El bonito gesto de un conductor de autobús en Santiago que evidencia una necesidad: «Hace años que reclamamos un botón del pánico»

Olalla Sánchez Pintos
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO

Imagen de archivo de un autobús de la línea 1 en Boisaca
Imagen de archivo de un autobús de la línea 1 en Boisaca PACO RODRÍGUEZ

Enrique ayudó el domingo en la última parada de la línea 1 a una joven a la que un hombre incomodaba. El chófer esperó con ella hasta que su madre llegó a buscarla. La madre quiso reconocérselo públicamente: «Gracias que aún existen personas como usted»

05 may 2026 . Actualizado a las 13:36 h.

No pudo agradecérselo en persona, por lo que se decidió ayer a escribirlo en redes. «Quisiera mencionar a un chófer de autobuses urbanos. No sé su nombre, solo que hizo salida con la línea 1 desde el Hospital Clínico esta tarde [el domingo] a las 20.00 horas. Aún perdiendo minutos de su ruta, protegió de las zarpas de un sirvergüenza borracho a mi hija en la última parada, la del cementerio de Boisaca, hasta mi llegada. Como no puede parar a agradecérselo, por la que estaba armando tal sirvergüenza… Gracias señor conductor de la línea 1 por ayudar a mi hija. Gracias que aún existen personas como usted», destacaba la madre sobre un gesto que rápidamente se viralizó —en la cuenta Salseo_USC, adonde la envió, la historia sumó más de 2.000 me gusta—, llegando también a Enrique, el conductor de 49 años que ese día cubría la línea 1.

«Entiendo el agradecimiento de la madre. Los hijos son lo más importante. Pero de verdad que no hice nada», asiente, quitándose trascendencia. «Por redes hasta leí que alguien pedía que me reconocieran el mérito desde el Concello de Santiago, y, sin querer restarme méritos, de verdad que no fue para tanto. Eso sí, tuve siempre claro que iba a acompañar a la chica el tiempo que hiciera falta. Quedé en el cementerio por ella», reconoce, aclarando lo sucedido el domingo por la tarde.

«Sobre las 20.15 horas, en la parada de la rúa da Virxe de Cerca subió un chico. Al principio no me di cuenta que debía haber bebido, y eso que, al entrar, en vez de entregarme un billete, me dio dos… Tras hacer un comentario, se fue al fondo del autobús, y empezó a cantar y a gritar. En ese momento iban entre 10 o 15 pasajeros. Pensé en que igual bajaba rápido, y por eso no le dije nada. A la altura de la rúa do Cruceiro da Coruña, ya solo quedaban tres pasajeros: él, una chica joven y otro chico. Fue ahí cuando dio un gran grito, y ya actué. Le dije que no le quería volver a oír otra palabra o se tendría que bajar del autobús», explica Enrique, aclarando que él tanto cubre esa línea 1 como, con frecuencia en los últimos meses, la línea 5.

«Tras mi advertencia, asintió, pero eso le duró tan solo 30 segundos… A la altura de donde está el centro comercial Novo Center volvió a subir el tono. En la siguiente parada bajó el tercer chico. Tan solo quedaban dentro la joven y él. Al poco, vi por el retrovisor que él se acercaba y que ella empezaba a estar incómoda. Le dije que dejase en paz a la chica», rememora el conductor, aclarando que al momento ya estaban en el final del trayecto. «Le advertí que tenía que bajarse y me dijo que él continuaba, que se había equivocado de parada. Luego, estando los tres ya abajo, hasta me comentó algo de Área Central, que se cubre en otra línea... Mientras, le pregunté a la chica si venía a buscarla alguien. Me dijo que su madre y le aclaré que no se preocupase que me quedaba yo con ella hasta entonces. Al final, como él seguía, me subí con ella al autobús e hicimos una rotonda cercana, a ver si mientras él se iba. Pero no», continúa su relato el conductor.

«Mientras yo avisaba a la empresa de que iba a retomar el camino un poco más tarde, él empezó a dar como pequeños golpes al autobús… Debimos esperar en total 10 minutos y ya llegó la madre. Puso el coche delante y, rápido, la joven pasó al vehículo. Él insistió en subir, pero al final yo me fui», señala Enrique, quien reconoce que la noticia rápidamente saltó a redes.

«Es solo una intuición, pero ese mismo día, en el trayecto de las 22.00 horas, una chica subió y me sonrió. No sé, me dio la sensación, de que a lo mejor había leído algo», añade agradecido. «Mis compañeros hasta bromeaban con que ‘’Por una vez que hablan bien de nosotros...’’», desliza riendo, y aludiendo a las críticas que en redes en ocasiones vierten contra su oficio algunos usuarios.

«Creo que, de todas formas, algo importante que deja entrever lo sucedido el domingo es la necesidad que tenemos de un botón del pánico, que nos ponga en contacto con la policía. En el pliego del contrato actual ya se reconocía, pero seguimos sin él. Y lo reclamamos desde hace tiempo. En mi caso es al segundo joven al que tengo que echar del autobús este año. Y, así como en esta ocasión, me sentí en todo momento seguro y confiado, en aquella ocasión, ese pasajero, que empezó a cantar bebido, hasta se ofreció a pegarme tras decirle yo que tenía que bajar del autobús. Mientras yo cogía el teléfono para hablar con la policía, su acompañante razonó con él y bajaron», evoca el chófer, insistiendo en la necesidad del botón del pánico.

«No hay un protocolo de actuación cuando suceden casos así. No sabemos cuándo podemos parar ni si podemos detenernos en cualquier sitio. Es importante que tengamos todo eso claro. El año anterior yo ya había tenido que echar a otros dos pasajeros», razona.