Jesús Figueroa, médico: «No hay ninguna pastilla con tanta evidencia científica como el ejercicio físico»

Álvaro Sevilla Gómez
Álvaro Sevilla SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Figueroa, en la nueva sala de rehabilitación neuronal del Gil Casares
Figueroa, en la nueva sala de rehabilitación neuronal del Gil Casares PACO RODRÍGUEZ

El jefe del Servizo de Rehabilitación del CHUS alerta sobre el sedentarismo, que se ha convertido en un veneno silencioso

31 may 2026 . Actualizado a las 20:03 h.

Hace nueve años, Jesús Figueroa (A Coruña, 1962) subía la cuesta de San Francisco para dar clase en la Facultad de Medicina cuando empezó a quedarse sin aire y a sentirse excesivamente cansado. Días después salía de un quirófano del CHUS con cuatro baipases en el corazón. Tenía una coronaria bloqueada en un 99 %. Hoy, el jefe del Servizo de Rehabilitación del área sanitaria de Santiago rezuma vitalidad. Convertido accidentalmente en el ejemplo de que recuperarse es posible, confiesa que dos meses después ya estaba de vuelta en su consulta.

—Si alguien podía curarse era el jefe de rehabilitación. ¿Cómo fue su proceso?

—[Sonríe] Mira, no hay ninguna pastilla con tanta evidencia científica como el ejercicio físico.

—Ya tenemos titular.

—[Ríe] Al principio, el proceso fue un poco complicado. Se pasa mal, no cuentas con eso y empiezas a ver la vida de otra manera. Con cincuenta y pocos años no crees que te pueda pasar. Surgen miedos que antes no tenías, pero con el paso del tiempo todo se va normalizando y retomas tus rutinas. Valoras cosas que no valorabas. Salí adelante, pero tuve que cambiar ciertos hábitos. Probablemente hacía menos ejercicio del que debía, pero a partir de ahí, fui como un cañón.

—¿Cree que el sedentarismo es un veneno silencioso?

—Totalmente, lo es para gran parte de nuestro sistema y órganos, pero para el corazón ya ni te cuento. En el servicio vemos todos los días lo que supone el sedentarismo para los músculos y los huesos: es una bomba de relojería. Lo primero que provoca de forma muy significativa es la sarcopenia, es decir, perdemos fuerza y músculo. Con la edad, eso supone que te vas a caer mucho y, si te caes, te vas a fracturar, por lo que tenemos otro problema muy serio. A partir de los 65 años puedes tener más problemas para una recuperación funcional. Si estás bien, fuerte y con músculo no los tendrás.

—Y le damos poca importancia.

—Deberíamos empezar a hacer ejercicio y a crear buenos hábitos desde la infancia. Si a nuestros críos les inculcamos el ejercicio y no la tableta, eso tendrá repercusión para toda su vida. Mejora nuestro pico de densidad mineral ósea, que hace que nuestros huesos sean más fuertes. La prevención de la sarcopenia y de la osteoporosis debería empezar en pediatría, fíjate lo que digo.

—¿Hay una cantidad de ejercicio mínima?

—Los médicos estamos muy acostumbrados a recomendar ejercicio, pero no podemos quedarnos con darle una hojita al paciente y decirle «mire, haga estos ejercicios». Tenemos que dedicar tiempo a inculcarle la importancia del ejercicio. A partir de cierta edad es importante que realicen trabajo de fuerza, aeróbico y de equilibrio, este último para evitar las caídas y las fracturas. Si tenemos un buen sistema musculoesquelético no nos vamos a caer. Y si nos pasa, tendremos huesos más fuertes, por lo que no se fracturarán. Sabemos que en unos años viene una epidemia de osteoporosis y, por lo tanto, de fracturas por fragilidad. La expectativa de vida ha crecido y, si no la acompañamos de buenos hábitos, tendremos un problema serio de salud pública.

—A su consulta llegan pacientes que llevan años sin moverse y que ahora no pueden hacerlo por una enfermedad. ¿Nos percatamos de la importancia de la movilidad cuando la perdemos?

—El paciente se da cuenta cuando es tarde, después de una fractura o un ictus, pero habría que empezar a pensar bastante antes. Sabemos que la gente que hace ejercicio sufre menos ictus e infartos, tienen el colesterol más bajo y sufren menos hipertensión. Tenemos que cambiar las estrategias. Si trabajamos contra el tabaquismo en los niños, tenemos que hacer lo mismo a favor del ejercicio. Creo que los críos de ahora hacen menos ejercicio que el que hacíamos nosotros, que no teníamos móviles ni estábamos pegados a la tableta y veíamos poca televisión. No sé lo que va a pasar en unos años si seguimos a este ritmo.

—¿Es posible recuperarse totalmente de un ictus?

—Se puede, pero depende de muchos factores: del tipo de ictus, del tiempo de evolución, de la edad del paciente, de si tenía alguna comorbilidad previa... La rehabilitación es una pieza fundamental, que tiene un nivel de evidencia científica total. Se requiere un tratamiento especializado e intensivo, en el que intervienen muchos profesionales: médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas... Cada ictus es diferente, nunca tenemos dos pacientes iguales. Tenemos que diseñarles programas específicos. La tecnología ha experimentado un avance espectacular, con la robótica en particular. Eso ha venido a sumar. Nos ha supuesto un cambio de paradigma en la atención del paciente con secuelas neurológicas. No nos sustituye, porque el factor personal siempre está ahí, pero ayuda mucho a la recuperación. 

Figueroa, agarrando una de las máquinas robóticas de la nueva sala de rehabilitación neuronal del Hospital Gil Casares
Figueroa, agarrando una de las máquinas robóticas de la nueva sala de rehabilitación neuronal del Hospital Gil Casares PACO RODRÍGUEZ

«Tenemos un sistema que debemos mimar»

Las bajas laborales por problemas físicos se han disparado.

—Es un tema difícil. Por un lado están las mutuas laborales y por otro las especialidades más vinculadas, como podemos ser nosotros o traumatología. Hay pruebas que se piden y a veces tardan, lo que es un problema, como lo es para el médico de atención primaria, que se encuentra con las manos atadas. Yo creo que se está intentando darle una vuelta, en el buen sentido de la palabra. Es bueno para todos y para el sistema, porque si no es difícil mantenerlo. También para el paciente, porque hay que darle una salida cuanto antes, sea para un lado o para otro. No está bien decir que una persona está de baja y lleve seis meses esperando una resonancia. Hay que intentar agilizar las pruebas porque estamos ante un problema. Y después metemos a todos en el mismo saco.

—¿A qué se refiere?

—A que también hay picaresca y eso hace que paguen justos por pecadores.

—¿Gente que aprovecha los retrasos para alargar las bajas?

—Exactamente y es una pena, porque tenemos un sistema público de salud que debemos mimar. Los recursos son limitados. Esto no lo tiene casi ningún país. Creo que es importante, desde pequeños, educarnos para valorarlo y cuidarlo. El día que nos falte o que debamos recortar lo vamos a sufrir mucho.

—Hace unos años usted decía que de poco valía salvar la vida de un paciente si no éramos capaces de atenderlo después.

—Claro, la gente quiere vivir más, por supuesto, pero también quiere vivir mejor, con una calidad que le permita disfrutar un poco de la vida. La longevidad ha aumentado, pero ¿el sistema estaba preparado para esto? Nos estamos adaptando a la cronicidad. Muchas enfermedades neurológicas y oncológicas eran mortales hasta hace no muchos años. Hoy se han cronificado y a esos pacientes tenemos que darles asistencia y no estábamos preparados. Vamos mejorando día a día.