El 75 % de ellas autorizan la posesión de escopetas y modelos de tiro deportivo
13 abr 2026 . Actualizado a las 07:53 h.En España no se puede portar ni poseer un arma de fuego sin la correspondiente autorización o licencia expedida por las autoridades. En la provincia de A Coruña hay 29.013 permisos en vigor, según los últimos datos publicados por el Ministerio del Interior. De ellos, más 20.000 capacitan a los civiles para empuñar escopetas de caza menor y de tiro deportivo. El permiso E sigue siendo el más común y junto con el F (específico para armas de competición en campos autorizados) representan el 75 % del arsenal en manos de particulares. Para dedicarse a la caza mayor, es necesaria una licencia del tipo E —que engloba los rifles y armas de fuego largas rayadas, así como los cañones estriados adaptables a escopetas— y, aunque ocupan el segundo puesto en el número de solicitudes, apenas suponen un 18 % del total. Por otra parte, hay más de 900 para el uso armas de fuego específicas destinadas al personal dedicado a la seguridad privada (del tipo C), casi 190 autorizaciones en vigor para pistolas y revólveres particulares (tipo B) y otras 381 autorizaciones especiales de armas de avancarga e históricas, sus reproducciones y asimiladas (tipo AE).
Siguiendo la tendencia global, en los últimos tiempos está habiendo una disminución de las licencias de armas, motivada principalmente por el envejecimiento y jubilación de la población cazadora, la falta de relevo generacional y el descenso de la caza menor, unido al endurecimiento de los requisitos de renovación de los permisos y ciertos costes administrativos (tasas, reconocimientos médicos, federación...) que disuaden a algunos usuarios menos activos.
El Ministerio del Interior también ofrece en su último balance estadístico anual (cerrado con los datos obtenidos hasta finales del 2024) una pequeña radiografía del perfil de los demandantes de licencias de armas a nivel provincial. Más de la mitad de ellas, el 52 %, están a nombre de personas de entre 50 y 69 años. El 16 % corresponde a la franja de entre 70 y 79, y otro tanto a la de 40 a 49 años. La posesión de armas de fuego decae drásticamente entre las nuevas generaciones: hay algo menos de 2.200 propietarios de entre 30 y 39 años, 804 de entre 18 y 29, y 15 menores de edad —existe un permiso especial para ellos (AEM) que permite a partir de los 14 años utilizar escopetas de caza y armas de tiro deportivo, siempre bajo supervisión y acompañados por un adulto con licencia vigente para ese tipo de actividades—. A partir de los 80 años también decrece el porcentaje de autorizaciones, entre un colectivo sujeto a controles médicos más estrictos y renovaciones más frecuentes que las licencias ordinarias.
Aunque no se arrojan datos segregados sobre el género de los solicitantes a nivel provincial, ya da una idea la cifra estatal del balance del 2023, en la que solo el 4 % de las licencias se entregaron a mujeres. La comparativa autonómica revela, asimismo, que en las provincias de A Coruña y Pontevedra la posesión de armas de fuego es menor (en ambos casos, representa al 2,5 % de la población, tomando como referencia el padrón correspondiente a la estadística armamentística, al cierre del 2024). En Ourense es del 5,5 % y en Lugo del 6,7 %.
Jose María Álvarez, presidente provincial de la FGC: «Los cazadores conocemos bien el uso y somos muy responsables»
José María Álvarez Villar es el presidente provincial de la Federación Galega de Caza (FGC) desde el 2018. El coristanqués afincado en Carballo habla en nombre de las cerca de 12.000 personas con licencia de caza que hay en A Coruña y sus cerca 7.000 socios federados y explica que «la tendencia ahora en Galicia es a comprar rifles y arma rayada, con un mayor alcance, porque la escopeta no es tan efectiva».
—¿Por qué hay una falta de relevo en la caza?
—La gente joven no está por la labor, sobre todo en la caza menor, que se está dejando de practicar porque hay muy poca. Al no haber oferta, disminuye la demanda. Se lleva más ahora la caza mayor, de jabalí o corzo, y necesitas para eso un rifle más efectivo y de mayor alcance.
—¿Qué exige tener un arma?
