales están no solo mejor que en otras ciudades, sino mucho mejor que hace años. El volumen de negocio bajó y los días con más salida nocturna no tiene capacidad para absorberla. ¿Por qué se va a otras ciudades para fiestas especiales?
—¿Por moda?
—Es porque aquí no tienen donde meterse. Si la gente pudiera estar dentro de los locales, no habría ruido en la calle al moverse de un lado a otro para encontrar donde ir. Se van en tren y bus a Chanteclair y a A Coruña, porque tienen grandes locales. Aquí cerramos discotecas, ellos nos gana la partida.
—¿Hace falta una asociación de hostelería fuerte para que su voz sea escuchada en los despachos?
—Estamos en camino. Va un poco más lento de lo que nos gustaría, pero en Hostalaría.gal empezamos siendo 25 y ya somos 120. La gente suele asociarse cuando necesita información y, sobre todo, cuando salta un problema grave. Vamos creciendo poco a poco, y creo que acabará siendo un referente en el sector.