Juan Pérez: «Es un gusto que la cafetería Fonseca de Santiago, en la que llevo 42 años, junte hoy a 200 personas»

Olalla Sánchez Pintos
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO

Xoan A. Soler

El hostelero, que dirige desde 1984 el bar y comedor situado en los bajos del colegio mayor del Campus Vida, fue testigo de sucesivas vivencias estudiantiles. «No olvido cuando al exrector Darío Villanueva cien radicales le acorralaron en el campus y al final salió de aquí en mi coche y conmigo al volante», evoca

21 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Admite riendo que en los años 90 él era, para muchos universitarios que comían en la cafetería-comedor Fonseca, su cara más seria. «Aún así, todos se alegran y se sorprenden cuando hoy vuelven y ven que sigo aquí», afirma agradecido el santiagués Juan Ramón Pérez, el hostelero de 68 años que cogió en 1984 el local situado en los bajos del Colegio Mayor Fonseca, en el Campus Vida, por el que han pasado generaciones de universitarios y que, desde hace años, cobra nueva vida al ser el destino de muchas familias. «Hay jornadas, sobre todo en viernes, cuando se juntan aquí 200 personas. Muchos padres demandan un espacio así, con un campo al lado. Hay quien dice que tenemos la mejor terraza. Los niños entran para pedir un helado o para preguntarte si les dejas un balón...», aclara. «Llevo 42 años al frente y es un gusto verla hoy así», añade.

Nacido en el barrio de Os Concheiros, apunta que, rápido, se orientó a la hostelería. «Comencé con apenas 15 años en el Metropol, en la avenida Rosalía de Castro. Allí estuve hasta 1978, cuando tuvo lugar una huelga en el sector, no legalizada. Reclamábamos un convenio justo. Fui uno de los muchos camareros a los que echaron. Hubo un gran cambio de cromos en la hostelería», relata. «Luego pasé por una cafetería en las galerías Zafiro y, con menos de 20 años, llegué al Marfos, en San Pedro de Mezonzo. Quería formar una familia y en cinco años tuvimos tres hijos. Buscaba establecerme y salió la concesión de la cafetería Fonseca. De 32 aspirantes, y tras unas pruebas muy exigentes, me cogieron», celebra.

El hostelero santiagués Juan Ramón Pérez se puso en 1984 al frente de la cafetería y comedor Fonseca, en el Campus Vida
El hostelero santiagués Juan Ramón Pérez se puso en 1984 al frente de la cafetería y comedor Fonseca, en el Campus Vida XOAN A. SOLER

«En 1984 el colegio mayor era solo femenino; atendíamos a 186 fonsequinas. En nuestro comedor también comían muchos clementinos», rememora, aludiendo a los estudiantes del colegio mayor contiguo, el San Clemente. «Uno de ellos inventó un sándwich que aún tenemos hoy, el San Clemente, de pollo con tomate, huevo duro y mayonesa... Ya siendo el colegio mixto, aquí comían sobre 400 alumnos. Antes, sin cocinas propias, ningún estudiante cenaba en su habitación. La vida colegial era intensa. No olvido los cafés-coloquios; ni tampoco cuando una vez hicieron arriba una fiesta del agua y esto se inundó...», sonríe. «También servíamos a alumnos del que fuera mi instituto, el Xelmírez I. Profesores venían aquí a buscar a clases enteras...», señala.

«Antes, durante el curso, cerrábamos poco, como en el martes de Carnaval. Habiéndome quedado viudo, ese día quería disfrazar a mis niños... Con mi actual mujer, tengo otra hija», explica, reconociendo no haberse detenido nunca. «Fui presidente del Patronato de la guardería do Casa do Neno, en San Lázaro, donde estudiaron mis hijos. También fundé la Asociación de Restauradores de la Universidade», refrenda. «Al ver los padres de dos residentes, dueños del Cámping Playa América de Nigrán, nuestro trabajo en Fonseca, nos propusieron gestionar su cafetería, y la llevamos varios veranos. Lo dejamos en el 2004 al ampliarse en la USC los cursos internacionales, que alojan aquí a estudiantes de otros países. En verano nos debemos a ellos, y emociona que una alumna de Taiwán te ponga en teleconferencia a su madre para darte las gracias», estima.

«Por la cafetería conocí a personalidades. Todos los rectores de la USC fueron clientes o prepararon aquí su candidatura. No olvido cuando a Darío Villanueva, durante unas protestas de la LOU, cien radicales le acorralaron en el campus y al final salió de aquí en mi coche y conmigo al volante. Viví mucha tensión», evoca, entre recuerdos más tranquilos. «En Fonseca había servicios especiales. Por ellos dormían aquí líderes, como un ministro de Sanidad de Cuba. Poder hablar con él, o con el cardenal de La Habana, Jaime Ortega, que se alojó aquí junto a más purpurados y obispos en 1989, durante la visita de Juan Pablo II a Compostela, fue muy enriquecedor. Me gustan las tertulias. Hoy tenemos una mesa, a la que conocemos como la de la mafia, por nuestros debates de política y fútbol...», razona divertido.

«Gusta ver a muchos exalumnos trayendo ahora a sus hijos a la cafetería», enlaza. «Aunque ahora cerramos en fin de semana, aún trabajo muchas horas... A mi edad debería dejarlo. Pero me resisto. Estoy muy bien arropado, por un equipo con el que sumo muchos años. Esta es también mi vida», acentúa.