—En primer lugar un armero, y precauciones sobre la custodia, para que esté bien conservada y custodiada. Si te roban el arma vas a tener una sanción administrativa y, si sales de caza, tienes que tenerla controlada hasta mientras desayunas. Si tenemos que tomar el desayuno o ir a comer durante la jornada de caza no puedes dejar las armas en el coche sin vigilar y entrar con ellas en un establecimiento público tiene sus contraindicaciones, a lo mejor te dicen que no permiten que lo hagas o no procede, por lo que alguien tiene que quedarse custodiando las armas mientras tanto, aparcar el coche en un sitio visible, que puedas tener controlado si es algo breve... Ser poseedor de un arma exige una responsabilidad y la custodia es muy complicada en ciertas ocasiones.
—La regulación es cada vez más garantista en la seguridad...
—Mucho más. Antes con la licencia de caza ya podías sacar el permiso de armas y ahora hay que pasar un examen teórico, la práctica que te capacita, tener el papeleo en orden... son más restricciones, pero tienen sentido porque un arma puede matar a cualquier persona. A pesar de lo que se dice, los cazadores conocemos bien su uso y somos personas muy responsables. De hecho, los accidentes con ellas son mínimos a pesar de que el jabalí se caza prácticamente nueve meses al año. Hay una generación, que pasa de los 60 o 70 años, que conocen las armas desde que eran niños, son hijos de cazadores y crecieron con ellas muy cerca porque antes era habitual que los padres enseñasen a los hijos a empuñar la escopeta.
—¿Y qué pasa con las escopetas o armas de personas que fallecieron que tienen un valor sentimental para la familia?
—No hay una licencia de valor sentimental. O bien te quitas la licencia de armas correspondiente para poder seguir teniéndola en casa o tienes que deshacerte de ella porque la posesión de un arma sin permiso es un delito.
«La armería es hoy más una tienda de montaña, por el mercado»
En el meollo urbano de Santiago, en la Praza de Galicia, hay una armería ya centenaria. La abrió en 1890 el bisabuelo de Modesto y Antonio Toribio-Rodríguez, quien además de escopetas traídas de Eibar y Bélgica, vendía también maletas y máquinas de coser (con un mecanismo similar a las armas que entraba por los mismos cauces). La armería propiamente dicha no vive ahora su mejor momento, dicen sus propietarios, quienes explican que «somos hoy más una tienda de montaña, porque el mercado te obliga, y aunque haya aumentado una modalidad deportiva practicada con arma de fuego, no te da para vivir exclusivamente de ello. Es algo que pasa a nivel general. No quedan casi armerías y, las que nos mantenemos por tradición, hemos acabado reinventándonos y especializándonos. Algunas se centran en electrónica, en collares de búsqueda... aquí renunciamos a la pesca hace cinco años por falta de espacio y apostamos por la montaña y el tiro olímpico. Vamos buscando el nicho para sobrevivir».
«Durante mucho tiempo la escopeta de cartuchos fue lo más vendido. En los últimos años cayeron las nuevas licencias para armas de caza, pero en la caza menor es mucho más acentuado y está en auténtico declive», constatan en la Armería Toribio. Sin embargo, «hay un auge espectacular en tiro táctico, sobre todo con pistola, pero también con carabina y fusil. Cada tres meses, como mínimo, se aprueban unas 250 licencias de arma corta de tipo deportivo en Galicia y en la federación pasaron de tener entorno a 8.000 antes de la pandemia a más de 13.000», apunta Modesto, quien además pertenece a la federación de tiro, arbitra, y ve un aumento de los competidores y «cada vez más gente nueva».
En este momento, el arma corta y los rifles del calibre 22 —para tiro olímpico— tienen más salida que nunca, indica. Para mantener estas licencias, observa el armero, no solo hay que superar el examen específico teórico para este tipo de arma y superar todos los requisitos (como un certificado de antecedentes penales y de violencia de género limpio, ser apto en el psicotécnico y aprobar la capacitación práctica), «también estás obligado a competir una vez cada 365 días. Es decir, la gente está sacando licencias por el sistema más complicado y garantista», indica el comerciante, quien advierte también de los «problemas que atraviesan los deportistas de tiro larga distancia en Galicia, por tanto en España, y eso que tememos un campeón de Europa y varios subcampeones».