El arzobispo de Santiago rinde homenaje a 27 sacerdores que cumplen 25, 50 y 60 años de servicio: «Os necesito»
SANTIAGO
La Archidiócesis celebró este viernes la festividad de San Juan de Ávila y animó a sus religiosos a trabajar con autenticidad: «No se nos pide perfección, se nos pide verdad»
08 may 2026 . Actualizado a las 18:27 h.La Archidiócesis de Santiago celebró este viernes la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español, con un acto central en la Catedral compostelana en el que se rindió homenaje a 27 sacerdotes que este año conmemoran sus bodas de plata, oro y diamante ministeriales. La ceremonia fue presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.
La jornada comenzó por la mañana con una meditación en la Capilla del Seminario Mayor Interdiocesano, impartida por monseñor Ciriaco Benavente Mateos, obispo emérito de Albacete, quien además dirigió durante esta semana los ejercicios espirituales para el clero. Posteriormente se celebró en la Catedral de Santiago una misa de acción de gracias presidida por el arzobispo compostelano y concelebrada junto al arzobispo emérito, monseñor Julián Barrio; el propio monseñor Ciriaco Benavente Mateos; el vicario general, el vicario pastoral, los vicarios territoriales, miembros del Cabildo catedralicio y numerosos presbíteros de la diócesis.
Durante la homilía, el arzobispo compostelano dirigió unas palabras de agradecimiento especial a los sacerdotes homenajeados por sus 25, 50 y 60 años de vida sacerdotal, reconociendo su entrega silenciosa y constante al servicio de la Iglesia y de las comunidades parroquiales: «Gracias por vuestra perseverancia y vuestra fidelidad, sostenida muchas veces en silencio y siempre por la gracia del Señor». La celebración contó además con la presencia de las reliquias de San Juan de Ávila, trasladadas hasta Santiago por el vicerrector del seminario diocesano de Córdoba. Durante su homilía, el arzobispo subrayó el profundo valor simbólico de esta presencia en la Catedral compostelana, a la que definió como el «corazón de la diócesis» y un lugar que, a lo largo de los siglos, «ha sido hogar de numerosas vocaciones y testimonio vivo de fidelidad sacerdotal».
La dimensión evangelizadora ocupó un lugar destacado en la homilía del arzobispo, que animó a los sacerdotes a no perder el ardor misionero y a continuar anunciando el mensaje cristiano, especialmente a quienes se encuentran más distanciados de la fe. Prieto apeló también a la autenticidad y coherencia de vida como principal forma de testimonio cristiano. «No se nos pide perfección; se nos pide verdad», afirmó ante los sacerdotes presentes, a quienes invitó a no conformarse con «una pastoral de mera conservación», sino a renovar continuamente el celo evangelizador. «Os necesito, la Iglesia os necesita y el pueblo fiel necesita sacerdotes que oren, que vivan de la Eucaristía y que anuncien el Evangelio con la vida y con la palabra».
Los sacerdotes homenajeados en esta festividad fueron Francisco Javier Buide del Real, Santiago Cotelo Suárez, Manuel Jesús Formoso Fernández, José López Moldes, Javier Martínez de Bedoya, José Carlos Mato Tosar y Eduardo Alberto Prado Alvaredo, por sus bodas de plata sacerdotales.
En las bodas de oro fue reconocido Ramón Insua Lobelos.
Por sus bodas de diamante sacerdotales fueron homenajeados Gumersindo Campaña Ferro, Jacinto Collazo Gantes, Valentín González Gil, Manuel López Castro, Manuel Pontes García, José Manuel Quintáns Pardal, José Antonio Souto Míguez, Andrés Torres Queiruga, Félix Urra Mendia, Antonio Varela Grueiro y Manuel Vázquez Ares.