La penúltima lección de Xosé López

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

XOAN A. SOLER

Fin de etapa de una carrera profesional y académica que prestigia el periodismo

07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En la orla de la vida hay personas situadas en lo más alto, vistan o no muceta, por su magisterio académico, profesional y, siempre, por su humanidad, su generosidad, su cercanía y su incondicional entrega para acompañar en los momentos decisivos. Desde la más estricta modestia, sin alharacas, en las antípodas de la vanidad que suele salpicar los currículos de relumbrón, Xosé López García, Morgan, culminó en el curso que ahora termina su vida docente en la Universidade de Santiago entre sentidos aplausos de la última de sus promociones de alumnos de Xornalismo y de los profesores que lo han acompañado en las aulas o han colaborado con él en su sólida trayectoria como investigador y teórico de la comunicación que durante casi cuatro décadas ha edificado un pilar central del pensamiento sobre periodismo en Galicia.

No han sido las de este curso sus últimas lecciones. El profesor López, como lo citan sus colegas en los foros académicos con tono, más que respetuoso, casi reverencial que él rehúye, continuará como emérito, pero ahora sin clases regulares, centrado en su trabajo científico y colaborando con el grupo de investigación Novos Medios, que él mismo fundó y coordinó. Su obra se plasma en incontables libros de los que es autor, coautor o coordinador, monografías, artículos, informes, conferencias, cursos, seminarios o tesis doctorales que ha dirigido. En perspectiva, es la comprensión del itinerario de la comunicación en toda su amplitud, desde lo hiperlocal hasta lo global, analizando y exponiendo sus claves, anticipándose a la evolución de una actividad sometida a cambios vertiginosos desde el inicio de este siglo con la digitalización, y situando a las personas en el centro, cuando es tan necesaria, imprescindible ahora, la función del periodismo para la reconexión humana, para la creación de comunidad, en un mundo en el que nunca hubo tanta interconexión tecnológica.

El legado del profesor Xosé López se proyecta desde la Facultade de Ciencias da Comunicación, donde fue decano (1996-2004) y su primer catedrático de Xornalismo, y desde otras instituciones, en especial el Consello da Cultura Galega, vicepresidente y secretario (2005-2018) y director de su sección de Comunicación, y se extendió por otras universidades españolas con las que ha colaborado, y de Portugal, Italia, Chile, Ecuador, Argentina, México o Estados Unidos. Su herencia más valiosa es la que ha entregado a los miles de alumnos que han pasado por sus aulas, fruto de una docencia entendida como un compromiso profundo con las personas, con la vocación de los futuros profesionales, no solo con las materias de un programa académico. Por eso Xosé López, Morgan, como los mejores profesores que han podido encontrarse, estará siempre en su memoria, ejerciendo una influencia de honestidad, rigor y saber hacer que guiará su práctica periodística, como está sucediendo con generaciones de profesionales que ejercen en los medios de comunicación, muchos de ellos ya en cargos de la más alta responsabilidad. Solo así se entiende que Morgan sea el único profesor que, promoción tras promoción, está en todas las orlas de los estudios de Xornalismo por voluntad de los alumnos.

Morgan accedió a la Facultade de Ciencias da Comunicación como profesor asociado en 1992, cuando casi todo estaba por hacer en este centro, creado un curso antes en el edificio de Mazarelos. Llevaba a sus espaldas un notable bagaje como periodista, en A Nosa Terra, El Ideal Gallego y, sobre todo, en La Voz de Galicia, periódico del que era delegado en Santiago cuando, al optar al decanato, eligió la docencia como primera dedicación profesional, aunque sigue colaborando hasta hoy. Junto a otros periodistas a los que les correspondió informar a los gallegos de las esperanzas democráticas de la Transición y de las aspiraciones autonomistas, Morgan personificó un perfil del docente conectado con la sociedad que dejó su impronta en una facultad siempre necesitada de la vivencia periodística, del oficio como herramienta irreemplazable de la enseñanza. Xosé pudo entenderlo así siendo estudiante en la Complutense en los vibrantes años setenta, cuando sus compañeros lo apodaron Morgan —por el popular personaje de Forges— y no podía sospechar que acabaría siendo el reputado profesor López.

«Eu sigo sendo un Balbino», dijo a los docentes que, en una de sus últimas clases, sustituyeron a los alumnos para tributarle un improvisado homenaje del que él, abrumado en su modestia, amagó con irse cuando se dio de bruces con la sorpresa al entrar en el aula. Y es que Morgan no ha dejado de ser el «neno labrego» que en su aldea de Cirio, en Pol, donde sigue teniendo su refugio de leira y sacho, mamó una ética del trabajo acorazada y una integridad inabarcable, que ha practicado durante toda su vida. Fue un jefe de equipo motivador, en la redacción del periódico o en la facultad, el que pone a lo suyos a salvo de las inevitables crisis cotidianas, el que marca el camino con el ejemplo y le basta con pocas palabras, si acaso, para subrayar, un pósit adherido al teclado del ordenador: «Habería que...».

El «ninguén» con el que Neira Vilas simbolizó en Balbino la infancia del rural de hace 80 años es lo que nunca podrá ser el Morgan de los colegas del periodismo y del claustro de la facultad o el profesor López de la oficialidad universitaria. Aunque le pese.