La investigadora viajera que no baja la mirada ante la violencia que rodea a la prostitución

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Laura Pallarés (en el centro de la foto), con Clementina Furtado y Paulino Moniz, expertos en género y masculinidades, en Cabo Verde.
Laura Pallarés (en el centro de la foto), con Clementina Furtado y Paulino Moniz, expertos en género y masculinidades, en Cabo Verde.

La ferrolana Laura Pallarés hizo la carrera en la USC, al acabar se fue a México a indagar en los suburbios y actualmente trabaja en Cabo Verde, donde está a punto de dar a conocer su segundo trabajo posdoctoral, en el que pone el foco en los clientes

08 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los últimos 28 años de su vida los ha dedicado Laura Pallarés Ameneiro (Ferrol, 1976) a investigar la violencia que rodea a las mujeres que ejercen la prostitución. Recuerda que, siendo una adolescente, se despertó su interés al escuchar un crudo testimonio: «Mis padres acogieron en casa a un niño cuya madre era prostituta y estaba en la cárcel. Me contó detalles sobre este mundo y me llamó muchísimo la atención cuánta violencia había en él. Entré, siendo yo menor de edad, en la Asociación Liberadora Asistencial de las Mujeres Prostitutas de Ferrol y allí conocí a las primeras prostitutas, con las que a día de hoy aún tengo relación». La menor de tres hermanos se mudó a Santiago para hacer Geografía en la USC y evoca esos años como «los mejores de mi vida». Le atraía especialmente la geografía humana y la parte más sociológica, por lo que en la facultad ya hizo pequeños estudios sobre la prostitución y género en las sociedades patriarcales. En su tesina, puso el foco sobre las mujeres emigrantes retornadas a Ferrol. Y, al acabar la carrera, recibió una beca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para estudiar la violencia sobre las prostitutas en la capital.

De carácter intrépido y curioso, Laura reconoce que no dudó, a sus 22 años, en adentrarse en los suburbios de una de las ciudades más peligrosas del mundo para llevar a cabo la investigación de su tesis. «Me llevé algún susto que aún tengo grabado en la retina, aunque contaba con un equipo detrás que me protegió. La UNAM quería renovarme, pero fue un año y pico muy duro psicológicamente, y decidí no seguir», relata. Continuó trabajando sobre el tema, con la idea de estudiar la prostitución desde dentro en diferentes contextos: Finlandia, Portugal, España...

Quería tratar la cuestión también en un país africano, «porque es el continente desconocido», y surgió la oportunidad a comienzos de década: «En el 2021 contacté con los centros que trabajaban con prostitutas en África que me interesaban. Me fascinaba el trabajo que hacía la Universidad de Cabo Verde y les escribí. La directora se quedó impresionada con mi currículo y, después de dar varios cursos de formación sobre género allí, me embarqué en mi primer posdoctorado, centrado en dar voz a las mujeres que sufren esta violencia en cuatro islas caboverdianas».

Pallarés (en la imagen, con pelo largo), con su equipo en Cabo Verde. De izquierda a derecha: Leisilena Andrade, Patrick Silva y Tairine Helena.<br /> <br /> <br /> <br />
Pallarés (en la imagen, con pelo largo), con su equipo en Cabo Verde. De izquierda a derecha: Leisilena Andrade, Patrick Silva y Tairine Helena.
 
 
 

«La violencia es la misma independientemente del país, pero el desarrollo varía de un lugar a otro. En México o Finlandia, por ejemplo, hay una violencia extrema física. Y, en Cabo Verde, es económica y con la mirada. Hay una relación asimétrica que empieza con la sumisión y la bajada de la mirada por parte de la mujer», dice una investigadora que no desvía la suya sobre una realidad invisibilizada. A punto de presentar su segundo posdoctorado, la profesora de la Universidad de Cabo Verde recopila en esta ocasión información desde la perspectiva de los propios clientes de la prostitución. «Los escuché a ellos para saber si es verdad que hay esa masculinidad hegemónica».

En ello ha estado volcada los dos últimos años, por lo que en septiembre cumplirá cuatro en esta república. ¿El futuro? Es incierto todavía, afirma Laura, con el corazón dividido y ofertas tanto para quedarse más tiempo en Cabo Verde como para abrir un nuevo capítulo en Italia, La India o Brasil. «Tengo bastante capacidad para adaptarme en los nuevos espacios. Y, en el caso de los caboverdianos, son gente súper receptiva y alegre. Me integré bien en su cultura, su gastronomía, clima... y socialmente. Me acogieron en la casa de la familia Ferreira. Una alumna de la universidad de Cabo Verde vino a Santiago con un intercambio y, cuando yo fui allí, me abrió las puertas de su casa», destaca agradecida la investigadora, quien valora positivamente que «un país hermético como Cabo Verde quiera que yo siga allí, dando voz a la prostitución y abriendo puertas hacia la liberación y el feminismo».

Tras muchos años trabajando sobre la misma cuestión, confiesa que su posicionamiento político ha ido evolucionando: «Al principio yo era más de la línea reglamentarista, es decir, regular la actividad porque cada una hace con su cuerpo lo que quiere. Pero ahora, si tengo que posicionarme, diría que soy más abolicionista por el uso que se le da al cuerpo de las mujeres en todas sus dimensiones. Para mí la prostitución tendría que dejar de existir, ya que los hombres descargan en ella lo que no hacen en su vida personal».