Dos amigos, una nave y muchos palés: la historia de Titáns, el primer láser tag de la comarca
SANTIAGO
Dos treintañeros de Teo, Diego Penas y Martín Pérez, están detrás de la propuesta
29 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Se acabó lo de jugar al paintball y acabar manchado y dolorido como un mapache en una tienda de pintura. A la comarca compostelana llegó la nueva moda de los juegos deportivos que recrean guerras a dos bandos, el láser tag, que sustituye las balas de colores por tecnología infrarroja, limpia y menos lesiva. En Montouto abrieron hace justo un año una nave dedicada a ello dos treintañeros de Teo aficionados a la adrenalina. Diego Penas, de Os Tilos, y Martín Pérez, de Recesende, son amigos desde el instituto. «Solemos ir de vacaciones juntos, tenemos muy buena relación y nos gustan mucho las actividades de aventura, tipo karts, paintball... todo lo que surja. Probamos el láser tag en el verano del 2023 y, un poco en broma, comentamos que había que montar algo así en la zona de Santiago. Lo que surgió como una broma al principio se convirtió en una realidad. Y abrimos Titáns Laser Tag el 1 de marzo del año pasado. Lo que más trabajo nos dio fue encontrar un buen local, con muchos metros cuadrados y sin columnas, que nos permitiese llevar a cabo nuestra idea tal y como queríamos», relata Diego.
Él hizo el antiguo ciclo superior de Técnico Superior en Animación de Actividades Físicas y Deportivas (TAFAD). Su socio, estudió Fotografía en la escuela Mestre Mateo y compagina actualmente esta profesión —como autónomo— junto con la empresa de ocio que pone a prueba las habilidades de los contrincantes en la batalla. Los jugadores llevan un arma con una marcadora —hay distintos tipos, según el tipo de partida, de unos 7 minutos cada una, y una duración total del juego de una o dos horas— y una diadema receptora en la cabeza. A partir de ahí, entra en juego el trabajo en equipo, la sangre fría, la comunicación y astucia para abatir a los rivales.
Como escenario, hay 750 metros cuadrados repletos de obstáculos y escondrijos en los que refugiarse del láser ajeno, cual mosca que huye del insecticida. «Los decorados los montamos entre los dos, con la ayuda de nuestros padres: pintamos entera la nave, pedimos a conocidos palés y bidones, otro que tenía un coche parado nos lo regaló y lo convertimos en un vehículo policial...», explican los dueños de Titáns, donde trabajan siempre con reserva previa (los grupos han de ser un mínimo de 6 personas y un máximo de 14) y la alta demanda obliga a reservar con una antelación para el fin de semana de al menos 15 días.
Constatan Diego y Martín que la respuesta de la gente superó sus expectativas: «Estamos súper contentos. Viene gente de toda la comarca, incluso de Noia, Muros y otros sitios. Algunos ya han estado aquí seis o siete veces en el último año. Lo que más nos ha funcionado es el boca a boca y, lo que muchos aún no saben, es que también ofrecemos la posibilidad de llevar los equipos fuera y desarrollar la actividad en otro sitio, en una casa rural, parque o finca privada».