Santiago renueva su tradición de multitudes

francesca simonelli / i. c. SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Día del Apóstolo con el casco histórico desbordado y enormes colas para entrar en la catedral

25 jul 2026 . Actualizado a las 23:17 h.

El gran día llegó, y con él una ciudad que rebosaba alegría y ganas de festejo. A las 11 de la mañana, una inmensa fila recorría la rúa do Franco, con visitantes expectantes por comprender por qué había tanto retraso para poder entrar a la catedral; o por qué, en general, había tanto movimiento en las calles del casco histórico de Santiago un sábado por la mañana. Poco sabían que la ofrenda al Apóstol ocupaba la catedral, y que la salida de los Cabezudos estaba por empezar.

Desde las 8.05 horas llevaban esperando Alejandra Martínez, María Teresa Urbiola y Paulina Martínez para poder entrar en la gran iglesia de Compostela. Provenientes de México, el día anterior habían terminado su ruta de peregrinación desde Baiona sin saber que en su primera noche en Santiago la cantante Lila Downs daría un concierto en la praza da Quintana. Aun así, el despiste inicial no empañó la primera impresión de la ciudad. «Santiago es un lugar muy hermoso y más grande de lo que esperábamos. Cuando pasamos por Palas de Rei y Padrón, no nos imaginábamos que nos encontraríamos un sitio como este», señalaban.

Mientras turistas y peregrinos continuaban en la fila, otros comenzaban a concentrarse alrededor de Praterías, esperando con ansias la llegada de los Cabezudos. Cerca de las 11.30 estas figuras hicieron su aparición por la plaza en un escenario improvisado especialmente para ellos, donde las familias se reunieron para que los más pequeños bailaran al ritmo de la música tradicional que acompañaba a la comparsa.

Los compostelanos observaban con la misma pasión de todos los años como bailaban estas figuras, incluso aquellos que suelen optar por encuentros más alejados del folklore gallego. Entre ellos estaba Rosana Regueiro, quien confesaba que, durante las fiestas, lo suyo es «bajar por las tardes y disfrutar de la música en la Quintana o la Alameda». Este año se sumó a la programación cultural para acompañar a una amiga, y aunque disfruta del ambiente, admite que preferiría que se apostara por propuestas musicales más ambiciosas para los conciertos del Apóstolo. «No me importaría si fuera de pago, pero es que Santiago merece mucho más durante sus fiestas».

Mientras los Cabezudos seguían animando e invitando a bailar al público de Praterías, dos Gigantes subían rumbo a la Quintana. Esta vez, el clima sí estaba de su parte. Allí, Mónica Veiga y Xisela Maneiro, junto a sus respectivos hijos, acompañaban a estas monumentales figuras, que en la víspera del Día del Apóstol tuvieron que esconderse por un repentino chaparrón. Con esta nueva ocasión, las dos compostelanas sabían que era una cita que no se podían perder. No solo porque es una de las pocas que se celebran en un horario que les permitía asistir, sino porque saben lo importante que es transmitirles estas tradiciones a sus hijos. «Os nenos cambian a forma de vivir as festas. Facemos un esforzo para que crezan con estes encontros propios da súa cultura», comentaban.

Ya más cerca del mediodía, la praza do Toural se dividía entre los manifestantes del BNG y los asistentes que esperaban al segundo encuentro de los Cabezudos. Allí, Salva Rivera, andaluz residente en Galicia desde hace dieciocho años, confesaba que, aunque lleva casi dos décadas en la capital gallega y ha vivido numerosas Festas do Apóstolo, no hay festejo que quiera más que el de su propia tierra. «Es cuestión de respetar. Costumbres tenemos todos», matiza. Además, a pesar de no sentirse tan apegado a la celebración, sabe lo importante que es que su hija, nacida y criada en Santiago, pueda disfrutar de las tradiciones de su ciudad.

Más allá de la zona vieja

En medio del baile de los Cabezudos y la salida de los Gigantes, la gran alfombra floral del Apóstolo ocupaba la praza da Inmaculada, una obra diseñada por el artista Martín Soto que invitaba a reivindicar la esencia del Camino como un encuentro entre culturas y un viaje de transformación. Y fuera del centro de Santiago, en la zona de Amio los caballos eran los protagonistas de una feria que reunía a una multitud de ganaderos y comerciantes. En la Alameda, la noria esperaba para tomar el relevo. Aunque algunos visitantes ya se iban acercando por la mañana, su gran momento llegaría más tarde, cuando sus luces —y las del resto de las atracciones— convertirían el parque en un punto de encuentro y diversión. La jornada acabaría al ritmo del folk gallego en A Quintana, donde Cantigas e Agarimos, Colexiata do Sar y los grupos Bincadeira y Ultreia pondrían fin por todo lo alto al gran día de Galicia.