El Bosque Encantado, necesitado de mimos ante tanta afluencia de peregrinos y algunos eucaliptos
SANTIAGO
El tramo principal es su punto fuerte porque el trazado diseña suaves curvas y de repente aparece ante los ojos una recta
29 mar 2026 . Actualizado a las 05:05 h.Soledad. Ese es el sentimiento que inunda cuerpos y almas cuando se recorre el llamado Bosque Encantado. Sin duda, más de uno se extrañará, porque se impone aclarar simultáneamente que tal sentimiento solo aparece en ese lugar compostelano en los meses de invierno, y cuanto más duro sea el día, más soledad. Porque si se va ahora en primavera, verano o incluso otoño sucede justo lo contario: semeja encontrarse en medio de una marabunta. ¿Por qué? Porque los peregrinos que hacen el Camino Inglés recorren el Bosque Encantado de punta a punta, y fueron más de treinta mil el año pasado.
En efecto, puede resultar hasta incómodo (con la plaza del Obradoiro tan cerca suman legión los que van a paso de carga, ansiosos por llegar), pero no hay desorientación espacio-temporal, algo que se afirmó entre una lista de auténticas barbaridades que crece a causa de que las redes sociales carecen de límite ético y de cualquier otro estilo. Por ejemplo, y por añadir solo otra más, de una web que intenta ser festiva y al mismo tiempo seria se dice la tontería de que «se han reportado (sic) avistamientos de luces inexplicables, sonidos extraños, anomalías electromagnéticas y desorientación sensorial en algunas personas». No entra en la categoría de lo fácil encontrar quién da más.
El Bosque Encantado es, ante todo, un bosque autóctono. Es decir, abundancia de robles por todas partes, humedad, belleza, verde, marrón otoñal… Y cuando se buscó e investigó por dónde discurría el Camino Inglés se pensó que era una excelente alternativa a ir por la carretera, ya que se creía que el trazado medieval había quedado sepultado por el asfalto. En este caso, solo puede haber aplauso cerrado para quien tomó tal decisión.
La llegada al tramo principal es su punto fuerte, porque el trazado diseña unas suaves curvas y de repente aparece ante los ojos una recta. Es decir, se ve el bosque, se aprecia su tamaño. Además, en el medio de esa recta un acceso permite alcanzar a la parte trasera del hotel Castro, y ahí abre sus puertas una cafetería ciertamente escasa del encanto que derrocha el espacio natural, pero en la que muy raro es el peregrino que no para. Y muchos de ellos, además, aprovechan para hacerse una foto asomando la cabeza por la parte superior de un peregrino tradicional falso que es mero decorado.
Queda indicar cómo se alcanza. N-550 hacia Sigüeiro y una vez pasada Finsa, antes de un radar que todos los compostelanos tienen fichado, desvío a la izquierda al mencionado hotel. Siempre por la izquierda se llega a la cafetería y, por lo tanto, al Bosque Encantado al cual desde hace demasiado tiempo le falta la gran circunferencia blanca con una bruja en el medio que hizo que ese excelente entorno se conociese también como Bosque Embrujado. Aunque las pequeñas masas de eucaliptos que empiezan a aparecer en lo agujeros que deja el entramado de los carballos hace menguar el encanto que ahora tiene y que es mucho.