Ellos han convertido el antiguo Metate en una nueva casa de dulces artesanales en el casco histórico de Santiago

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Andrew y Judit querían con Casa Doce 12 «crear un sitio para la gente de aquí» y dicen que la acogida del público fue cálida.
Andrew y Judit querían con Casa Doce 12 «crear un sitio para la gente de aquí» y dicen que la acogida del público fue cálida. PACO RODRÍGUEZ

Andrew y Judit, dueños de otro local de la zona monumental cerrado el mes pasado por un incendio, hablan de una apertura «un poco traumática» a causa de este incidente

13 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si la semana pasada se anunciaba en Santiago que la cafetería Paradiso se reabrirá pronto de la mano de una familia cubana, otro espacio hostelero emblemático del casco histórico que cerró en su día por jubilación ha recuperado también la actividad. El antiguo Metate, que surgió hace 40 años —uno después del cierre definitivo de la histórica fábrica de chocolate que había en el bajo de San Paio— y una década más tarde se amplió con una chocolatería con el mismo nombre en la parte de arriba del local (con acceso desde la rúa do Preguntoiro), bajó la persiana definitivamente en el 2023. Y, hace algo menos de un mes, una pareja de treintañeros reabrió el establecimiento que servía el chocolate caliente más histórico de Compostela. Aunque, en este caso, reconvertida en uno dedicado a la repostería artesanal. Se llama Casa Doce 12, un nombre que en gallego anticipa que aquí los reyes son los dulces y, además, se encuentra en el número 12 del Preguntoiro.

A pesar de proponer un nuevo concepto, distinto al anterior, Andrew Dagnall y Judit Rivas han querido conservar una parte simbólica de lo que fue. Además de mantener el cartel que habla de la vieja fábrica de chocolate y del Metate en la plazuela, seis máquinas antiguas empleadas para la elaboración de chocolate y una caja fuerte continúan expuestas al público allí como testigos del pasado. «Hicimos un lavado de cara, pero hemos intentado respetar al máximo todo lo que había», explica la pareja al frente de este proyecto, un inglés —criado en Málaga desde niño— y una valenciana.

«Pasábamos por aquí todos los días y veíamos en la puerta el cartel de ‘se vende' durante un montón de tiempo. Cuando fuimos a preguntar si se alquilaba, nos dijeron que ya lo habían comprado. A las dos semanas, supimos de alguien que conocía a alguien que sabía quién era el nuevo propietario... ¡y eso que apenas conocemos a nadie aquí en Santiago!», relatan los hosteleros, quienes finalmente llegaron a un acuerdo con él.

Ambos tienen experiencia en el sector y por mayo del año pasado abrían Cáscara Café y Brunch no muy lejos de allí, en la rúa da Troia. Sin embargo, solo estuvieron compaginando la actividad en ambos locales durante poco más de una semana, dicen: «En Cáscara hubo un pequeño incendio, nueve días después de la inauguración de Casa Doce, y todavía no hemos podido reabrirlo. Ha sido un poco traumático, como quien tiene a un chiquillo en el hospital y el otro jugando un partido de fútbol. Tienes una preocupación de fondo, pero por otra parte intentas disfrutar y levantar este otro proyecto, recibiendo al cliente con una sonrisa y ofreciendo un servicio de calidad. Nos llevamos un buen disgusto y aún estamos recuperándonos de él. Cada vez que suena el teléfono por la noche me asusto porque nos avisaron del incendio en Cáscara así, con una llamada a altas horas».

Aunque siguen sirviendo aquí chocolate caliente (de momento, sin churros, si bien piensan incluirlos cuando llegue el frío», indican que «la idea de Casa Doce 12 es centrarnos en la venta de pastelería artesanal. Elaboramos todos nuestros dulces desde cero, tanto las masas de las tartaletas como el resto... hacemos todo aquí, menos el pan, porque no tenemos capacidad de producción, y también hemos incluido tostadas saladas, al estilo de Cáscara, porque nos lo pedían los clientes». 

Por otra parte, subraya Andrew, que «queríamos crear un sitio para la gente de aquí y vimos que en el barrio había varias panaderías, pero estaba un poco coja la oferta de pastelería especializada como tal», apuntan unos emprendedores que son a la vez vecinos del casco viejo compostelano. La acogida por parte del público, constatan él y Judit, ha sido tremendamente cálida, lo que les da ánimos para seguir remando en medio de su tormento empresarial: «Mucha gente que conocía el Metate de toda vida entra para ver cómo ha cambiado y se interesan por la oferta que tenemos. En general todo están muy contentos de que se haya abierto otra vez. Es muy bonito porque algunos te cuentan los recuerdos que tienen de este lugar, desde el que celebró su cumpleaños aquí cuando tenía 12 y vuelve de adulto hasta otros que lo frecuentaban a diario. Hay tanta memoria de la gente en este lugar que formar parte de eso es un orgullo una suerte».