¿Quién era Xosé Humberto Baena, el último fusilado por el franquismo al que la Facultade de Historia de la USC convierte en eterno?
SANTIAGO
La Universidade de Santiago inauguró ayer el «Espazo Baena» en memoria de este antiguo alumno de Filosofía y Letras y militante antifranquista ejecutado por el régimen el 27 de septiembre de 1975. Así escribía a sus padres en su última carta: «Me habías dicho que fuese valiente, como buen gallego. Lo he sido»
17 jul 2026 . Actualizado a las 17:34 h.Desde ayer la Universidade de Santiago cuenta en la antecámara de la biblioteca de la Facultade de Xeografía e Historia con el «Espazo Baena», un lugar que rinde homenaje, con una placa conmemorativa, varias fotografías, un código QR para acceder a más información y la última carta que escribió a sus padres, a Xosé Humberto Baena (Vigo, 1950 - Hoyo de Manzanares, 1975), antiguo alumno de Filosofía y Letras de la USC —centro ubicado en el edificio que hoy alberga la Facultade de Historia— y militante antifranquista.
Está considerado como el último ejecutado por un régimen, que ya moría, el 27 de septiembre de 1975. Murió tras ser acusado de asesinato y pertenencia al FRAP y de un procedimiento militar sumario. El tribunal que lo juzgó y la sentencia dictada fueron posteriormente declarados ilegales, ilegítimos y nulos mediante la Declaración de Reconocimiento y Reparación Personal emitida por el Gobierno de España el 16 de julio del 2025. «Me dio una alegría enorme, pero me cansé de llorar porque a él ya no le devolvemos nada», confesó ayer emocionada Flor Baena, hermana del joven ejecutado y quien, en las últimas décadas, ha proseguido con la incansable lucha que determinó también la vida de sus padres en sus últimos años: la de reivindicar la inocencia y la memoria de su hermano. Ayer, en Historia, y junto a ella, se encontraban otro hermano del fallecido, Fernando Baena; la rectora de la USC, Rosa Crujeiras; y el decano de la Facultade, Antonio Míguez Macho.
Flor Baena recordaba ayer a su hermano como un joven «idealista» y «noble» que comenzó su activismo en las propias aulas compostelanas, donde fue detenido tras una sentada estudiantil que le acarreó sus primeros antecedentes policiales. En el 2009, durante la presentación en el Festival Cineuropa del documental Septiembre del 75, de Adolfo Dufour, que recogía la vida de su hermano, Flor ya incidía en ello. «Se vino a estudiar Filosofía y Letras a Santiago, y en una sentada en 1970 en la que pedían mejoras para la Universidade, la policía detuvo a 200 alumnos, entre los que estaba él. Después de varios días detenido lo soltaron tras una fianza de 15.000 pesetas. A los dos años fue el juicio y salió absuelto», recordaba entonces Flor Baena.
Según el relato de su hermana, recogido ayer por Europa Press, el destino de Xosé Humberto quedó sellado el 1 de mayo de 1975. Tras la muerte de un trabajador a manos de la policía en una manifestación en Vigo, Baena y otros amigos hicieron una colecta para publicar una esquela y enviar una corona de flores en la que pusiera «Muerto por la represión policial». El hecho de que tuvieran que dejar sus números de DNI para publicar el anuncio provocó su identificación y la necesidad de huir para evitar la detención. Ya en Madrid, Baena fue acusado del asesinato de un policía el 14 de julio de 1975.
Flor Baena denuncia que se trató de una acusación «imposible», ya que el día anterior su hermano se encontraba en la frontera con Portugal. «Era imposible que, con un coche viejo, llegara de la frontera a Madrid en ese tiempo», subrayó su hermana, quien siempre ha mantenido cómo la familia se enteró por televisión, a los dos meses de su marcha a Madrid, «que lo habían detenido y lo acusaban ya ese día de la muerte de un policía». En una información publicada en el 2009 en La Voz, Flor Baena relataba cómo, tras 16 días de torturas, Xosé Humberto, firmó, sin saber lo que era: que había matado al policía.
Después, según explicaba Flor Baena, vinieron las largas noches en tren hasta Madrid «cuando nos dejaban pasar a verlo». Y el juicio, al que los familiares no pudieron asistir, «y en el que no admitieron ninguna de las 105 pruebas de los abogados», y el no dejar declarar a los testigos presenciales. Y vino la llamada del día 26, para estar antes de las 06.30 horas en Madrid y ver al hijo con vida. Y vino la palabra del padre al hijo y del hijo al padre, «no soy un asesino, soy asesinado».
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También llegó la última carta de Xosé Humberto a su familia: «Papá, mamá: me ejecutarán mañana. Quiero daros ánimos. Pensad que yo muero, pero que la vida sigue. Recuerdo que en tu última visita, papá, me habías dicho que fuese valiente, como un buen gallego. Lo he sido, te lo aseguro. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos para ver la muerte de frente. Siento tener que dejaros ... ¡Cuánto siento morir sin poder daros ni siquiera mi último abrazo! ... Cada vez que abracéis a Fernando, el niño de Mari, o a Manolo, haceros a la idea de que yo continúo en ellos ... ».
Flor Baena calificó de nuevo ayer el proceso judicial posterior como una «farsa», pues su hermano fue juzgado por un tribunal militar que no admitió pruebas de balística, ni huellas dactilares, ni el testimonio de los testigos de la defensa. El desenlace fue una de las últimas ejecuciones del franquismo. Según destacó Flor, Xosé Humberto Baena mantuvo su inocencia hasta el final. «Nos dijo que, efectivamente, él no había sido, pero que no podía hablar porque él era una persona muy noble», detalló en el acto.
Pero la represión no terminó con el fusilamiento de Xosé Humberto. Flor Baena explicó ayer cómo, cuando el cuerpo estaba siendo trasladado a Vigo en un coche fúnebre, la policía interceptó el vehículo en O Porriño para enterrarlo en el cementerio de Pereiro solos y sin presencia de la familia . «A mi padre le dolió muchísimo que, después de muerto, aún se lo hubieran robado», ha lamentado.
Asimismo, ha revelado que, tras un intento de la familia de reabrir el caso en Madrid ya en los inicios de la Transición, su casa fue incendiada. El fuego destruyó toda la documentación, libros y poemas de Xosé Humberto, en lo que la familia considera un intento de eliminar cualquier prueba que pudiera demostrar su inocencia.
Tras las palabras de Flor Baena, la rectora Rosa Crujeiras reafirmó ayer que la USC asume su responsabilidad de «preservar a memoria» y transmitir valores democráticos. Destacó que el «Espazo Baena» «non é un espazo para a nostalxia, é un lugar para a memoria, para o coñecemento e, sobre todo, para a reflexión».
El decano Antonio Míguez concluyó que el objetivo es que este sea un «espazo vivo» y de socialización estudiantil, restituyendo simbólicamente la presencia de Baena en las aulas de las que fue alumno.
«Xosé Humberto Baena era un militante, era un antifascista. Estaba loitando contra unha dictadura fascista, que era a dictadura franquista. E eso tamén queremos que se entenda e que estea presente nese espazo», ha concluido el decano.